Como unos más

Por Miguel Ángel Vicente
miércoles 18 de julio de 2018, 04:37h

Desde el advenimiento de la democracia (?) a este País, aún hoy, a duras penas, llamado España, que sólo se siente cuando de fútbol se trata, con las distintas Selecciones, cuando éstas compiten y que parecen inducir a los ciudadanos de a pie, futboleros y no futboleros, a enfundarse la camiseta de la Selección e, ítem más, a envolverse en la enseña nacional, desde el advenimiento de la democracia (?) repito, a este País, tras superar La Gloriosa Transición, y el entronizamiento, y nunca mejor dicho, de la Monarquía, encarnadora de la Jefatura del Estado, y que nuestros constituyentes, con Adolfo Suárez a la cabeza, nos la colaron de rondón, en el Referéndum que acabó aprobando la Constitución, y ya, inmersa en ésta, los vocingleros de Palacio y demás alcahuetes de las sábanas reales, nos han venido entonteciendo y adormilando con ese latiguillo, que se ha quedado en el imaginario del populacho, de que los integrantes de la Familia Real, no son ni más ni menos, que “como unos más”, tratando de quitarle hierro al asunto de los privilegios que rodean la corona, entre ellos, el anticonstitucional reducto de la sucesión hereditaria, de manera que, sí o sí, el primogénito heredero de los Reyes, tenga que ser, por la fuerza, Rey también, y así sucesivamente, sin solución de continuidad y hasta que la República lo impida.

Pues bien, para forzar ese ser “como unos más”, tanto los vocingleros de Palacio, como los alcahuetes de sábanas y alcoba, amén de los propios concernidos, se han esforzado en escenificar ese latiguillo o adagio, en cuanto tienen ocasión, porque a todos sonará la cantinela, en cualquier recepción o aparición de miembros de tan egregia familia en público, oír a los comentaristas de turno ese estrambote según el cual “rompiendo el protocolo, Don... (quien sea), y Doña...(igualmente quien sea), se han acercado a saludar, léase echar la mano o dar un beso a un niño, de entre los que parecen encarcelados detrás de las vallas de seguridad.

Pero, aparte, de esta anécdota, que, ya por repetida, deja de serlo, cierto es que los componentes de la llamada Familia Real, han dado muestras, en realidad y verdad, de ser “como unos más”, pero en lo que de negativo pueda predicarse de una familia ordinaria y normal, incluso podríamos llamarla, desestructurada, lo que ocurre es que respecto de estos aspectos negativos, los arropadores, a bombo y platillo, de la misma, han intentado siempre esconderlas, apagando el fuego cual bomberos-24 horas, o, incluso, cuando no era posible la ocultación, quitarle leña al fuego y desfigurar los hechos, echando sobre los mismos una espesa capa de pintura, con el objetivo de que lo que era negro, brillase blanco, y viceversa, de manera que el pueblo llano y sencillo siguiese en la inopia, con esa imagen fraternal, idílica, casi angelical, que desde las altas instancias siempre se ha tratado de dar de la Familia Real.

Y es que, las desavenencias y las trapacerías dentro de la misma siempre han estado en el imaginario popular, pero, desde el más alto cargo, al ínfimo, incluyendo los medios de comunicación que, casi con carácter general, han observado no un respeto, sino una enfermiza adoración sobre la misma, se ha mirado para otro lado, se ha dado media vuelta silbando, en un disimulo y una negación de los hechos hasta el paroxismo de querer hacer comulgar con ruedas de molino, o hacer ver que los burros vuelan, al pueblo ciudadano, el cual, en no pocas ocasiones, ha tragado con lo que le echan, quizás porque tiene otras cosas de qué preocuparse, tales como poder llegar a fin de mes, o tomarse una cerveza en verano, en lugar fresco, después de un tormentoso y fatigoso día de trabajo, y también porque, a la postre, todo, en definitiva, seguiría igual.

De todos modos, sin embargo, es conocida la fama del Rey, hoy Emérito, Don Juan-Carlos, y sus constantes devaneos de faldas, haciendo sufrir lo indecible a su legítima esposa, la Reina Doña Sofía que, acaso, sea la única que siempre ha sabido estar en su sitio y ha cumplido, bien y fielmente, con su papel dentro de la Familia, tanto de puertas adentro, como de puertas a fuera.

Por no extendernos mucho, que materia hay para rato, podríamos recordar aquel desafortunado episodio en que se vio involucrado Don Juan-Carlos, con su escapada a Bostwana, por donde, al parecer, anduvo la entonces entrañable amiga del mismo, Corinna Zu Sayn-Wittgenstein, y del que se difundió una foto, con un elefante, presuntamente, cazado por él mismo, en compañía del organizador del safari y compañero de caza, imagen que ya de por sí, pone de manifiesto la poca moral y ética de quien es capaz de acabar con la vida de un animal que, seguramente, le adelantaba en inteligencia, y que le costó el puesto de Presidente Honorífico de la ONG WWF, del que fue fulminantemente desposeído, y que, además, tras sufrir una caída, entre las 4 y 5 de la madrugada del día 13 de Abril de 2.012, por una escalerilla, se rompió la cadera y que dio lugar a aquella lamentable y vergonzosa comparecencia disculpándose (“Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”) y que fue el principio del fin de su reinado, pues le abrió las puertas de par en par para la abdicación en su retoño el hoy Rey, Felipe VI.

