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De nada sirvió

miércoles 30 de mayo de 2018, 04:55h

De nada sirvió el cambio del logo del Partido Popular, por una encina, en vez de la vieja gaviota o charrán o vaya Vd. a saber qué tipo de pajarraco habría que considerar al del pico y pluma que hasta hace poco venía abanderando al buque insignia del PP. Cuando empezaron a darse cuenta los peperos de que la lava de la corrupción institucional de su partido se les echaba encima a la manera como la del volcán Kilauea arrasa la isla de Hawai, se dieron de bruces con la realidad más brucelosa y magnificada, tarde como siempre y siguiendo aquél paradigma del investigador criminal de que “el criminal siempre vuelve a la escena del crimen”, y, además de tarde, mal, repito como siempre y como siempre, sigo repitiendo, se trató de un acto de maquillaje sobre la faz o rostro del partido, y no sobre el fondo o las entrañas del mismo, en un alarde de tranquilizar sus propias conciencias y de tratar, una vez más, desconcertar al ciudadano de a pie, y también al de a caballo, mareando la perdiz y dando vueltas como un zompo sobre su propio eje, a fin de engatusar al personal con un cambio drástico de dirección, que no era otro que girar sobre sí mismos 360 grados, para volver a la misma casilla de salida, dejando jirones en el camino de tan manido, como falso y espurio, movimiento, pues cualquier medida a estas alturas de la película, de entrada se sabía que nada sustancial iba a cambiar y, además, que el personal, harto de tanto juego de malabares y filibusterismo, no iba a comulgar con ruedas de molino ni con los carros y carretas, que desde Génova se lanzaban al vacío a ver si alguien picaba y se atragantaba con semejantes mimbres comulgatorios, y ni siquiera ya, ni entre los niños, se daba credibilidad a que los burros vuelan. O sea, que ese cambio de logo, no ha servido para nada y sí para mucho, en el sentido de constituir una prueba irrefutable de cómo desde este partido se trató de poner los pies en polvorosa, para intentar sortear a los sabuesos que avanzaban en un camino cierto y seguro, pese a las piedras que en el mismo se les iban poniendo para entorpecer ese paso firme y decidido a ahondar en los sótanos y las alcantarillas de un Partido, por los que se han ido sumiendo y tragando vertidos, como poco muy tóxicos, al afectar tanta fechoría, no sólo a la credibilidad del dicho Partido, sino por su vinculación a la gobernanza del país y, por tanto, también poner en la picota y en entredicho la credibilidad institucional.

Desde que la justicia, o más bien, desde que algunos jueces, se han tomado en serio, los cambalaches que se han ido descubriendo en el malhacer de un Partido, que gobernó este país, aún hoy, a duras penas, llamado España, de 1.996 a 2.004, bajo la batuta de Don José-María Aznar (el aznarismo) y desde 2.011 hasta estos aciagos días, bajo la dirección de Don Rajoy, Mariano (el Marianismo), sobremanera, a partir del año 2.009, cuando salieron a la luz los trapicheos del extesorero de la formación popular, Luis Bárcenas, por entonces senador por las huestes populares, hasta nuestros días, se han ido destapando y comprobando, prácticamente, un día sí y otro también, algún caso de enjuague, de prevaricación, de fraude fiscal, de blanqueo de capitales, de cohecho, de mangoneo, etc., etc, en los que se han visto envueltos infinidad de cargos y carguetes del Partido Popular, que desde la azotea de los mismos, vieron la posibilidad, no sólo de lucrar al propio Partido, sino, ya de paso y ya que estaban allí, de lucrarse ellos mismos, evadiendo dinero alegremente, como quien se compra una bolsa de pipas, de las Cajas Públicas de Caudales, produciendo un daño irreparable al País y a los ciudadanos en su conjunto, pues las cantidades que se han ido distrayendo de las citadas Cajas no eran baladíes o insignificantes, sino que se conjugan como cientos, cuando no miles, de millones de euros, y alguien, llegados a este punto, pensará que ¡qué exageración!, pero a ello yo contesto y no me cabe la menor duda, de que no están aflorando todos los casos de corrupción habidos y, en su caso, por haber, y porque esto no ha parado, sino que los que en la actualidad se están descubriendo y enjuiciando, son solamente la punta del iceberg o por aproximación a las aves (gaviota o charrán) el chocolate del loro. Y es que tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe, por la sencilla razón de que todos los implicados, estén o no investigados (o imputados, como deberían seguir siendo llamados), obraron convencidos de que jamás de los jamases iban a ser descubiertos, por lo que presumían, en su fuero interno, de una impunidad “per saecula, saeculorum”. Y la cuestión, el escándalo, como no podía ser de otra manera, la llama debía ser encendida desde las propias filas peperas, en las que la lucha por el poder e, inseparablemente, unido al mismo, por el dinero y el enriquecimiento a todo trapo, era de esperar que hicieran saltar por los aires, a la manera como estalló, hace unos días, el polvorín ilegal o almacén pirotécnico clandestino, en Tuy (Pontevedra), con unos destrozos personales y materiales de órdago.

