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Retrato de familia

Por Miguel Ángel Vicente
miércoles 09 de marzo de 2016, 04:49h
Miguel Ángel Vicente
Miguel Ángel Vicente

Tras las dos sesiones de investidura, acaecidas la semana pasada, días 2-3 y 4, meridiana y clarividentemente, todos los partidos políticos que lograron alcanzar algún escaño, tras las elecciones del pasado 20 de diciembre, han quedado retratados, tanto en cuanto a su fuero interno, cuanto en el fuero externo, y se han puesto a la intemperie, sin trampa ni cartón, las miserias y las virtudes de cada cual, sin que, ahora, a toro pasado, quieran dar una mano de pintura a su estructura y a sus entrañas, pues, a estas alturas de las películas, ya no cuelan los goles que los respectivos líderes de dichos partidos políticos quieren meter a los ciudadanos y el suero que intentan inocular a los mismos no servirá para salvar al soldado Ryan, que, en más de uno y dos casos, ha quedado retratado para los restos, poniendo de manifiesto que, salvo excepciones, pocas y escasas, lo que en el fondo y en la forma han defendido los susodichos líderes, ha sido el barrer para casa y, por tanto, en aras y beneficio de sus intereses particulares y partidistas, y, en modo alguno, salvo esas escasas excepciones, han mirado por el interés general de la Nación y de los españoles, a quienes ya empieza a agotarse la paciencia viendo que con estos mimbres es impensable que España pueda volver, al menos a corto y medio plazo, a gozar del estatus del Estado del Bienestar que ya abandonamos allá por el año 2.007, hasta el día de hoy, con unas políticas suicidas de austeridad, sobremanera en la última legislatura, a base de ajustes, recortes y privación de derechos y libertados individuales y sociales, que han dejado al país a la altura del betún y sumido en la miseria, la ruina, la pobreza, el horror y el espanto, por muy mucho que el Sr. Rajoy y toda su cohorte de adláteres, acólitos, corifeos, paniaguados y mamandurrieros, tanto veteranos como jóvenes, sigan proclamando y pregonando el mantra de que hemos salido de la crisis y de que en España, de nuevo, se vuelven a atar los perros con longaniza.

Quizás lo ocurrido en esas dos sesiones de investidura no haya sido sino la consecuencia de la mediocridad y falta de altura de miras de la casi totalidad de nuestros representantes parlamentarios, que no creo yo que se correlacione directamente con el nivel de los españoles que han depositado su voto, confiando ciegamente en estos sujetos, y que soñaron, al menos, por un instante, que el resultado de las elecciones obligaría a nuestros gerifaltes a alcanzar el éxtasis de lo que en una verdadera y auténtica Democracia y Estado de Derecho se supone, cual es el entendimiento, el diálogo, el debate, el pacto y el impulso que necesita este país, aún hoy, a duras penas, llamado España, volviendo a la senda de la Constitución, mas nos la han dado con queso, remedando aquel dicho que, en su día, formulara el Rey Fernando VII, según el cual “andemos todos por el camino de la constitución, y yo el primero”, y a renglón seguido, si te he visto no me acuerdo o las palabras se las llevó el viento.

Y si a la mediocridad le añadimos la corrupción galopante que, un día sí y otro también, se ha venido destapando en el Partido que sustenta el Gobierno, en funciones, de España, o sea, el PP, la inexperiencia y la egolatría que adornan a otros, tales como Podemos, y las exigencias de quienes pescan en río revuelto la independencia de la vieja madre patria, léanse, ERC, CiL o PNV, nos puede resultar un cóctel mortal de necesidad, que no tendrá como consecuencia primera sino dejar varada a España en un “impasse” que no van a permitir los mercados (¡Ay los mercados!) y que la harán retroceder a siglos atrás de nuestra historia.

