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La gran espantada

Por Miguel Ángel Vicente
miércoles 27 de enero de 2016, 00:00h
Miguel Ángel Vicente
Miguel Ángel Vicente

Esta pasada semana, nuestro monarca, el Rey de España, Don Felipe VI, ha tenido unos ajetreados días, quizás una de las semanas en la que más ha trabajado o, al menos, en la que ha estado ocupado, recibiendo uno a uno a todos los líderes de los partidos políticos que en las últimas elecciones generales, las del día 20 de diciembre de 2.015, han obtenido escaño en el hemiciclo, o sea, en el Congreso de los Diputados, por orden inverso al número de escaños obtenidos tras el escrutinio final, salvo Bildu y ERC, este último partido en represalia por la negativa del Monarca a recibir a la Presidenta del Parlamento Catalán, Carme Forcadell, para informarle presencialmente del nombramiento de Carles Puigdemont, como nuevo Honorable President de la Generalitat. Así desfilaron por el Palacio de la Zarzuela, el lunes los candidatos de Nueva Canarias (Pedro Quevedo), Foro Asturias (Isidro Martínez Oblanca) y Coalición Canaria (Ana Oramas); el martes lo hicieron los candidatos de Unión del Pueblo Navarro (UPN-Javier Esparza) y del PNV (Aitor Esteban Bravo); el miércoles acudieron al Despacho del Rey, los candidatos de Izquierda Unida (Alberto Garzón), los de En Marea (Antón Gómez Reino Varela y Alexandra Fernández Gómez, únicos que acudieron en pareja) y el portavoz de Democràcia i Llibertat (DiL, Francesc Homs); el jueves le tocó el turno a Compromís (Joan Baldoví), En Comú (Francesc Xavier Domenech) y al  líder de Ciudadanos (Albert Rivera); y, finalmente el viernes, fueron pasando por el Palacio de la Zarzuela, los candidatos de Podemos (Pablo Iglesias), del PSOE (Pedro Sánchez) y del PP (Mariano Rajoy). En total 14 audiencias, en cinco días, que habrán hecho acabar a su Majestad con la cabeza como un bombo.

Y tal como estaba cantado, por pura lógica y tradición, el Rey le encomendó al actual Presidente del Gobierno, en funciones, y candidato del Partido Popular, Don Mariano Rajoy Brey, la formación de Gobierno, por haber sido el PP el partido que más votos obtuvo en las elecciones, alcanzando la mayoría de Diputados, a saber, 119, tras el pase al grupo mixto del segundo en la candidatura por Segovia, Pedro Gómez de la Serna, debido a su expulsión del grupo popular, tras salir a la palestra los chanchullos comisionistas en los contratos facilitados a empresas españolas en Asia, Africa y Latinoamérica, en connivencia con el ya ex Embajador en la India, Gustavo de Arístegui, y separar a los tres Diputados de UPN.

En realidad, la elección de su Majestad lo ha sido un poco al albur, ya que nadie puede pensar que Don Mariano Rajoy Brey le hubiera presentado los apoyos necesarios para formar ese Gobierno estable que tanto predica y que ofrece en altavocía, pero sin arrimarse al toro, o sea, desde la barrera, con cuyas expectativas, es imposible realizar siquiera una faena de aliño indumentario, ya que ha repetido, eso sí, una y mil veces, su deseo de lograr una coalición de concentración dando vela en tal entierro, amén de a su propio partido, el PP, al PSOE de Pedro Sánchez y a Ciudadanos, de Albert Rivera, con el fin de formar un Gobierno fuerte, estable, creíble y generador de confianza en la Unión Europea y en los mercados (¡Ay, los mercados!), para lo cual propuso estar dispuesto a revisar la reforma laboral, la ley de seguridad ciudadana, más conocida como Ley mordaza, y la Ley de Educación, la Lomce que dejara en herencia el dimitido Ministro de Educación, José Ignacio Wert, mas parece que pensó mejor la propuesta y al poco negó tres veces la revisión de estos temas, antes de que cantara el gallo, a la manera como lo hizo San Pedro cuando negó a Jesucristo.

