Insisto

Miércoles, 09 Agosto 2017 01:46   Miguel Ángel Vicente Opinion
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Tómese esta insistencia como una llamada, más bien un S.O.S., no sólo al pueblo de Albacete, sino también y principalmente, a esas autoridades que, cuando pintan bastos o surgen problemas poco simpáticos en su resolución, haciendo dejación de sus deberes y obligaciones, o sea, de las funciones que por ley les son inherentes a sus respectivos cargos, se esconden, como los caracoles, en su caparazón, o como los avestruces, su cabeza bajo el ala, dejando a la ciudadanía en general al pairo, inerme, a los pies de los caballos y en manos de la morralla, de los vándalos , de los porreros, de los vagos y maleantes, que pueblan la ciudad, y que no son pocos ni muchos, sino que son los que son y van en aumento ante la pasividad, la dejadez, la incuria, la indolencia y, por qué no decirlo, el miedo que les embarga ante ciertos retos y medidas a adoptar, que parece provocarles una cagalera que no se sujeta ni con Fontanec, Salvacolina, ni con ningún otro de esos productos farmacéuticos dirigidos a cortar en seco el chorro que por la retaguardia acaba escapándose como un río de lava.

Y es que, parece que no todos o acaso ninguno de los que se asientan en la alta esfera de la “Autoridad competente”, al menos por lo que yo aprecio en el día a día, se encuentra a la altura de las circunstancias, de esas circunstancias que rodean los cargos públicos y más cuando han de responder ante la ciudadanía, porque de su buen ejercicio se derivará una muy buena respuesta y base para el bienestar de los ciudadanos, y caso contrario, no harán sino cabrear al personal y dejarle impotente ante la dictadura que marquen los desaprensivos que, por su propia naturaleza, ni están contentos consigo mismos y tratan de trasvasar su malestar y malaleche, su calvario de vivir, a la generalidad de la población que no hace sino cumplir con los mandamientos de la ley natural, de la ley humana, de la ley social y también, en algunos casos, de la ley de Dios.