Podemos empezar por el primer responsable de este desaguisado, por ser el partido más votado y que más escaños ha obtenido, tal como gustan de proclamar sus dirigentes, el Partido Popular, con un Mariano Rajoy, con el que todo empezó cuando en la primera ronda de consultas y tras el encargo del Rey Felipe VI de que intentara la investidura, renunció, pura y simplemente, como quien renuncia una herencia, alegando no contar con  los apoyos necesarios para no hacer el ridículo en la sesión de investidura, la cual quería alcanzar por la puerta de atrás, precisamente alegando ser el Partido más votado y con más escaños, el Partido que había ganado (relativamente) las elecciones y que era la tradición en España desde el readvenimiento de lo que llamamos democracia que el Partido que había ganado las elecciones era al que correspondía formar Gobierno, en una palabra, que el Sr. Rajoy, ante tales argumentos, creía y esperaba que todos los demás grupos parlamentarios confesaran sus culpas y pecados, hicieran acto de contrición y a renglón seguido inclinaran la cabeza y de rodillas, cayeran de bruces ante el Patriarca Mariano y le elevaran a la Presidencia del Gobierno por aclamación indubitada e incontestada, porque sí, porque es el más guapo y porque es el único que sabe estar en el sarao europeo y el único que sabe codearse con la Matriarca Europea, Frau Angela Merkel. Era un deseo y un intento de poco menos que reeditar la Ascensión de la Virgen María, en cuerpo y alma, a los cielos. Pero fue que no, pues una cosa es ser negativo e indolente y otra muy distinta ser tontos de capirote, de solemnidad o de remate y este buen intento del viejo zorro cayó en saco roto y nadie le siguió el juego, afortunadamente. Por si fuera poco, en la segunda ronda de consultas, entró en el despacho real declinando que, de nuevo, su Majestad, el Rey de España, le encargara el intento de formar Gobierno, lo que no hizo, junto con el primer desplante, sino poner de manifiesto el poco coraje y valor de este hombre para ocupar la dignidad de ser, de nuevo, Presidente del Gobierno, pues hay que recordar sus dos fracasos en las elecciones de 2.004 y de 2.008, ante el Sr. Rodríguez Zapatero, Don José-Luis, y que si en las de 2.011 alcanzó una mayoría histórica no lo fue por méritos propios, sino más bien, por demérito del propio Sr. Rodríguez Zapatero, que se las puso, como a Fernando VII, “a huevo”, pues las habría ganado igualmente siendo cabeza de lista el “Chikiricuatre” .

Podemos seguir con Podemos, valga la redundancia, o sea, el Partido de Pablo Iglesias, y sus llamadas Mareas, que animado por el resultado obtenido en la cita electoral (69 escaños en conjunto) se ha creído el Rey del Mambo, el líder de un movimiento revolucionario llamado a subvertir el orden mundial y paladín de los derechos y las libertades ciudadanas, como si los demás fueran unos convidados de piedra y no supiesen lo que son los juguetes. Soberbia, egolatría, nula educación, vengativo, malos modos y peores maneras, haciendo de cada una de sus intervenciones un mitin guerracivilista de los albores del 36, pareciendo mentira que presumiendo de un cierto bagaje conceptual e intelectual, sea capaz de caer tan bajo, lo que hace que su discurso caiga  en el esperpento y en el ridículo, lo que se puso de manifiesto cuando se autoproclamó Vicepresidente del Gobierno y reclamó para sí y para sus compinches poco menos que la totalidad de las carteras ministeriales, entre ellas las más trascendentales e importantes, considerándose poco menos que “El Elegido”, el nuevo Mesías aterrizado desde las galaxias en la tierra para dar lecciones de todo tipo a quien, en su corta andadura pública y ocupacional, no ha hecho otra cosa que dar clases en la Universidad y postularse como titiritero en las tertulias televisivas, pero que ignora lo que es ganarse el pan con el sudor de la frente. No es de extrañar que el ex fiscal anticorrupción y ex eurodiputado de Podemos, Carlos Jiménez Villarejo, haya puesto a caldo a Pablo Iglesias y sus Mareas, por no haber facilitado, con su abstención, la investidura de Pedro Sánchez, poniendo a caer de un burro al autoidolatrado lider del nuevo Partido; no es de extrañar, así mismo, que la mitad de los electores de Podemos hayan censurado el no de Iglesias a la investidura de Sánchez; y no sería de extrañar que con esta actitud del Sr. Iglesias, se haya llegado a un punto de inflexión que suponga el derrumbamiento del Partido, a cuyo efecto hay que sumar en su debe la dimisión anteayer del “número tres” de Madrid y  Secretario de Organización de Podemos, Emilio Delgado, quien abre una nueva crisis interna en la formación en una de las regiones baluartes del Partido, que hay que sumar a los problemas regionales acaecidos en el País Vasco, en La Rioja, en Galicia, en Cantabria y en Cataluña, hartos del Caudillaje totalitario de un Pablo Iglesias que parece dispuesto a cargarse el Partido, que adolece ya de tantas fracturas que parece ser el epicentro de un terremoto, que le hará caer como un castillo de naipes.

