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Y el verbo se hizo carne

Miércoles, 01 Noviembre 2017 07:22   Miguel Ángel Vicente Opinion
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Ya se ha conseguido, ya lo ha conseguido nuestro inefable Presidente del Gobierno de España, Don Mariano Rajoy Brey, cual entrar a saco en las instituciones de la Autonomía Catalana, deseo que albergaba, al parecer, desde hace tiempo, y sobre todo descabalgar de la Presidencia de la Generalitat a Carles Puigdemont, así como a todo su Govern, es decir, a todos los Consellers que conformaban aquél, pero, una vez más, se le ha visto el plumero, al haber puesto por delante, como casi siempre, si no siempre, a una de sus mujeres en el Gobierno, y ha decidido poner como Molt Honorable President de la Generalitat a su mano derecha, la Vicepresidenta del Gobierno de España Soraya Sáenz de Santamaría, en un intento de dinamitar el proceso independentista y tratar de que las aguas vuelvan a su cauce, o sea, al cauce que interesa al Partido Popular.

Y hay que advertir, en este rifirrafe que se trajeron entre si Puigdemont y el Senado de España, en orden a si voy o no voy a éste o si dejo de ir, aunque anunciara anteriormente que iría, que la declinación de su asistencia no tiene otro sentido que evitar meterse en la boca del lobo, en territorio totalmente enemigo y contrario al mismo, donde ya se afilaban los cuchillos (hablando en términos eufemísticos) para hacerle morder el polvo y, en definitiva, hacerle objeto de una humillación, no sólo a su persona, sino en su persona a todo el movimiento independentista, por lo que su negativa definitiva a inmolarse en el altar de la Cámara Alta del Estado Español, no era sino, más bien, una obligación, pues allí, encerrado y ante la supermayoría absoluta de que dispone el Partido Popular en dicha cámara, más el apoyo del PSOE y Ciudadanos, hubiera tenido que aguantar sobre su cabeza rayos y truenos y haber salido escarnecido por quienes le aguardaban para despellejarle y, como no podía ser de otra manera, haber salido escaldado porque, en modo alguno, iba a ser productiva para el mismo y su movimiento obtener siquiera una cita para el diálogo que tanto ha esperado le hubiera sido ofrecido por el Presidente Mariano Rajoy.

En cualquier caso, hay que reconocer que este proceso no ha sido la idea o el complot de cuatro gatos que han perdido la chaveta, antes al contrario, hay que reconocer, fría y objetivamente, que el mismo goza de las simpatías de, al menos, dos millones y medio de ciudadanos, si no superan los tres, por lo que se trata de un asunto muy serio y no puede ser tratado con el desprecio con que ha sido tratado por el Gobierno de España, especialmente por el Presidente de éste, Don Mariano Rajoy Brey, y la prueba del algodón de que no estamos ante ese sueño de cuatro locos, es que el famoso referéndum, que bajo ningún concepto se iba a celebrar, según reiteraban pomposamente tanto el Presidente del Gobierno de España y su Vicepresidenta, así como todos los Ministros del mismo, el día Uno de Octubre (1-O) y pese al empeño en que se puso por su parte, se celebró, de aquella manera, precisamente por las trabas puestas en marcha por dicho Gobierno, incluido todo el empleo de Seguridad del Estado, que no procede, aquí y ahora, volver a poner de manifiesto y que pusieron en alerta no sólo a nuestros socios de la Unión Europea, sino de otros muchos países que asistieron horrorizados ante los medios y las maneras puestos en función para reprimir y evitar el citado Referéndum, el cual pese a quien pese, se llevó a cabo, y ha desencadenado los hechos acaecidos en los últimos días y horas.

