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Mentir como bellacos

Miércoles, 13 Septiembre 2017 00:15   Miguel Ángel Vicente Opinion
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Según el diccionario de Uso del Español, de María Moliner, el verbo mentir significa “decir cosas que no son verdad, para engañar” o “engañar a alguien una cosa haciéndole creer en la existencia de algo que no existe en la realidad”. Como se ve el énfasis de estas definiciones descansan fundamentalmente, en el ánimo de “engañar”, que según el mismo diccionario, significa “hacer creer a alguien con palabras o de cualquier manera una cosa que no es verdad”; y “bellaco”, según el propio Diccionario, es definido como “granuja”, significando este último término, siempre según el Diccionario mentado, “persona que, por hábito, engaña, comete fraudes, etc.”.

Pues bien, en toda democracia que se precie de serlo, verdadera y auténtica, donde los tres poderes que sirven de base y fundamento a la misma, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, mantienen una exquisita y real independencia, la mentira de los representantes políticos, elegidos en las urnas por los ciudadanos, se suele pagar, o sea, más bien y a ciencia cierta, se paga, sí o sí, con la dimisión del mentiroso y la exigencia de responsabilidades al mismo, sea por la vía civil o, incluso, por la penal, caso de proceder. Ejemplos de ello hay, no por un tubo, que ya se guardan muy bien los concernidos de no incurrir en la vía mentirosa, en los países en los que, de verdad y sin excepción o límite, existe esa verdadera y auténtica democracia, léanse, los United States of América, o el Reino Unido, verdaderos baluartes de lo que es una democracia con todas las de la ley.

Mas, en democracias virtuales, formales, existentes en la letra de sus Constituciones, pero inexistentes en la realidad pura y dura, esas democracias de papel que han venido en llamarse “democracias bolivarianas o bananeras”, por su origen en la América Latina, en las que la independencia de esos tres Poderes del Estado brilla por su ausencia y en las que, en realidad, quedan reducidos a un sólo Poder, el Ejecutivo, que se arroga bajo su sombra y dicterio, el poder, valga la redundancia, de los otros dos Poderes, al estar éstos sometidos al primero, no dejan de ser, en definitiva, un engaño a la ciudadanía, a la cual se hace creer que vive en un Estado Democrático, de Derecho y de Bienestar Social, porque a la misma se le dispensan unas cuantas migajas, de vez en vez, de las que caen al suelo desde la mesa del rico Epulón, encarnado por los mandamases, los jerifaltes, que gobiernan dictatorialmente al pueblo, aunque sibilinamente bajo maneras democráticas, al se someten a todo tipo de vejaciones y patrañas, en aras de lo que denominan los “derechos Humanos”, convirtiendo a esa ciudadanía, a la que se le priva y secuestra, generalmente, del intelecto y de la voluntad, en una masa de carne con ojos dispuesta a tragar carros y carretas, ruedas de molino y cualquier otro disparatado objeto que, por regla general, en condiciones normales, no cabrían por las fauces ciudadanas. Y a ello tienden, irremisible, irremediable e indefectiblemente, las políticas emanadas de esos altos órganos e instituciones del Estado, Autonomías, Provincias y Municipios, sobre los que se ha creado una tela de araña y que son, por tanto, instrumento para abonar el terreno y allanar los caminos a quienes desde la Jerarquía más alta llevan la gobernanza (es un decir), porque más bien deberíamos hablar de desgobernanza, que se hallan encantados de haberse conocido y que se apoderan no sólo de los bienes de los ciudadanos, via impuestos confiscatorios, expropiatorios y abusivos,  sino, incluso, a veces, de su propia vida, porque qué les importan a ellos los ciudadanos, mientras puedan seguir gozando de las canonjías, de las prebendas, privilegios y bicocas por doquier y a mayor gloria de los dirigentes, como, por ejemplo, gozar de una alta protección, vía guardaespaldas por los cuatro puntos cardinales, y desplazarse en coches blindados, mientras a los ciudadanos les instan a desplazarse en bicicleta o en el coche de San Fernando, unas veces a pie y otras andando, con la agravante de que todo ese sistema protectoral lo pagamos éstos últimos.

Pero, aquí y ahora, en este país, aún hoy, a duras penas, llamado España, la oligarquía gobernante, en cualquier estrato, sedimento, franja o ubicación, se frota las manos y los ojos, ante un pueblo que cada más se rebela contra el que cantara nuestro inmortal poeta Miguel Hernández, en su poema “Vientos del Pueblo me llevan”: “No soy de un pueblo de bueyes,/  que soy de un pueblo que embargan/ yacimientos de leones,/ desfiladeros de águilas/ y cordilleras de toros/ con el orgullo en el asta./ Nunca medraron los bueyes/ en los páramos de España.../yugos os quieren poner/ gentes de la hierba mala,/ yugos que habéis de dejar/ rotos sobre sus espaldas...”. Pues, pareciera que queramos dar pábulo a todo eso que Miguel decía no serlo del pueblo de España, pues, moros y cristianos, decimos “amén” a todo lo que salga por la boca del preboste mandamás, que sólo piensa en su bienestar y salud y al pueblo que le den por la retambufa. Así estamos, lamentablemente, y no sólo ya a nivel local (¿España?), sino también a nivel Europeo o “Uropeo”, como “prenuncian” este tajo de gobernantes, ineptos, incultos y zafios, que nos hemos echado a las espaldas, buenos yugos a que se refiriera nuestro compatriota oriolano, Miguel Hernández.

