Un juez en su laberinto

Por Miguel Ángel Vicente
miércoles 25 de julio de 2018, 00:42h

Partamos, de principio, poniendo los puntos sobre las íes, a fin de arbitrar el camino sobre el que vertirá el presente artículo de opinión, particular y libre, del que suscribe al final.

Según el Diccionario de Uso del Español, de María Moliner (¡qué gran trabajo el de esta lingüista, filóloga y lexicógrafa!), el sustantivo Juez lo discierne en un doble sentido: “En sentido amplio, todo el que ejerce con autoridad la función de discernir el valor de una cosa o de aplicar castigos o premios a las faltas o al mérito o determinar quién tiene razón entre varios que discuten”, Y, “En sentido restringido, funcionario encargado de administrar justicia o decidir quién tiene razón en un pleito en los tribunales públicos”. Y el término “laberinto” lo configura como “Lugar en donde hay muchos caminos que se entrecruzan, de modo que es muy difícil orientarse para salir de él. Toma nombre del famoso de Creta. Se construyen a veces en parques y jardines para distracción...Enredo. Jaleo. Lío...asunto muy confuso o enredado. Embrollo”.

Pues bien, un clarísimo ejemplo de un Juez metido en un laberinto, que se ha visto enredado, metido en un lío o embrollo, del que le está costando Dios y ayuda orientarse para salir del mismo, al menos, con cierto talante airoso, no hay mucho que buscar para encontrarlo, ya que el mismo, en realidad y verdad, solito, en su quehacer del día a día, se ha ido publicitando, transmitiendo a tirios y troyanos su desazón, su desorientación, su aturdimiento, pesadumbre y desasosiego, cual, como no podía ser de otra manera, con las pistas adelantadas, que el Juez del Tribunal Supremo, Pablo Llarena, el cual lleva sobre sus espaldas y hombros, todo el peso de la causa contra el independentismo catalán, a raíz del referéndum que el Gobierno de la Generalitat Catalana, con su President por entonces, Carles Puigdemont, llevó a cabo el Uno de Octubre de 2.017, contradiciendo las presunciones del también entonces Presidente del Gobierno de España, el censurado Don Rajoy, Mariano, a la cabeza, de que jamás de los jamases se llevaría a cabo la realización del referido referéndum, dejando a aquél y a éste con un amplio palmo de narices, pues referéndum, sí o sí, lo hubo, y ello pese al aparatoso y militarizado dispositivo montado por el entonces Ministro de Interior, Juan-Ignacio Zoido, que lanzó toda una legión de orcos con el fin de, incluso con apaleamiento o lo que hiciera falta, no se votara y así evitar que el Gobierno de España quedara en evidencia y con el culo al aire. Bien es cierto, que antes de llegar a esta situación extrema e, incluso, después, Don Rajoy, Mariano, dio, una vez más, muestras de falta de cintura, de falta de tacto, de falta de diplomacia, para afrontar y enfrentar un conflicto que se veía venir y que, todo hay que decirlo, como culmen de las sucesiones concesiones de los propios Gobiernos Nacionales, incluso el del propio Don Mariano, que lo favorecieron, cuando no lo alentaron, viéndose sobrepasados cuando cayó la gota que colmó el vaso que habría de desencadenar los acontecimientos que sucedieron, dando lugar a la aplicación, por primera vez en la historia de nuestra democracia (?), del artículo 155 de la Constitución Española, a medio gas, como acostumbra usar el ya ex-Presidente del Gobierno, Don Rajoy, Mariano, el cual por cierto, ha sido objeto de un “alabatorio” sin precedentes, el pasado viernes, 20 de Julio, en el Congreso Extraordinario del Partido Popular, celebrado en el auditorio del hotel Marriot Auditórium de Madrid, en busca del Presidente perdido, y en el que los allí congregados, se convirtieron en una máquina de aplaudir, que no sé yo, si más de uno acabaría con sus manos llenas de ampollas como dátiles o, incluso, como melones, y en el que, además, se virtió más incienso que el que se vierte cuando balancean el Botafumeiro en la Catedral de Santiago de Compostela el 25 de Julio, y poniendo en un aprieto al Papa Francisco I, que se va a ver en la tesitura de canonizar, cuando no santificar, a Don Mariano. El tiempo lo dirá.