Y es que, en el fondo del asunto y como premisa casi necesaria para que se desencadenaran dichos hechos, ha sido la negativa con una cerrazón en banda a dialogar del Sr. Don Mariano Rajoy Brey, que desde el principio de los tiempos se decantó, como en toda su acción política, por el inmovilismo, habiéndole faltado cintura y mano izquierda (aunque ésta es más difícil exigírsela por motivos que no son del caso analizar ahora) y, en no pocas etapas poniéndose de perfil y haciendo oídos sordos al asunto Catalán, que, como un clamor en los últimos tiempos ya irrefrenable era hacer descarrilar a un tren que ya había puesto la directa hacia la independencia. Falló, estrepitosamente nuestro Presidente en negarse en redondo a permitir un referéndum pactado, dentro de la legalidad, no sólo ahora, sino la consulta que en el año 2.014 se llevó a cabo por el entonces President de la Generalitat, Artur Mas, ahora perseguido por el Tribunal de Cuentas que le exige el pago de una fianza o multa de cinco millones doscientos mil euros por organizar aquella consulta, que era consultiva y en modo alguno vinculante, en un movimiento impropio de este Tribunal, que, normalmente, duerme el sueño de los justos.

Y ante esta situación, recordar, una vez más, los oídos sordos de ese macroestado llamado Unión Europea, al problema planteado en España por el Govern de la Generalitat, lo que pone de manifiesto que dicha Unión es un mastodonte que en no pocas ocasiones se dedica a sestear y a llamarse andana en asuntos que tienen un alcance más allá de una región o de un Estado, pero ya sabemos que la mayoría de los dirigentes europeos se dedican al postureo y a las infinitas reuniones en las que parecen más bien dedicarse al buen beber y al mejor yantar, que a resolver asuntos que interesan al conjunto de los ciudadanos.

En fin, ahí tenemos a la Molt Honorable President de la nueva Generalitat, Soraya Sáenz de Santamaría, arengando a sus hordas: “tenemos que rescatar a Cataluña”. ¡ Cuánto le hubiera gustado presentarse encaramada a un tanque en la Plaza de Sant Jaume! Tienen razón el diputado de “Catalunya si que es pot”, Coscullela, de que el Estado Español ha fallado de una manera clamorosa al negarse a bendecir un Referéndum pactado, así como el líder del PSC, Miquel Iceta, de que la negativa del Presidente Mariano Rajoy a dialogar y a buscar una solución pactada que contentase a todas las partes en liza, ha desencadenado el estado de cosas en que nos encontramos. Por otra parte, también conviene recordar que el Estado Español declinó la última alternativa de Puigdemont de convocar elecciones anticipadas en Cataluña, previa liberación de los conocidos como “los Jordis” (Sánchez y Cuixart, presidentes de los movimientos  ANC y Omniun Cultural) y garantías de no encausar a nadie más, por considerarlo un chantaje y porque el Ejecutivo respeta escrupulosamente la separación de poderes y reconoce la independencia del Poder Judicial, sin reparar en que no hace mucho, el Convenio del Gobierno de  Juan Manuel Santos, de Colombia, con las FARC (cientos de asesinatos por medio) fue jaleado como un logro sin precedentes y parangón (y que le llevó al Presidente Colombiano a ser galardonado con el Premio Nobel de la Paz) y que aquí en España fue aplaudido hasta con las orejas por nuestros mandamases, hasta el punto de que a la fiesta celebrada en loor de tal logro, asistieron, entre otros, nuestro ex–presidente del Gobierno, Felipe González, y nuestro Rey Emérito, Don Juan Carlos I, teniendo en cuenta que el pacto incluía la amnistía para la guerrilla e, incluso, el poner a sus cabezas de serie en las poltronas de la Asamblea Legislativa, sin pasar por las urnas. O sea, más intromisión de un Ejecutivo en el Poder Judicial imposible, que se consideró poco menos que la consecución del la cuadratura del círculo. No era tanto lo que pedía a cambio Puigdemont y nos hubiéramos ahorrado este espectáculo de ocupar, aunque sea en base a un artículo constitucional, la Autonomía Catalana, echando al traste su autogobierno. Pero, en fin, el problema seguirá candente  y es posible que no se resuelva con los nuevos comicios anunciados, tanto si ganan los partidos llamados constitucionalistas, como si las ganan los independentistas.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

                     1 de noviembre de 2.017

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