Y dando un salto cualitativo, ahora, en plena canícula del 2.018, las grabaciones sobre las explosivas declaraciones de Corinna, publicitadas por OK Diario, en las que se reflejan conversaciones entre el ex-comisario Villarejo y la empresaria, tachando al ex-Monarca, poco menos que de comisionista, defraudador de Hacienda y reo de blanqueo de capitales, con cuentas, incluso, en Suiza, y confesando la misma haber sido utilizada por el Ex–Rey para estos trapicheos, usándola incluso como testaferro.

Y como siempre en este país, aplicando el eterno refrán, del refranero español, tan certero, como puñetero, (“muerto el perro, muerta la rabia”), se han aprestado desde las instancias oficiales a aplicarlo, y así la Ministra Portavoza del Gobierno, Isabel Celáa, y la Ministra de Justicia, Dolores Delgado, le han dado sepultura al perro, y como altavozas del Gobierno actual de España, han reiterado que “las grabaciones que afectan a Corinna afortunadamente no afectan al Jefe del Estado, su Majestad Felipe VI. Son grabaciones antiguas y por lo tanto ni las consideramos”. Pues discrepo, señores y señoras meapilas de la monarquía española, yo sí que creo que le afectan y mucho. Pues padre e hijo, comieron, bebieron, durmieron y cagaron bajo el mismo techo, y siguen haciéndolo, aun cuando ahora separados por el filibusterismo de la Reina Doña Letizia, de la que recordemos aquél histórico episodio del pasado domingo de Resurrección en Palma de Mallorca, a la salida de la Catedral, cuando se montó la trifulca y rifirrafe por parte de Doña Letizia, comportándose como una cualquiera (aquí sí, en sentido peyorativo), tratando de impedir una fotografía de la Reina Emérita, Doña Sofía, con su nieta, la Princesa Leonor, y prueba de ese desencuentro (¡cuántos más habrán habido!) y como prueba del algodón, fue el montaje que días después se escenificó, en la visita de la Familia Real al Hospital donde se encontraba Don Juan Carlos, recuperándose de su última operación, abriéndole la nuera la puerta del coche a la suegra, y entrando ambas al Hospital casi en plan Amantes de Teruel, con sobredosis de risitas, carantoñas y alegrías, con el único objetivo de borrar el altercado que dio la vuelta al mundo, en el empeño de hacer borrón y cuenta nueva, y que puso de manifiesto la verdadera estulticia de la nuestra actual Reina de España.

Ya se aprestan los vocingleros de Palacio y demás adláteres, corifeos, acólitos y mamandurrieros de los medios adscritos a la corona, de desprestigiar las declaraciones de Corinna, tachándolas de mentira pura y dura, en un arrebato de celos y de despecho, como algo estrambótico, como pone de manifiesto en ABC, Antonio Burgos, tildándolas de tendentes a desestabilizar la monarquía, y no será el último. De hecho, ya ha anunciado su comparecencia, a petición propia, ante la Comisión de Gastos Reservados del Congreso de los Diputados el Director del CNI, el General Félix Sanz Roldán, para explicar las actuaciones del Servicio de Inteligencia en relación con la princesa Corinna Zu Say-Wittgenstein, la amiga íntima del Rey Emérito, Juan Carlos I, que lo hará a puerta cerrada e irán en el mismo sentido de negarlo todo y más que todo. Y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga.

También habría que echarle de comer aparte a la Ministra de Hacienda, María-Jesús Montero, por manifestar que no puede el Ministerio que dirige publicar la lista de quienes se acogieron a la Amnistía Fiscal pergeñada por el ex–Ministro de Hacienda, de aciago y funesto recuerdo para los ciudadanos españoles, Don Cristóbal Montoro, en el año 2.012, (precisamente lo que prometió Pedro Sánchez para aprehender el Gobierno de España), pues la ley lo impide, lo cual, aun siendo cierto, que lo será, que la lista de blanqueadores de capitales a través de la lavadora de la Amnistía Fiscal, no pueda publicarse, ni siquiera con una nueva ley que lo permitiera, pues no tendría efectos retroactivos, en el caso de su Majestad, el Rey Emérito, Don Juan-Carlos I, por lo que representó para el país y lo que sigue representando, por su situación de privilegio, que tuvo y sigue teniendo, y aún más, en base a esa ejemplaridad de que hace gala la Casa Real, y por ser vos, quien sois, debido al interés general que la figura y el estatus que para España y los Españoles ha tenido la figura de Don Juan-Carlos, deberían ser publicitadas sus andanzas monetarias, del uno al otro confín, y aclarar, si, como uno más, se avino a acogerse al clavo ardiendo de la Amnistía Fiscal de Montoro.

Y todo ello, porque él mismo, ha reiterado, una y otra vez, que “la justicia es igual para todos”, que “todos somos iguales ante la ley” y “la conducta ejemplar” que han de observar quienes ejercen los cargos de las Altas Instituciones, en este caso, la Más Alta. Sin olvidar aquél otro refrán que sentencia que “de tal palo, tal astilla”.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

18 de julio de 2018

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