Y si seguimos arañando en el espectro parlamentario, nos hallamos con los partidos nacionalistas e independentistas, léanse, Ezquerra Republicana (ERC), Convergencia y Libertad (CiL), y Partido Nacionalista Vasco (PNV), que yo me pregunto, que si no quieren saber nada ni nada esperan del Estado Español, ¿qué coño hacen presentándose a unas elecciones para amueblar el Parlamento Español? Desde luego, desde esta premisa, incurren en una “contradictio in terminis” escandalosa y les califican como unos advenedizos que lo único que quieren es chuparle la sangre a España y al resto de los Españoles, por su cara bonita y porque se creen de una pasta especial y de un ADN que les hace superiores al resto de los mortales y que no prestarán su apoyo como no sea a costa de envilecer aún más a la Nación Española, como lo han venido haciendo desde las primeras de cambio, a través de las diez legislaturas consumidas, sobremanera cuando se han necesitado sus votos para afianzar una mayoría simple obtenida por PP y PSOE, o sea, en definitiva, unos chupasangres, aprovechados y deplorables que han vivido y siguen viviendo del chantaje y la triquiñuela. Por cierto, que esto se acabaría obligando a estos partidos a presentarse en todas las cincunscripciones nacionales y haciendo el recuento de votos por la suma total de los conseguidos a ese nivel.

Mención aparte merece Izquierda Unida (IU) que solamente ha conseguido sacar dos escaños, o sea, representación parlamentaria por los pelos, que se llama, y con un representante, Alberto Garzón, a quien se le ha puesto la cara como un pan al oír de Pablo Iglesias la exigencia a Pedro Sánchez, a cambio de su apoyo, de concederle una cartera ministerial, cosa que ni en sueños pensaba este hombre, hasta el punto de que le ha entrado un subidón de bilirrubina y se ha creído imprescindible para la buena gobernanza del país, por lo que ante la negativa de Sánchez a romper sus conversaciones con Ciudadanos y tras el acuerdo alcanzado con Albert Rivera, ha sido el primero en levantarse de la mesa de negociación con el resto de lo que se llaman izquierdas, salvo el PSOE. Hubiera sido como el premio gordo de la lotería y eso sin siquiera echar a la misma. Ya soñaba con el coche oficial, la secretaria y el rendez vous y pleitesía de la ciudadanía en general.

Y dejamos para el final, a Ciudadanos (Albert Rivera) y al Partido Socialista Obrero Español (Pedro Sánchez), por haber sido los únicos capaces de haber entendido el mensaje electoral de la ciudadanía, de haber tenido arrestos para sentarse a negociar, sin esconder sus cartas ni un as bajo la manga, y haber dado una lección magistral al resto de las fuerzas políticas, (dejando a salvo a Coalición Canaria, único partido, fuera de PSOE y C’s, que ha sabido estar a la altura de las circunstancias), las cuales han quedado retratadas como lo que son: mediocres, oportunistas, hipócritas y no aptos para afrontar los retos que la Nación Española tiene planteados. Solo dos hombres, Pedro Sánchez y Albert Rivera, o Albert Rivera y Pedro Sánchez (con la excepción de Ana Oramas, de Coalición Canaria) han estado a la altura, comportándose como verdaderos “HOMBRES DE ESTADO” y no como ratas de alcantarilla. Y ello lo ratifica el que, tras la derrota, hayan manifestado que mantendrán en todos sus puntos y comas el acuerdo alcanzado, que sigue vigente para salvar a España de la inamovilidad y el descabezamiento gubernamental. Por ello, pese a que los agoreros califican de “fracaso” y “derrota histórica” la sufrida por Sánchez, nada más lejos de la realidad, pues ha sido, con diferencia, sobre todo respecto de Rajoy, quien se atrevió a coger el toro por los cuernos y comenzar a hablar y dialogar con todos los partidos, salvo, como es natural, con el presidido por Don Mariano, a quien hay que alejar del poder y evitar que siga en sus trece como si nada hubiera pasado y esté pasando en su partido, que, por cierto, ha sido calificado en sede judicial como “organización criminal”. Ahora se destapa pregonando  que Sánchez, por su falta de apoyos iniciales cuando recogió el guante que le tiró el Rey Felipe VI, envalentonado y amagado en la barrera sin haber siquiera sido capaz de asomar la cabeza por encima del burladero, espeta al líder socialista la siguiente perla: “usted ha usado las instituciones y eso es corrupción”, precisamente quien en su partido está hasta las cejas de ídem, lo que demuestra la incapacidad e inhabilidad de este hombre para seguir ostentando el poder, pidiendo ahora al Sr. Sánchez que se abstenga y le deje gobernar en minoría. Valiente que es, ahora que la piel del oso ya cuelga del perchero de Sánchez y Rivera.

Nada de fracaso, nada de derrota, sino antes al contrario, una auténtica y verdadera victoria, un auténtico y verdadero éxito, por parte de Sánchez y Rivera, quienes han dado sopas con onda al resto de esta pléyade de ineptos que asientan sus antifonarios indignamente en los escaños del Congreso de los Diputados.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

  9  de marzo de 2016

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