Pues bien, después de tanto escándalo, de tantas tramas, unipersonales o conjuntas, que han ido dejando un reguero de cadáveres políticos, muchos de ellos ya condenados en dependencias penitenciarias, la primera gran traca que se ha ofrecido a ojos presentes y foráneos, ha venido con la sentencia que el jueves de la semana pasada fue publicada por la Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, formada por los Magistrados Angel Hurtado, Julio Diego y José Ricardo de Prada, enjuiciadora de la entrega primera de la denominada Trama o Saga Gürtel, en la que se imponen severas condenas de cárcel repartidas entre 29 de los 37 acusados, y cuyo fallo considera probado que entre las empresas de Francisco Correa y gobiernos locales del PP se tejió una “estructura de colaboración estable” que llevó a un “auténtico y eficaz sistema de corrupción institucional a través de mecanismos de manipulación de la contratación pública”, que permitió enriquecimiento y fraude, condenando al Partido Popular, es decir, a la organización popular, como persona jurídica en la que se consideran integrados todos sus militantes, desde el primero hasta el último mono, sin que quepan hacer distinciones o exoneraciones, respecto de aquellos que por H o por B se desentienden del fallo, por desconocimiento o no participación, digo condenando al Partido Popular, a pagar 245.492 euros, como “partícipe a título lucrativo”, lo que no es moco de pavo, ni cosa accesoria, como los mandamases del Partido, todos a una, como Fuenteovejuna, se han lanzado a criticar y desmentir, en un intento vano y huero de salvar los muebles de la ruina y el buen nombre y honorabilidad del mismo, anunciando como una exhalación su intención de recurrir al Tribunal Supremo, aunque dictamine lo que dictamine este último Alto Tribunal, la mancha ya ha impregnado la camisa de sus miembros y va a ser difícil que salte, aunque la laven con el producto de limpieza más abrasivo que exista en el mercado, y hagan todo lo posible para dejar la camisa impoluta, moviendo las piezas y resortes a su alcance, “por ser vos quien sois”, lo que veremos en próximos días.

Mas no queda ahí la cosa, pues en dicha sentencia se hace constar haber quedado probado la existencia de la “Caja B” en el Partido y cuestionada la “credibilidad” del testimonio del testigo Don Rajoy, Mariano, recordemos en aquella patética sesión de la que el Presidente intentó zafarse con una declaración mediante “plasma” (su medio favorito, para evitar contratiempos y preguntas malintencionadas) y en la que, por su ubicación, a la altura del Tribunal, más pareció ser el Presidente el Juzgador y los testigos la terna judicial, especialmente su Presidente Angel Hurtado, que pareció actuar como abogado defensor del Sr. Rajoy. Lo que pone en duda la veracidad de su declaración y la posibilidad de rozar la línea roja del “falso testimonio”.

No es de recibo, aunque el Sr. Hurtado se empeñe en minimizar todo lo afectante al Partido Popular y a su Presidente, sólo Dios sabrá por qué, porque, en propias declaraciones del mentor de la trama y primer espada de la misma, el Sr. Francisco Correa, ha dejado claro que él se movía, como pez en el agua, por la Sede Pepera de Génova, donde entraba y de donde salía, como Perico por su Casa, prueba palpable de que los dirigentes del Partido algo, por ser cautos, debían saber sobre las andanzas de tal señor.

