Este producto financiero recibe diversas acepciones al margen de la citada, como pueden ser préstamos rápidos, créditos online, etc. No es casualidad que cuando se anuncien, algunos términos suenen de manera bastante regular. Es el caso por ejemplo de dinero directo, flexibilidad, entrega inmediata, crédito en 24 horas, y un amplio ramillete de conceptos que se asocian a los microcréditos.
Las empresas que los ofrecen, no son ajenas al enorme éxito que están presentando estos productos financieros en los tiempos que corren. Ello es perfectamente explicable por las particularidades que facilitan, sobre todo, si los comparamos con los préstamos de toda la vida, esos que debemos negociar con el ente bancario en cuestión, el cual pretendemos que nos preste dinero.
Precisamente por eso, se esfuerzan por captar a un cliente que, paulatinamente se va volviendo más exigente, demandando un producto de calidad. El mercado poco a poco se va atomizando, y numerosas firmas ya venden créditos rápidos por Internet. Este fenómeno, no puede desembocar en otra cosa que difiera de una competencia más feroz, y con más agentes presentes implicados.
Los clientes cada vez tienen acceso a una información de mayor calidad y más amplia, y esto no parece que vaya a cambiar con el paso de los años. Internet se ha posicionado en nuestras vidas de tal manera que, ahora mismo, resulta complicado visualizar cuándo, cómo o qué tendría que pasar para que perdiera fuerza. La “era digital” ha favorecido a esas organizaciones que se han decantado por ofrecer estos productos de manera virtual. Precisamente por la cuestión citada, el potencial comprador puede acceder a información de relevancia relativa a muchos productos, promovidos por empresas diferentes. Así, tendrá un abanico para elegir, y poder seleccionar a posteriori el tipo de préstamo rápido que más se ajuste a sus exigencias y requerimientos.
Para conquistar a este público, es preciso ofrecer un producto de garantías, operando con total responsabilidad en la gestión de la información y los datos del cliente, así como en el tratamiento de la misma. Únicamente así se puede fidelizar de verdad a un público de este tipo, que no cejará en su empeño (y no sin razón) de exigir la máxima calidad que se precie.
Las Ventajas de estos créditos son muchas. Una de las más reseñables es la rapidez (como su propio nombre indica). Una vez que nos haya sido concedida la suma económica, que nos comuniquen que todo está en orden y puede realizarse la transacción, apenas suelen tardar unos 20 o 30 minutos en ingresar el dinero en la cuenta bancaria del susodicho demandante, agilizando de sobremanera el proceso, y contribuyendo con un cliente que ve con buenos ojos cómo dispone de su dinero en apenas un santiamén.
Los bancos tradicionales exigen requisitos más severos para sus concesiones monetarias, valorando muchas cuestiones antes de determinar si un cliente puede recibir la suma, o por el contrario se le deniega. Sin embargo, en el caso de los microcréditos, no se encontrarán peticiones o exigencias “desorbitadas”, y bastará con ser mayor de edad, disponer de una cuenta en nuestro país, tener un DNI que nos identifique, y poco más. Incluso, algunas firmas que trabajan con estos préstamos conceden dinero a personas que figuran en registros de morosos, tales como el famoso ASNEF. Por el contrario, si apareciésemos en una lista de este tipo, decir que resultaría prácticamente imposible acceder a una financiación “tradicional”, ya que los bancos nos pondrían imposiciones.
También el factor de poder demandarlos desde casa juega un punto a favor de ellos. Para tratar con un banco clásico, debemos acudir a una oficina o sede física que tengan. Seguramente, nos acabaríamos decantando por la más cercana a nuestra vivienda, como no puede ser de otro modo. No obstante, por pequeño que sea el tiempo que debemos ocupar para ejecutar las gestiones, ya nos obligará a salir de casa y acudir a la oficina del banco, haciendo frente en numerosas ocasiones a esas incómodas y tan repetidas colas que se forman, cuando los clientes esperan su turno.
Por el contrario, resulta casi una obviedad subrayar la no necesidad de desplazarnos para pedir un crédito rápido por Internet. Desde nuestro sofá, podemos solicitarlos de manera muy cómoda. Lo único que necesitaremos será una conexión a la red estable, y un aparato electrónico de índole personal con el que realizar las operaciones. No es necesaria una modalidad específica, ya que nos valdrían tanto un teléfono móvil, como un iPad, o cualquier ordenador que se precie (ya sea de sobremesa o portátil). Con apenas unos pocos clics podemos acceder a webs que ofrecen microcréditos.
Eso sí, no debemos confiarnos, y tenemos que estar seguros de que tratamos con una organización de confianza, ya que Internet está repleto de “piratas” que tratan de sacar rédito ante el desconocimiento que todavía tiene mucha gente en lo referente a un uso eficiente de las nuevas tecnologías…