Ahora bien, si el Juez Pablo Llarena ha ido moviendo los hilos para empapelar a los cabecillas del independentismo catalán, a quienes acusa de rebelión o secesión (según le convenga), prevaricación y malversación de caudales públicos, entre otros delitos añadidos, enchironando a nueve de ellos (Oriol Junqueras, Jordi Sánchez, Jordi Cuixart, Carme Forcadell, Jordi Turull, Raul Romeva, Joaquim Forn, Josep Rull y Dolors Bassa) y pretendiendo la extradición a España de seis huidos (Carles Puigdemont, Marta Rovira, Antoni Comín, Meritxell Serret, Clara Ponsatí y Luis Puig) mediante las respectivas euro-órdenes, que le han dado un magro resultado, le ha salido el tiro por la culata, pues desde que el Tribunal de la Audiencia de Schleswig-Holstein, le diera en los morros con una resolución negando la extradición al considerar inexistentes los delitos que servían de base a la euro-orden para poner a disposición judicial en España a Carles Puigdemont, pareció torcérsele todo el edificio que había construido, cayéndosele como un castillo de naipes y dejando, prácticamente al Sr. Juez, groggy y a punto de besar la lona, aun cuando siguió porfiando, en su tozudez arduamente demostrada, para conseguir su fines, y tratando de evitar que el Sr. Puigdemont, más o menos, se riera en sus narices. Mas, todos los intentos en pos de su pretensión han ido chocando contra muros infranqueables, pese a que, por el camino, no sólo su señoría, sino Ministros y Altas Autoridades, se dedicaron a poner de hoja perejil al Tribunal Alemán (que, por cierto, no ha sido el único y con el que se han alineado resoluciones de Tribunales de Bélgica, Escocia y Suiza), al cual pusieron, prácticamente, a caer de un burro, con ataques impropios de los altos cargos que ostentan su señoría y demás adláteres, que hicieron causa común para, de la forma que fuere, atraer a su causa, al menos, al ex-President de la Generalitat Catalana, Carles Puigdemont, y poniendo a parir, tal como suena, el papel de la euro-orden, lo cual casa muy bien con el carácter español, de considerarse los más listos, los más guapos, e ítem más, los más simpáticos y los mejores, lo que no cuadra con el sinnúmero de condenas que sufre nuestro país a manos de los Tribunales Europeos, y lo que ratifica que, la Unión Europea, a este país, aún hoy, a duras penas, llamado España, se lo toma a chirigota o como el pito del sereno. Pero, en fin, de casta le viene al galgo, al que se le añade “el ser rabilargo” (recogido por Galdós en “Amadeo I”, y luego por Miguel Delibes en “Cinco horas con Mario”, expresa peyorativamente que los hijos suelen heredar las flaquezas de sus padres).

En fin, tras los descalabros sufridos, reiteradamente, por su señoría, en una lucha constante, prácticamente, más sólo que la una o que Cagancho en Almagro, ahora, en un acto de soberbia y, acaso, prepotencia, tratando de que nadie le moje la oreja, se ha decidido a retirar todas las euro-órdenes que, como churros, ha ido lanzando casi por todos los páramos europeos, con la mala suerte de que ninguna de ellas ha llegado a dar en la diana, por lo que todos los fugados podrán campar por sus respetos por todo el territorio mundial, salvo España, pues le sabía a poco que extraditaran a los huidos simplemente por el delito de malversación, que daría lugar a imponerles una pena mínima, en comparación con la que, quizás, tenía pensada, por los demás delitos, a fin de que escarmentaran, para hoy y para el futuro, y en un intento de que sirviera de aviso a navegantes. En cualquier caso, parece un exceso, como le parece a expertos en Derecho Constitucional y Penal, que el Juez Pablo Llarena siga manteniendo la prisión preventiva incondicional a los citados nueve altos cargo de la Generalitat en el tiempo de los hechos del referéndum, contrastando esta situación con la libertad condicional decretada por la Audiencia de Navarra sobre los integrantes de la llamada “La Manada”, que estando ya condenados (a más de 9 años de prisión), ha accedido a dejarles en libertad, hasta que se resuelvan los recursos interpuestos contra la sentencia de la misma, recursos que podrían elevar la pena hasta casi 20 años de cárcel. Sin embargo, aquí, aún pendiente de juicio y de formular las acusaciones delictivas, resulta que mantiene en prisión a personas por sus ideas políticas, quiera o no quiérase, quizás tratando de pasar a la historia como el impertérrito Juez que se enfrentó, sólo, como el Cid Campeador en su última batalla contra los moros, ya muerto, sobre su caballo. Y más, teniendo en cuenta, que las circunstancias de hecho y de derecho, ya han cambiado y va en camino de resolverse, en todo o en parte, a través del diálogo político, que fue lo que le faltó al PP de Mariano Rajoy, poniendo en evidencia la falta de cintura de Don Mariano, pero ya sabemos que el principio fundamental sobre todos los demás, del imaginario pepero-marianista era “laisser faire, laisser passer”, o sea, que los problemas se resolverán solos o, caso contrario, que los resuelva Rita la Cantaora.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

25 julio de 2018

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