Pues bien, con estos mimbres, el Rey de España, llamó al Presidente del Congreso de los Diputados, Patxi López, el mismo viernes por la tarde-noche, para comunicarle la decisión que había tomado en torno a quien consideraba más apto para lograr la investidura y, consiguientemente, formar Gobierno. Y el elegido fue, como ya hemos dicho, Don Mariano Rajoy Brey, mas, de inmediato, mi gozo en un pozo, y el designado con el dedo regio, dio la espantá, a la manera como la diera Cagancho en Almagro, dejando, me imagino, a su Majestad con cara de bobo y obligándole a volver a más de lo mismo esta semana, a llamar a consultas a todos los candidatos que ya han pasado por el despacho del monarca, me imagino que con la misma cantinela, y, de nuevo, volverá a designar con su dedo al siguiente en la palestra, que, por pura lógica, debería ser el candidato del PSOE, Pedro Sánchez, segundo partido en votos y escaños, para que asuma la responsabilidad de conseguir la investidura, bien a la primera, (con mayoría absoluta), bien a la segunda (con mayoría simple), a no ser que Rajoy se saque un as de la manga y consiga por segunda vez el encargo de lidiar este toro, del que todos parecen no querer oír hablar y menos enfrentarse cara a cara, con estoque y muleta. A no ser que el tema se eternice, si ambos líderes, Rajoy y Sánchez, entran en la dinámica de un partido de tenis y se dediquen a devolverse la pelota.

Mas, lo que parecía cantado, después de las dudas de los jerifaltes del PP en orden a si Rajoy debía aceptar este encargo o no, por su exposición a un casi linchamiento en el Congreso durante la sesión de investidura, y más tras sus últimas machadas de dejar entrever que se hallaba preparando el discurso para aquélla y de repetir hasta la saciedad que él debía ser el primero en comparecer para intentar formar Gobierno, quedó todo en aguas de borrajas, incluso los medios de comunicación se han visto sorprendidos al vaticinar todos que el Rey propondría a Mariano Rajoy Brey para esta misión y que “evidentemente” (en propio término del concernido) éste iría a la investidura.

Ahora bien, cuando en principio todos especulaban con que la decisión del Sr. Rajoy suponía su caída del cartel para esta corrida, el muy cuco ha dicho que se retira pero que no se va, es decir, que deja paso a otro, a ver si se estrella, y entonces aparecerá él, como el ángel salvador y redentor para ser aclamado como los Césares cuando volvían a Roma tras las victorias de sus legiones, y aquí paz y allá gloria. No obstante, es muy difícil, por no decir imposible, que el PSOE se eche en brazos del PP, en un abrazo del oso que acabaría fagocitando al partido de Pedro Sánchez, que es lo que parece que quieren algunos de sus barones, pese a que Albert Rivera trate de intermediar entre unos y otros, como hombre de Estado que se cree ser, sin tener en cuenta que Mariano Rajoy Brey, a día de hoy y desde hace mucho tiempo, constituye un lastre para su partido, que se halla inmerso en dos frentes judiciales, como investigado (otrora imputado), por el pago con dinero de la “caja B” de las obras de la reforma de la Sede de Génova y por la destrucción de los discos duros de los ordenadores de Bárcenas (y de las agendas de visitas, que también cuentan), quedando la imagen del partido y sobre todo de su Presidente, el Sr. Rajoy Brey, hecha añicos y más dañada que los propios discos duros, pareciendo éste no darse cuenta de lo que pasa a su alrededor o, más bien, no querer darse cuenta y hacerse el longuis, como si lo que afecta a su partido sea algo ajeno a él o que le resbala y le trae sin cuidado, pues por activa, o por pasiva, está claro que no puede escaquearse de su responsabilidad en estos asuntos, como Presidente del Partido.

Por otra parte, ese dejar pasar el cáliz es la primera vez que ocurre en democracia y más parece un feo y  desobediencia a la primera autoridad del Estado Español cual es el Jefe del Estado, aunque diga el interesado que así se lo había manifestado al Monarca, lo cual parece un conchabeo propio de la edad infantil o de trileros.

En fin, llamada a consultas-2. La película continua y aún parece estar lejano el THE END

MIGUEL-ÁNGEL VICENTE MARTÍNEZ

   27 de enero de 2016

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