Ahora, se rasgan las vestiduras y ponen el grito en el cielo porque Pedro Sánchez, Secretario General de los Socialistas, ha presentado una moción de censura contra el Gobierno, que sostiene uno de los Partidos Políticos más corruptos que se han sucedido desde el advenimiento de la democracia, siendo acusado por el propio Sr. Rajoy, Mariano, de querer llegar a La Moncloa, contra viento y marea, reproche que, por pasiva, se le pueda hacer al propio Presidente del Gobierno, de intentar atrincherarse en la dicha Moncloa, contra ese viento y esa marea, que aquí sí que están sobre la mesa. Y achacan la caída de la Bolsa y la subida de la prima de riesgo a la presentación de la mencionada moción: ¿no serán esos efectos los derivados de la Sentencia de la Audiencia Nacional?.

Item más, se jactan los jerifaltes de Génova, de que el PP ha sido el Partido que más medidas ha adoptado contra la corrupción, si bien habría que objetar, que tal como han respondido a la Sentencia de la Audiencia Nacional, sin un mínimo de autocrítica y zafándose como intenta zafarse una liebre de los galgos que la persiguen, bien pareciera que las dichas medidas fueran implementadas pensando en los demás partidos, pero nunca para el propio PP, que como se ha demostrado, un día sí y otra también, demuestra su honradez, su dignidad, su sensatez y su sentido común, a base de condenas judiciales. En cualquier caso y esto es de Perogrullo, habría que espetarle a tan honorable caudillaje que, en realidad, igual que pasa con la reforma del Código Penal en materia de violación, no era preciso modificar ni implementar nada, pues el robo y el hurto ya estaba penado desde el primer Código Penal Español de 1.822, y viene sancionado ya en las Tablas que Dios dio a Moisés en el Monte Sinaí, como el séptimo Mandamiento (“No hurtarás”), así que qué necesidad teníamos de tales modificaciones, sólo movimientos para hacer como que se hace algo sin hacer nada, y respecto al delito de “financiación ilegal de los Partidos políticos”, en la expresión lleva la penitencia, pues si es “ilegal” es contrario a ley y por tanto sancionable, específicamente exista como tal o no en el Código Penal. Pero aquí, se pone de manifiesto un chanchullo más de los políticos para no sólo hacer, sino para poder seguir haciendo de su capa un sayo, pues bien que se condena por robo o por hurto a quien roba una gallina y no existe precepto alguno expreso y literal en el Código Penal de sancionar e imponer pena de cárcel (en algunos casos hasta cuatro años), a “quien robe o hurte una gallina”.

En definitiva, esta sentencia debiera hacer declarar al Partido Popular en causa de disolución, para su liquidación y extinción, y urge, como agua de mayo, que Don Rajoy, Mariano, salga escopetado de La Moncloa, sea quien fuere el nuevo Presidente del Gobierno, por higiene y salud del país y de sus ciudadanos, y si Don Albert Rivera, insiste en prestarle su apoyo, debe asumir que será copartícipe, a título lucrativo o no, de seguir manteniendo a los corruptos en el timón del Estado.

Mas, faena tienen los conmilitones del Partido Popular que niegan cualquier relación con la sentencia de la Audiencia Nacional, ya que al mismo se le avecina un verdadero vía crucis judicial, con una treintena de vistas a la vista, valga la redundancia, con políticos populares en el banquillo, y varias de las cuales estarán centradas en la supuesta financiación irregular de la formación conservadora, y en una de ellas, por la destrucción de los discos duros del ordenador del extesorero Luis Bárcenas, el PP, como persona jurídica, se convertirá en el primer partido en sentarse en el banquillo de los acusados, por los delitos de daños informáticos y encubrimiento, junto a la actual tesorera del PP, Carmen Navarro, el abogado Alberto Durán y al exresponsable informático José Manuel Moreno.

O sea, que llueve sobre mojado y el panorama, por mucho que se quiera mirar para otro lado o se insista en la trama de conspiración urdida contra el partido, y también después del ejemplo de Eduardo Zaplana, una barba más cortada, hará que los principales mandamases del partido, incluidas las féminas, hayan puesto las suyas a remojar. Y quizás, la sentencia última de la Audiencia Nacional no sea más que el aperitivo del nublo tormentoso que se cierne sobre un partido, que se ha negado a autoregenerarse (quizás, por ser misión imposible) y quizás también, acabe con la “encina” actual de su logo, como manifiesta en su poema “a un olmo seco” y centenario, nuestro inmortal poeta Antonio Machado, ardiendo roja “en el hogar...de alguna mísera caseta”.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

30 de mayo de 2018

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