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¿Quién fue Ana Soto?

martes 17 de junio de 2014, 12:05h
Julián García Martínez
Julián García Martínez

Junto al parque de bomberos, hay un colegio en Albacete que se llama Ana Soto. Mucha gente se preguntará ¿Quién era esta señora? Para quien tuvimos el enorme placer de tratarla y conocerla es de ese tipo de personas con una manera de ser tan especial que te dejan marcado para el resto de tu vida.

La conocí en el año setenta, recién llegada como maestra a mi pueblo, Barrax. Yo tenía sólo ocho años. Poco después la nombraron directora del colegio. Para todos nosotros, se llamaba “Doña Anita” y por su carácter abierto y dialogante, enseguida se ganó el cariño de la gente del pueblo. Recuerdo que tenía genio, pero sabía comunicar y transmitir sus ideas y pensamientos, no solo a los alumnos de su clase, sino a todo el colegio, incluyendo a padres y resto de profesores. Era única, y era la típica maestra que todos los alumnos queríamos que nos diera clase. Guardo mucho respeto por todos los maestros y profesores que he tenido desde mi niñez hasta que terminé la carrera de magisterio, pero con permiso y la compresión de todos ellos, los años de Doña Anita han sido sin duda los que más bonitos recuerdos y huellas han dejado en mi memoria. Recuerdo con especial cariño el curso de 5º de EGB y el sistema, innovador por aquel entonces, de separar la clase en dos grupos de niños y niñas y establecer tres niveles de grupos en función de las notas que se obtenían, donde subías y bajabas de grupo en cada evaluación. Era fascinante la motivación que teníamos por ser el mejor de la clase. Un día hubo un acto, donde vino un señor mayor a darnos unos premios a los que obteníamos buenas notas. Doña Anita me lo presentó. Ese señor me dio un regalo. Me paso la mano por la cabeza animándome a seguir estudiando. Lo tengo grabado en mi retina el momento. Por supuesto que yo no sabía quién era. Le pusieron el nombre del colegio a ese señor. Luego supe que era Benjamín Palencia, el ilustre pintor barrajeño.

Doña Anita me quería con locura, y yo a ella. Cuando deje el colegio para pasar al instituto no se me olvidarán mis lágrimas el día de la clausura de final de EGB. Al poco tiempo le dieron plaza en un colegio de Albacete, Luis Vives, y lógicamente se vino aquí. Entonces ella me dio el teléfono de su casa (no existía el móvil) para que la llamara de vez en cuando porque quería hacerme un seguimiento de cómo iba en los estudios (me consta que esto lo hizo con muchos de sus alumnos). En 1980 yo me instalo en Albacete para comenzar la carrera de magisterio, porque ella también me lo aconsejó. Estuve varias veces en su casa, junto a la fuente del parque, consultándole dudas y pidiéndole asesoramiento sobre algunos temas relativos a la carrera. Ella ya sabía que en Albacete yo compaginaba los estudios con el tenis, y al igual que mis padres me aconsejaba que me volcara más en la carrera que en el tenis, cosa que no hice, porque aposté por este deporte y he tenido la enorme fortuna de que hasta el momento todo me ha ido bien.

  Creo que en Albacete ya no le decían Doña Anita, sino Doña Ana ó Ana  a secas. Al poco de llegar a Albacete también paso a ser directora del colegio que desde hace unos años lleva su nombre.

  Cuenta un dicho que Dios siempre se lleva a los mejores. Lamentablemente una enfermedad se la llevó muy joven, en la flor de la vida. Yo estaba en Madrid haciendo la mili y cuando me lo comunicaron no me lo podía creer. Por lo menos, siempre me ha quedado el consuelo de mantener hasta el día de hoy una estupenda relación con sus hijos, Ana, Angela y Javier, a los que conocí en Barrax de niños, y que, azares de la vida, después hemos coincidido en muchas ocasiones en situaciones y acontecimientos tanto a nivel social como deportivo.

JULIAN GARCIA MARTINEZ

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