He de insistir, una vez más, en la imagen tercermundista, barriobajera, miserable, ordinaria y soez, que es, a la postre, la que se llevan de nuestra Ciudad esos pocos personajes que osan poner los pies en nuestras calles y que llamamos turistas que, desde luego no nos van a plantear los problemas que se están alumbrando en otras ciudades más turísticas, por su propia naturaleza, como son, entre otras muchas, Barcelona, Ibiza o Mallorca, lamentablemente, porque ya sabemos que el turismo es una de esas cosas que conlleva, por lo general, riqueza al lugar donde se asienta. Pues eso, esa imagen deplorable es la que se llevarán esos pocos turistas que tengan el valor de visitarnos y que quizás no repitan, al comprobar, cómo se las gastan las autoridades albaceteñas, incapaces de cuidar y mimar lo poco que pueda ser objeto de ser exhibido a los ojos de esos visitantes, entre ello, la Plaza Virgen de los Llanos, es decir, la Plaza dedicada a la Patrona, por antonomasia, de la ciudad de Albacete, ubicada junto a la Catedral, que es visita obligada de esos que llamamos turistas, individualmente o en grupo, como sucede con los viajes en autobús que organizan los Gobiernos Regionales en pro de sus jubilados. El tuerto, dicen, que es el rey en el país de los ciegos, y aquí, en nuestra Ciudad, es posible que los lugareños ya nos hayamos acostumbrados a esa imagen de miseria y de Bronx Manchego en que se ha convertido la meritada Plaza y que pasemos por ella y que, incluso, nos parezca bonita y atractiva y, en el colmo de los colmos, nos sintamos orgullosos de la misma, pues bien es cierto que todavía se halla vigente y pudiera haber sido rodada hoy sin ir más lejos, la famosa película interpretada por el tarazonero, José Isbert, bajo el título “Bienvenido Mr.Marshall”, y que nos creamos tan simpáticos que todo el mundo nos va a perdonar y a comprender nuestras miserias y bajezas. Pero no, no es el caso, hoy ya empieza el pueblo a despertar y empieza el mismo a distinguir entre lo bello y lo feo, entre lo bueno y lo malo, entre lo posible y lo imposible, y aquí y ahora, bien pareciera que nuestras Autoridades hayan llegado a la conclusión de su incapacidad para hacer de la Plaza Virgen de los Llanos el centro de devoción y admiración que debemos sentir ante Nuestra Patrona y Señora, evitando no ofender su dignidad y la dignidad de las gentes de bien que, pese a todo, aún confía en que esa Autoridad de una puñetera vez se arremangue y se ponga a trabajar en pro y beneficio de la Ciudad que todos los albaceteños desean tener y que los comentarios positivos y favorables sobre la misma alcancen tal volumen que acaben acallando el dicho que tradicionalmente se ha consagrado respecto de nuestra Ciudad y que no es otro que aquél que proclama “Albacete, cágate y vete”. Pero a lo que parece, a esas nuestras dichas Autoridades y cuando me refiero y nombro Autoridades en general, me estoy refiriendo a las de todo orden, clase y condición, léanse municipales, eclesiásticas y policiales, por decir las principales que deben preservar el orden y la convivencia en la Ciudad, así como otras arropadas bajo Asociaciones, entre la principal, por lo que le concierne y por constituir uno de sus principales objetivos, cual es velar por la imagen de Nuestra Patrona, o sea, la “Real Asociación Virgen de los Llanos”, pues a la vista está que, o bien por no querer, o bien por no poder, o por ambas cosas a la vez, han abdicado de sus funciones, en una dejación de las mismas vergonzosa y vergonzante, entregando las llaves de la citada Plaza a la inmundicia que hoy por hoy la puebla, a su antojo y libérrima voluntad, sin que se mueva un dedo para acabar con los porreros, los vándalos, los grafiteros, los monopatinadores y demás gentuza de todo orden y condición que han hecho de la mencionada Plaza su campo de tiro, jodiendo, pura y llanamente, a la vecindad de la misma y calles aledañas, a las personas que acuden con más o menos regularidad a la Catedral, para orar o asistir a los actos religiosos que en la misma se llevan a cabo, y a esos turistas a que nos hemos referido que deben llevarse un recuerdo de por aquí “nunca, jamás”, me verán.

Por otra parte, si todas estas autoridades son incapaces de preservar el orden, la limpieza (no olvidemos que en la Plaza se hace de “tó”, y que está convertida en un estercolero, aunque de vez, en vez, se haga pasar la manguera) y la decencia en dicha Plaza, en pro de los vecinos, de los albaceteños en general y de los forasteros que nos visitan, más vale que hicieran mutis por el foro y dejen al frente de las instituciones a personas válidas, valientes, trabajadoras y cumplidoras con sus deberes y obligaciones, que para eso los mantenemos con nuestros impuestos, y que toda esa tropa de haraganes, gandules, ineptos, incapaces, cobardes, acostumbrados a la lisonja, adulación, alabanza, halago, elogio, aplauso, coba, incienso y jabón, hueros, vacíos, indebidos e inmerecidos, vaya desfilando, como he dicho anteriormente, haciendo mutis por el foro. Pero ya puse de manifiesto en el artículo anterior, que ese lameculismo, (sin solución de continuidad), ese pasotismo, ese dontancredismo, que han hecho mella en nuestras Autoridades, convirtiéndolas en marionetas que bailan al son que tocan los asociales y los vándalos, queda patente comparando la reacción de la Vila-Real castellonense, con el Obispo de la Diócesis Segorbe-Castellón al frente, Don Casimiro López Llorente, rebelándose contra el sacrilegio que supuso el robo de un copón de la Iglesia de Sant Pasqual, con la absoluta ninguna reacción que el robo de la corona (y en su día, lo fue de la media luna que la adornaba) de la imagen de mármol de Nuestra Patrona que preside su Plaza, pasando de dicho sacrilegio y, al parecer, dándolo por bueno, pues dicha corona, cuya ausencia pronto llegará al año, ni se ha repuesto ni parece que haya voluntad de reponerla, dejando dicha imagen en una indigna representación de lo que debe ser Nuestra Patrona y Señora y Madre de todos los hombres.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

9 de agosto de 2017