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Hacienda no somos todos

Por Miguel Ángel Vicente
martes 19 de enero de 2016, 23:24h
Miguel Ángel Vicente
Miguel Ángel Vicente

Después de décadas planeando sobre nuestras cabezas, como una Espada de Damocles, el lema o eslogan de que “Hacienda somos todos”, ahora, a la vejez viruelas, y tras siendo obligados los ciudadanos a comprometer, incluso, el alma, con la Agencia Tributaria, a la manera como se hace con el diablo, ahora resulta que mi gozo en un pozo, y una Abogada del Estado, concretamente la Abogada del Estado-Jefe de Baleares, Doña María-Dolores Ripoll, nos ha hecho caer de bruces del caballo, tal como le ocurriera a San Pablo, camino de Damasco, cuando se dirigía a laminar a los primeros cristianos seguidores del Mesías resucitado, y como quien no quiere la cosa y ni corta ni perezosa, que para eso es Abogada y, además, del selecto cuerpo de Abogados del Estado, nos ha revelado la verdad como si de una nueva evangelista se tratara, en un a modo de “el Evangelio, según Ripoll” y ha dado con la piedra filosofal y nos ha aliviado el alma y yo diría que casi el bolsillo, al interpretar que aquel eslogan, en realidad, no ocultaba sino una mera publicidad, en este caso, al parecer, engañosa, y que eso de que “Hacienda somos todos”, nada de nada, nasti de plasti, que se dice en castizo, y que el hobby de desviar de las arcas del Estado algunos milloncejos de euros no afecta a la colectividad exprimida para allegar  fondos a la Caja Pública de Caudales, con el sudor de la frente y, a veces, con lágrimas y sangre, y que, en definitiva, se trata de una simple distracción que afecta sólo a la Hacienda Pública, como tal entelequia, y a los demás ciudadanos, cumplidores, o casi cumplidores, que les den morcilla o por la retambufa, que no tienen vela en este entierro y que sigan pagando, aunque sea mediante extorsión o confiscación, que para eso son ciudadanos de a pie, y aquí a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. Esta revelación, casi divina, sólo puede compararse a aquella otra, también de órdago a los pares y a la grande, que nos ofreció la entonces Ministra de Cultura del Gobierno de José-Luis Rodríguez Zapatero, Carmen Calvo, para quien el “dinero público, no era de nadie”, ambas en el mismo sentido de ningunear a los ciudadanos en general y de tomarles por el pito del sereno, cuando no, de hacerles tragar ruedas de molino o carros y carretas, que tanto da, da tanto, lo diga Dolores o lo diga la Calvo, y en esas estamos, totalmente desmoralizados y poco menos que a punto del suicidio colectivo, pues bien es cierto que tanto la Abogada-Jefe, como la ex Ministra, nos han hecho caer del guindo y de la felicidad suprema, pues siempre se había pensado (mal pensados que somos los ciudadanos de a pie) que el dinero que absorbían las terribles terminales recaudatorias, sean del Estado, de las Autonomías, de los Municipio o de las Diputaciones, pasaban a ser propiedad del colectivo integrado por todos los ciudadanos y su fundamento y objeto último lo constituían el sufragar los mastodónticos cuerpos de la Administración Pública en general, amén de subvenir a los servicios públicos y sociales por el bien común y el interés general del pueblo español- Pero, hete aquí, lo equivocados que estábamos, y ahí quedaba toda esa masa dineraria para goce y disfrute de unos pocos paniaguados, trapaceros y truhanes,   capaces de pasar por encima de los cadáveres de los menesterosos obligados a pagar, sí o sí, hasta que la muerte les redima de esta esclavitud y puedan, entonces, descansar en paz y, aún así, largo me lo fiáis, como dijera Don Juan Tenorio a Doña Inés, pues, ni aun muertos, quedamos libres de la sospecha y de la obligación de tributar.

Bien es cierto que la razón o fundamento de estas dos grandes revelaciones, tiene un origen distinto, aunque no distante. Y así, si la proclama o mandamiento de Doña Carmen Calvo, tendía a exonerar de responsabilidad a los chorizos de su partido (el PSOE), con Roldán a la cabeza, (sí, aquél Director General de la Guardia Civil o Benemérita, que se llevaba del Ministerio millones, entonces de pesetas, a espuertas, sólo que en maletines, ya que usaba traje y corbata), aunque parece que hizo escuela y se ha venido aplicando hasta la fecha y lo que te rondaré morena, la de la Sra. Abogada del Estado-Jefe, lo ha sido para intentar exonerar de toda clase de culpa y responsabilidad a la Infanta Cristina de Borbón, hija del abdicado Rey Don Juan-Carlos I, derivadas del caso Nóos, en el que está metida, aunque lo nieguen, junto con su esposo Iñaki Urdangarín y otros, hasta las cejas, pero ya sabemos que en un Estado de Deshecho, como es en estos momentos nuestro país, y no de Derecho, como proclama la Constitución Española, en el que cualquier Institución se prostituye con tal de servir a su señor y en el que la separación de poderes, base y fundamento de ese Estado de Derecho, a saber, la independencia entre los tres poderes del Estado, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, se hallan mezclados como en una ensalada se mezclan los tomates, con los pepinos, las cebollas, las zanahorias, las lechugas y cualquiera otra hortaliza ó  elemento que queramos adosarle, dejando esa separación y correlativa independencia en agua de borrajas, en una entelequia, en una desiderátum que sólo comparece en la letra pero no en la realidad, y, así, de esta manera, el Ejecutivo, antes, y ahora en funciones, presidido por el Sr. Don Mariano Rajoy Brey, está moviendo el cielo y la tierra, metiéndose donde no le llaman dueñas, con la finalidad de que el honor de la Infanta salga impoluto de este trance, y así, como en Fuenteovejuna, todos a una, Fiscalía Anticorrupción, Abogacía del Estado y la propia Agencia Tributaria, y más instituciones porque no tienen vela en este entierro, se han conjurado para lograr que nuestra Infanta de España, en la línea de sucesión al trono de España (mal que le pese a su hermano el actual Rey Don Felipe VI, que le inquiere y exige la renuncia a los derechos sucesorios en los que se encuentra en el 6º lugar), salga indemne, o como vaticinara el propio Presidente del Gobierno, metiéndose en camisa de once varas, donde  no le llaman ni le correspondía, “le vaya bien”.

Desde luego, esta nueva revelación ha caído como un mazazo entre la ciudadanía, y sólo es comparable a la desilusión, que padecimos cuando nuestros padres nos revelaron quiénes eran en realidad los Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar, los auténticos, y no esos payasos que se han sacado de la manga la Alcaldesa de Madrid, Doña Manuela Carmena (que yo creo que está para retirarla a un asilo o residencia de ancianos) o el honorable President de la Generalitat Valenciana, Ximó Puig, o sea, ni payasos ni payasas, sino que dichos Reyes, en realidad, eran nuestros propios padres, cayéndosenos, poco menos, que el cielo a los pies. Pues en esas estamos, esperando que la fruta madure y caiga por sí misma del árbol. Y por contribuir un poco a todo este batiburrillo, yo sigo creyendo que Hacienda somos todos, sólo que unos para pagar y otros para robar. Tampoco quedaría mal el eslogan que dijera que “Hacienda ahoga a todos”. O que “Hacienda somos todos, menos la Infanta”.

MIGUEL-ÁNGEL VICENTE MARTÍNEZ

    20 de enero de 2016

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