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Dos rosas cortadas del rosal antes de tiempo

Por Miguel Ángel Vicente
miércoles 19 de agosto de 2015, 03:59h
Miguel Ángel Vicente
Miguel Ángel Vicente

Remedando  a Miguel Hernández:

 Yo quisiera ser llorando el hortelano

de la tierra que ocupáis y estercoláis

 castellano manchegas del alma,

tan temprano.

Hoy no estoy ni tan siquiera para un tinto de verano, solo quiero y busco la soledad y el rincón recóndito donde llorar mi pena y destripar mi tristeza, por vuestra desgracia, por la injusticia de vuestra prematura muerte, por tener que dar la razón (dentro de la sinrazón) al dicho de Hobbes de que “el hombre es un lobo para el hombre”.

Un cruel y sobrecogedor serpenteo recorre mi cuerpo entero, desde la punta de los dedos de mis pies hasta el último pelo de mi cabeza, una vez conocida, (más bien confirmada, pues, aunque la esperanza siempre estuvo presente en la espera de un desenlace feliz, ese sexto sentido nos remitía al más espantoso y horrible final de la historia) de la muerte violenta, brutal, tormentosa, de las dos jóvenes conquenses, Marina Okarynska (nacida en Ucrania) y Laura del Hoyo, cuya desaparición, siete días antes de tan espeluznantes hechos, había inyectado el desasosiego y la inquietud a dos buenas familias, a toda una vecindad, a toda una ciudad y a toda España entera, preocupadas y alarmadas ante la falta de noticias de las dos jóvenes, en definitiva, a todos los hombres de bien, a todos los biennacidos, para quienes la vida es lo más sagrado que Dios ha conferido a la raza humana y a todo bicho viviente, sea animal o vegetal.

El trece de Agosto, corrió como la pólvora, la noticia que jamás quiso darse por medio de comunicación alguno, relativa al descubrimiento por parte de un particular que paseaba por allí, de los cadáveres de las dos muchachas, semienterrados y rociados con cal viva, junto a una poza del nacimiento del río Huécar, a dos kilómetros del municipio de Palomera (Cuenca), según informaron fuentes del Ministerio del Interior. Se cumplía, así, el más aterrador y trágico presagio de la suerte de las dos víctimas, la noticia que jamás quisimos esperar, pero que es la que es y ojalá pudiéramos dar marcha atrás al reloj y rebobinar estos ocho días y regresar a la luz de los ojos y a la dulce sonrisa de a quienes, de una forma tan pavorosa como escalofriante, les ha sido arrebatada la vida, rompiendo las ilusiones y los sueños de quienes tenían (24 y 26 años, respectivamente) toda la vida y el futuro por delante, llevándose, así mismo, por delante quien activó la espoleta para acabar con todo ello, también la felicidad de dos familias que, esperanzadamente, albergaban en su interior la conclusión  feliz de esta pesadilla. Y es que, si desde los primeros momentos se anhelaba la esperanza de que el final de esta odisea, de esta macabra y diabólica aventura, acabara feliz y alegremente para todos, desde los albores de la constancia de esta desaparición, en nuestro fuero interno, sin querer reconocerlo, ni decirlo, ni pensarlo, en lo más íntimo de nuestro ser, se barajaba este fatal desenlace, que deja marcadas, de por vida a las dos familias a quienes pertenecían las víctimas, así como a todo un pueblo, Cuenca, y por extensión a España entera, que no podrán olvidar jamás, cómo un ser humano, un ser racional, pudo hacer uso de su voluntad para segar la vida de dos mujeres en la plenitud de su existencia, comportándose irracionalmente como una bestia. Pues espeluzna pensar el “modus operandi” de tan macabro ser y, sobre todo, en lo que tuvieron que pasar esas dos pobres chicas en manos de este asesino, en el ínterin en que cometía este estremecedor, horripilante y escalofriante asesinato. No es posible, por mucho que queramos, saber, en esos minutos interminables, eternos, lo que pasaron las víctimas hasta dejar de existir, lo que sería, aunque parezca sarcástico y contradictorio, un alivio para las mismas.

Lamentablemente, en este tira y afloja, en esta contienda sobre el bien y el mal, ha triunfado, una vez más, éste, y ha dejado su huella, implacable y para la eternidad, sobre la humanidad entera, pero especial y desgraciadamente más, para los padres de las muchachas, para sus familiares en general y para sus amigos y convecinos..... Vuelvo a insistir, estremece pensar en los instantes terribles, enloquecidos, feroces, en los momentos terroríficos y espantosos, que debieron soportar y por los que debieron pasar esos dos ángeles, por lo que debieron transitar esas dos almas inocentes, jóvenes, con toda una vida por delante. Estremece pensarlo, cuanto más el vivirlo, ese instante en que poco a poco, con un enorme sufrimiento, con un tremendo padecimiento, con una mortal e indescifrable angustia e impotencia, se debieron ir apagando las esperanzas de salir airosas de ese trance, de escapar de las garras del ogro, de la bestia fiera e intolerante que desparramó sobre sus bellos cuerpos toda la ira, toda la maldad de que es capaz de ser portador el hombre, cuando deja de ser hombre y se convierte, no en un animal, que los animales no obran así, sino en un demonio, en un diablo, en un poseso, en un Lucífer, expandiendo las llamas del infierno sobre sus víctimas, y arrebatándoles la vida.

Y ahí está la gracia del desgraciado, cortando de cuajo la vida de dos seres inocentes apegados a la vida que llevaban digna y felizmente. Y, ahora, ¿qué? Se desplegará sobre el presunto asesino una enciclopedia de derechos y se le protegerá para que no caiga en manos de quienes seguramente, y con razón, le harían otro tanto como él ha hecho. Y empezará una nueva pesadilla, un nuevo calvario para las familias afectadas con el juicio correspondiente y, posiblemente, con la laxitud de la justicia, se buscarán atenuantes, eximentes, incluso, para, al final, intentar reinsertar a la fiera. ¿Y las dos jóvenes, que ya yacen bajo tierra?.

Estremece también el hecho de que apenas descubiertos los cadáveres de las dos víctimas, la Presidenta del Observatorio de Violencia Doméstica del Consejo General del Poder Judicial, María Ángeles Carmona, se apresurase, según manifestó a Efe, a desvincular el asesinato de la joven conquense Laura del Hoyo Chamón, de la consideración como un crimen de violencia machista, intentado escamotear un número a la cifra que llevamos en este año, que asciende a 31, y como si ese asesinato adoleciera de menor importancia que el cometido sobre su amiga Marina Okarynska. Y es que, los políticos, estarían, casi siempre, mejor calladitos. Mientras, el sentimiento de la madre de Laura del Hoyo (como el de un buen número de biennacidos), lo plasmó en el tanatorio donde se encontraban los cadáveres de las desafortunadas jóvenes: “Quiero ver al asesino colgado de un pino, en la hoguera, y no en la cárcel, comiendo y bebiendo”, y no por ello y según la nueva tendencia marcada por el Obispo de Roma, Francisco I, dejaría de estar dentro de la comunión de la Iglesia Católica. Y es que no hay, no puede haber, perdón para el autor de tan monstruoso suceso.

Maldita sea la mano de quien ha sido capaz de sembrar la zozobra, el desconsuelo y la amargura a tanta gente de bien, quitando la vida a dos seres humanos.

Descansen en paz Marina y Laura.

MIGUEL ANGEL VICENTE MARTINEZ

19 DE AGOSTO DE 2.015

 

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