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¿Otra vez, Mariano? (I)

Por Miguel Ángel Vicente
miércoles 25 de mayo de 2016, 08:56h
Miguel Ángel Vicente
Miguel Ángel Vicente
De nuevo te arropas con la piel de cordero, aunque estemos entrando ya en plena primavera y el sudor empiece a hacer mella en nuestros sobacos. De nuevo, te lanzas desde la altura y sin paracaídas, como si el tiempo no hubiera pasado desde aquél 20 de Noviembre del año 2.011, sobrepasando, con un sobrevuelo, el pasado 20 de Diciembre de 2.015, que arrojó unas elecciones baldías, inservibles para tus pretensiones de seguir siendo el número Uno en este país, aún hoy, a duras penas, llamado España, y sin importarte un bledo el bienestar de los españoles y la lectura del mensaje y, a la vez, mandato, de las urnas, que dictaron sentencia, haciendo perder a tu partido, nada más y nada menos que 63 escaños y más de 20 puntos en porcentaje de votos, lo que en cualquier país civilizado del mundo, incluidas las repúblicas bananeras, habrían llevado al líder de dicho partido a tomar las de Villadiego, haciendo mutis por el foro, y haber abierto la puerta a la regeneración de un partido, que empieza a oler a corrupción por todos sus poros y todos sus costados. Mas, ni te inmutaste, en tu tradicional inmovilismo del Dontancredismo que practicas como nadie, más bien volviste a dar saltos de alegría desde el balcón de Génova, rodeado de tus impasibles escuderos, como si hubieras, de nuevo, haber ganado las elecciones, arrasando y pasando por encima de los demás Partidos, como pasaba el Cid Campeador sobre los moros que asediaban Valencia. Volviste a creerte el imprescindible, sólo en tu imaginario y mirándote al espejo como al espejo se miraba la madrastra del cuento de  Blancanieves, preguntándole al mismo, “espejito, espejito, dime quién es el más guapo de este reino”. Y claro, como no podía ser de otro modo, te respondías tú mismo, en tu enfebrecida egolatría de considerarte el mejor de entre los mejores del mundo mundial, sin reparar en que el espejo no hace sino reflejar tu propia imagen y el que habla no es sino tu imaginación. Mas, como en tu partido, nadie ha llamado a la autocrítica, nadie es capaz de poner blanco sobre negro, nadie osa siquiera poner alguna objeción a tu liderazgo por miedo a ser borrado del mapa, como en tu partido no se celebran las primarias, sino que sigue mandando el dedazo, la autocomplacencia, la dictadura partitocrática, en el que no se mueve nada sin que lo consienta el líder, sobre el que todo descansa y  en el que todo se cambia para que nada cambie, como en el partido rige una férrea disciplina, en el que las decisiones del líder se aceptan por aclamación y a mayor loor y gloria del mismo, en un remedo o parodia de cómo rige los destinos de Corea del Norte, Kim Jong-un. Como en tu partido no rige ni un ápice la democracia y en el mismo rige aquel principio que proclamó el entonces Vicepresidente del Gobierno de Felipe González, el inefable Alfonso Guerra, de que “el que se mueva, no sale en la foto”, resulta que nadie es capaz de cuestionar nada de nada y el silencio de los corderos y el amén ante todas las decisiones del ser supremo son acatadas marcialmente, a rajatabla, sin rechistar y sin una sola discrepancia, y ello, aunque caigan chuzos de punta, pues todo gira en derredor del Sancta Sanctorum ubicado en el corazón de Génova y ¡ay de aquellos que osen cuestionar cualquier decisión que salga del mismo!.
Pues bien, ¿otra vez, Mariano?, te metes en camisas de once varas, y aunque sea desde la lejanía de un diario británico, tal cual es el “Financial Times”, osas prometer que bajarás los impuestos a los españoles si de nuevo vuelven a depositar en ti su confianza, tal como hicieron en aquellas abrumadoras elecciones de Diciembre del año 2.011, ¿Cómo tienes el valor de restregarnos por los ojos esa promesa mil veces incumplida durante tu mandato en estos últimos cuatro años? ¿cómo te mofas de quienes en aquellos momentos de zozobra y de desequilibrios presupuestarios depositamos en las urnas el voto a favor de la gaviota? Es como despertar de un mal sueño, pues de todas aquellas promesas (bajada de impuestos, respetar espacios en restaurantes y bares para fumadores, no ingresar el Iva de las facturas no cobradas, reforma de la ley del aborto para que no siguiera adelante el genocidio uterino de millones de seres cada año, ilegalizar a aquellos partidos que cobijaran a los etarras y homenajear a las víctimas del terrorismo, acabar con la injerencia del Poder Ejecutivo en la designación de los órganos de representación, rectores y de gobierno de los jueces, vía Consejo General del Poder Judicial, y devolver al Poder Judicial la independencia que proclama respecto del mismo la Constitución Española, etc, etc.) ninguna fue cumplida, antes bien, algunas medidas adoptadas lo fueron en contra de lo prometido, dejando la confianza depositada, vía contrato electoral de los ciudadanos con tu partido, hecha agua de borrajas, con unas medidas hirientes y rayanas en la tomadura de pelo al electorado en general: En el año 2.012, tuvo lugar la mayor subida del IRPF en toda la democracia, con una bajada posterior en 2.015 por intereses partidistas electorales, creando nuevos impuestos, tales como el del 20% sobre los premios de la lotería, que iba a ser una medida temporal, pero que parece se ha quedado a perpetuidad, como tantos otros, y que se han petrificado sobre el bolsillo del ciudadano, o la nueva regulación sobre los incrementos patrimoniales con su escandalosa supresión de los coeficientes de abatimiento y la actualización del valor de la moneda, y así en una escalada y subida de la presión fiscal insoportable para el ciudadano, que ha lastrado la marcha de la economía y ha empobrecido a una tercera parte del país, quedando borrada del mapa la tradicional clase media española y, por si fuera poco, aprobando la llamada ley mordaza, también conocida como la del palo y tentetieso, que prevé la imposición de multas astronómicas a quien solo ose mover un dedo ante un miembro de las fuerzas de seguridad o, por simplemente, mirarle a los ojos, y que causó escándalo, en su día, en la propia Comisión Europea, que nos llamó al orden.
 
MIGUEL ÁNGEL VICENTE MARTÍNEZ
25 DE MAYO DE 2016
 
         
 
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