Dejando de lado, la delictiva amnistía fiscal, que pergeñó nuestro Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, con el respaldo de todo el Gobierno de España, que como ya en más de una ocasión, la equiparo (y no yo, también el Tribunal Constitucional, sobreentendidamente) a uno de los tres puntos más negros que nuestra mal llamada democracia, de pacotilla, bolivariana y bananera, a saber, el intento de golpe de Estado del 23-F, el terrorismo de Estado de los GAL, y esta ilegal, anticonstitucional, amnistía fiscal, con la agravante de que sus urdidores (a fin de beneficiar a paniaguados y conmilitones) siguen en sus puestos de gobierno, pasándose por el arco del triunfo la Sentencia del Constitucional, lo que no deja de sorprender, cuando, ahora, cargados o (¿cagados?) de razones y sinrazones, con un prurito de machitos integrales, reiteran cotidianamente al Molt Honorable President de la Generalitat Catalana, Carles Puigdemont y a la Presidenta de la Mesa de dicho Parlament, Carme Forcadell, que desoyen las sentencias del Constitucional sobre el proceso de desconexión. O sea, haz lo que yo te diga, pero no lo que yo haga. Lo cual supone una total desligitimidad por parte de este Gobierno de España, sustentando por un partido, el Partido Popular, que está enfangado de corrupción más allá de las cejas. Con estos mimbres tan chirriantes y devastadores no se puede seguir gobernando, ni un minuto más, este País, repito, aún hoy, a duras penas, llamado España.

Y por si faltara más aceite para engrasar la felonía de un Gobierno fuera de la Ley por sus actos, ahí tenemos la última (que no lo será desgraciadamente para este país y sus ciudadanos), cual es el anuncio hecho por el Gobernador del Banco de España, Luis María Linde, en un informe que revela que el Estado solo recuperará 14.275 millones de euros de los 54.353 millones del llamado rescate bancario, al que si sumamos unas partidas que andan por ahí sueltas, bien podríamos llegar, sumando la factura del riesgo contraido en el llamado “banco malo” “Sareb” (otros 40.000 millones de euros del ala), nos acercaríamos, si es que no sobrepasamos, los 100.000 millones de euros que vamos a tener que reintegrar, o sea pagar, sin haberlo comido ni bebido, los 47 millones de españolitos, de esos que, según otro inmortal poeta, Antonio Machado, “venimos al mundo, y nos guarde Dios”, ¡y tanto que nos haya de guardar Dios! ¡Y la Macarena, la Virgen en todas sus denominaciones y advocaciones y Todos los Santos!, porque esto es traca y palabras mayores. Y ahí están, en las hemerotecas, las multitudinarias comparecencias de nuestros miembros del Gobierno de listos del PP, que hay que reseñarlo, del PP, o sea, del Partido Popular, propalando, como en Fuenteovejuna, todos a una, que ese rescate, que como tal se negaban a nombrar, nos iba a costar a los ciudadanos “cero patatero”. El primero, el aún Ministro de Economía, Luis de Guindos, en declaraciones hechas el 12 de Junio de 2.012: “Las ayudas no suponen ningún coste para la sociedad, sino todo lo contrario”, o sea, que aventuraba incluso beneficios para la sociedad, ¡menudo ojo para echar lluecas! (¿y este sujeto es el que se postula para vicepresidir el BCE?. ¡Que Dios nos pille confesados y Santa Lucia nos guíe y alumbre el camino! ¿No tuvimos ya bastante con Rodrigo Rato?)”. Y en este mismo sentido, nuestro aún Presidente del Gobierno, Don Mariano Rajoy Brey, la Vicepresidenta del mismo, Doña Soraya Sáenz de Santamaría, y un largo etcétera de adláteres, acólitos, corifeos, paniaguados y mamandurrieros, mintiendo como bellacos y engañando al pueblo español y sin que estas mentiras, graves y con el fin clamoroso de engañar, vayan a tener consecuencias algunas. Pero ya hemos dicho, que en este país, aún hoy, a duras penas, llamado España, gozamos de una democracia de pacotilla, bolivariana y bananera, pues con todo lo que ha llovido y sigue y seguirá lloviendo sobre un Partido Popular, enfangado de corrupción más allá de las cejas, y ahí tenemos el último informe de la UCO, que señala claramente a Alfonso Grau como “cobrador” de la “caja B” de la malhadada Rita Barberá, nos sigue gobernando, y mientras, nuestro, aún, Presidente del Gobierno de España, Don Mariano Rajoy Brey, sigue negando la mayor, con el aditamento de esa declaración bochornosa y lamentable y execrable, ante el Tribunal de la Audiencia Nacional que juzga la parte del caso “Gürtel”, el pasado 26 de Julio, lo que demuestra que este país no tiene remedio.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

                   13 de septiembre de 2017

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