y deja una dinastía en su casa,. Vicente, Loles y Pilar, saben que cimientos tienen . Marisa es como esos toreros de dinastía .... y mas.
El conocer su muerte ha sido un mal trago, para tantos y tantos amigos y amigas.
Marisa deja historia en su profesión como directora de hotel y restaurante. Como hija, esposa, madre y abuela. No pienso decir ni más ni menos que lo que modestamente pienso. Que ha sido una faena la que Marisa nos ha hecho. Vio el toro, maldito toro del cáncer, a larga distancia hace diez años, y supo correrle la mano.
Dominaba el percal con entereza y con la muleta sabia hacer el cambio. Pero ese maldito toro del cáncer, cuando esta acortando distancia, se le debe correr la mano con la máxima lentitud, ella supo dominar esa suerte, pero el pase llega a su terminación, y es cuandola ciencia toma posiciones, como el peón que ve a su maestro en peligro.
El pase natural lo es todo en el torero y ella lo domino engañando los pitones del mal.
Marisa tuvo dominio, tranquilidad, entereza y supo llevar toreado al toro del cáncer. Lo intento muchas veces pero para ella no fue fácil.
Con todas las cosas extraordinarias que ha hecho al final el pase natural, el trincherazo y otras suertes del toreo y de la vida le fallaron.
Las fuerzas comenzaron a flojear, pero ella seguía confeccionando carteles de puro arte, eran sus queridas y añoradas Jornadas Taurinas, que los aficionados han sabido valorar año tras año. Ahora en ese otro lugar, les va a sorprender porque llega una gran señora, demasiado valiosa, por ello la recibirán con las puertas abiertas del cielo.
Marisa se busco así misma en vida, en su profesión y en su vocación e interés por la cultura en los toros. Disfrutó de su propia identidad y deja un legado para la historia.
Yo que tuve la suerte de compartir todas las jornadas taurinas, no voy a ser el que ensalce la figura de Marisa, porque me aprecio de haber tenido una relación cordial coincidiendo en las ideas, siempre taurinas. A buen seguro que desde ese cielo abierto de par en par, contemplara con otra perspectiva, su plaza de toros y seguirá disgustándose al verla medio vacía, y alegrándose de ver su salón lleno de lo que ella creo con toda la ilusión del mundo y que vivía los 365 días del año, sus Jornadas Taurinas Hotel Reina Victoria.