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¿Ajuste o desbarajuste?

Por Miguel Ángel Vicente
miércoles 20 de abril de 2016, 06:36h
Miguel Ángel Vicente
Miguel Ángel Vicente

Un nuevo jarrón de agua fría se vierte sobre la economía española, pues según el ahora Superministro, en funciones, o Ministro al cuadrado, Don Luis de Guindos, que ostenta las carteras de Economía, así como la del renunciante José-Manuel Soria, que se lo ha llevado por delante el tsunami que se ha desatado en el Canal de Panamá, con los Papeles de ídem, como digo Superministro de Economía y ahora, también, de Industria, Energía y Turismo, no ha tenido más remedio que reconocer que la locomotora de la economía vuelve a enfriarse, de acuerdo con las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FIM) que preside la incombustible y controvertida Christine Lagarde, que por primera vez, desde el año 2.013, ha rebajado las expectativas de la que dicen cuarta economía de la zona euro, o sea, nuestra España, la España de charanga y pandereta, tal como acuñara Don Antonio Machado, la España de nuestros sinsabores y de nuestros desvelos. Así, la francesa del Fondo prevé para nuestra economía un avance del 2’6% del PIB para el año 2.016 y de un 2’3% para el año siguiente 2.017, aun cuando nuestro Superministro, en funciones, eleva  una décima las previsiones para el año 2.016 (2’7%) y  2’4% para el año 2.017, optimista que es nuestro prohombre, dando al traste con las previsiones que se habían previsto, valga la redundancia, del 3% para el año 2.016 y del 2’9% para el 2.017. En cualquier caso y como el que no se consuela es porque no quiere, el Superministro, en funciones, ha lanzado las campanas al vuelo para hacer menos engorrosa la píldora que ha de tragarse un enfermo llamado España, y así, de esta guisa nos ilustra que, pese a esta desaceleración de nuestra economía, la misma es menos intensa que en los países del entorno (no creo que en este entorno incluya a los países del norte de África), destacando que, pese a este drástico recorte en los pronósticos inicialmente previstos, la española sigue siendo la que más crece de entre las grandes economías avanzadas, resaltando, además, que en estos dos años España puede crear cerca de 900.000 puestos de trabajo, lo que no parece muy posible, a no ser que se cuenten los miles de puestos de trabajo temporales (una semana o diez días a lo sumo) que se crean en las Fallas Valencianas, o en la Feria de Abril de Sevilla, o en la próxima Feria de San Isidro en Madrid, que aquí, con tal de hacernos tragar carros y carretas o piedras de molino cualquier cosa puede esperarse que salga de la boca de un Gobierno que más que en funciones está en disfunciones, sosteniéndose con respiración asistida y esperando cada día un nuevo sobresalto y escándalo que acabe apagando y olvidando el del día anterior, y ello prácticamente, sin solución de continuidad, y erre que erre.

Ahora, también, ante estas negras perspectivas, y tras haber incumplido el límite del déficit impuesto por Bruselas a España para el año 2.015, que del 4’2% exigido, pasó al 5% real como la vida misma y que supondrá para el Gobierno, éste o el que venga, un ajuste extra para cumplir con los objetivos presupuestarios, dando la razón a las negras expectativas que sobre este asunto ya había previsto el FIM y que el desequilibrio para este año 2.016 rondará el 4%, lo que ha obligado al Gobierno a suplicar a Bruselas un nuevo plazo más amplio, al menos, un año más, para embridar el déficit que este año estaba fijado en el 3% del PIB. Al respecto, el Superministro resaltó que el Gobierno, en funciones, de España, ya ha tomado una primera medida consistente en declarar la  no disponibilidad del crédito de 2.000 millones de euros (equivalentes a dos décimas del PIB) y su colega y correligionario Don Cristóbal Montoro, Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, ha achacado este desfase del déficit a las manirrotas Autonomías, a las que ha instado a congelar partidas presupuestarias, desatando la ira de los capitostes autonómicos que, caso de seguir la orden del Ministro Montoro, verán sus facultades mermadas para la prestación de los servicios públicos y sociales que competen a las mismas y hartas ya de que el Ministro despotrique, sin ton ni son, y cargue contra las mismas, a las que ha  enviado sendas cartas conminatorias, amén de intervenir los gastos de Aragón y Extremadura, amenazando a las incumplidoras con cortarles el grifo de la financiación. Es este un tema peliagudo en el que el Ministro, con sus formas toscas y drásticas de actuar, puede acabar emponzoñando aún más, si cabe, las relaciones con los Gobiernos Autonómicos, que ya, prácticamente, puede decirse que le han declarado la guerra, queriendo aparentar que hace algo (como ese recorte del gasto en 2.000 millones de euros anteriormente referido, que sería el chocolate del loro) a fin de obtener de Bruselas el beneplácito de la prórroga de un año más para cumplir con el objetivo del déficit.

En cualquier caso, España, en las condiciones actuales, aparte de una regeneración democrática, política e institucional, que la sociedad demanda  a gritos, necesita una reforma urgente y total de su sistema impositivo y de cotizaciones a la Seguridad Social, empezando porque el esfuerzo que, en su caso, se le impone a la ciudadanía, de la que siempre se echa mano para que tire del carro, se vea recompensado con que lo que se ingresa en la Caja Pública de Caudales no se dilapida, ni se despilfarra, ni se hurta directamente por quienes deberían ser muy escrupulosos en su administración y aplicación, para llevárselo crudo a un paraíso fiscal mediante sociedades “offshore” o a pelo. Y es que, con el panorama actual, ¿quién va a decidirse a invertir en este país en el que cuando te das de alta te conviertes en sospechoso delincuente sin presunción de inocencia al que hay que perseguir y machacar hasta la muerte? Realmente el panorama cambiaría si dejáramos de lado este sistema impositivo actual que es absolutamente confiscatorio y, por ello, injusto, que, con razón, hace crecer la economía sumergida a un ritmo vertiginoso, calculándose que se sitúa ya  entre el 20 y el 25 por ciento del PIB. Lejos queda aquél intento del Ministro Montoro para llevar a cabo una reforma cabal e integral de nuestro sistema impositivo, tributario y fiscal, recordando aquel comité de expertos o de sabios  ( que ya la consideración de sabios sabe a esperpento) designados “ad hoc”, con su presidente, el profesor Manuel Lagares al frente, lo que no deja de ser una tomadura de pelo y un fraude a la ciudadanía y un mal empleo de los caudales públicos, cuando no una malversación de los mismos, porque qué necesidad teníamos de contar con dicho comité, cuando los auténticos expertos, que  bregan en la práctica del día a día (Abogados del Estado, Inspectores y Funcionarios de alto estanding y demás familia) están incardinados en el organigrama de la Administración Pública, tanto Estatal, como Autonómica, Provincial y Municipal, sin que, a día de hoy, se haya desvelado el pico (quizás en millones de euros) que costara a las arcas españolas esta alegría, ligereza  y arbitrariedad de Montoro y que, en realidad, acabó en papel mojado, en agua de borrajas, guardado y olvidado en cualquier cajón del Ministerio a la espera de una voz que, como a Lázaro, le diga, “levántate y anda”.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

   20 de abril de 2016

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