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¿Adiós al Colegio Notarial de Albacete?

jueves 26 de junio de 2014, 14:28h
María Adoración Fernández
María Adoración Fernández

Hace unos años, en las ciudades españolas, con gran acierto, se empezaron a realizar actuaciones urbanísticas restauradoras de edificios históricos abandonados y en estados casi ruinosos, insuflándoles vida mediante la ubicación en ellos de diversas instituciones, universidades, oficinas administrativas o museos. Arquitectos y aparejadores amantes de la Historia, conocedores del valor inmenso de nuestro patrimonio artístico, afrontaron rehabilitaciones magistrales de estos edificios, que pasaron de ser tristes muros deshabitados, ensombrecidos por el desuso y la indiferencia de los habitantes de sus ciudades a recuperados  lugares llenos de la misma vida de su ciudad.  

No ha sido este el caso del edificio que alberga el  Colegio Notarial de Albacete. Pronto a cumplir un siglo de existencia, es un sorprendente y único caso de edificio creado para ser Colegio Notarial, pues fue adquirido como  solar, levantándose un  edificio perfectamente encajado en su entorno arquitectónico de la calle Marqués de Molins, con  su fachada en la que los sillares almohadillados, las columnas firmes y los arcos de medio punto, se coronan por una imponente estatua que representa la Fe.            

El edificio ha visto cómo se iban derruyendo a su alrededor otros edificios igual de emblemáticos, que hoy recuerdan todos los buenos albaceteños con melancólica nostalgia, quedando él como uno de los pocos edificios que preserva la memoria monumental de Albacete. Hoy, manteniendo su porte arquitectónico, con el esfuerzo económico de todos sus Notarios, ha ido acomodándose a los tiempos actuales, de manera que se puede decir que en él se reúnen la modernidad de los servicios que presta y el entorno tradicional en que se prestan, mezclando armónicamente el pasado y el presente que es el modo mas eficaz de afrontar el provenir.      

En el año 2008 los Colegios adaptaron su estructura territorial a la de las Comunidades Autónomas, segregándose de este Colegio la provincia de Murcia,  e incorporándose las de Toledo y Guadalajara, pasando a denominarse Colegio Notarial de Castilla-La Mancha con sede legal en Albacete. Ese mismo año accedió al cargo la actual Decana con un programa en que literalmente preveía “....con relación a la sede del colegio que cualquier decisión sobre la conveniencia de establecer en Toledo una delegación o representación, y la categoría de ésta, es algo que deberá decidir en su día la Junta General del Colegio de Castilla-La Mancha, previo un riguroso estudio de viabilidad y costes económicos...”            

Pese a  esta enfática declaración de principios, por la misma Decana se nos ha convocado, con extraña premura a los notarios a una  Junta General Extraordinaria el día 30 de este mes, para autorizar la adquisición de un local en Toledo, ya escogido por la Junta Directiva que ella preside, local de grandes dimensiones, pero no acomodado en modo alguno a los fines colegiales, pues era un anterior despacho notarial de una colegiada, por lo que precisa de obras de reforma de un elevado coste económico a añadir al importante precio de compra. Todo ello sin debate previo sobre la necesidad de una nueva sede, ni su viabilidad económica. 

El motivo de tan inusitada proposición no puede ser el de prestar mejores servicios administrativos,  pues en este punto nuestro colegio funciona de manera modélica, afrontando los cambios tecnológicos en primera  línea, y siendo escogido en ocasiones como “colegio piloto” para valorar su viabilidad. Tampoco se justifica en la situación económica del Colegio, pues es de todos sabidos la grave depresión que sufrimos, a la  que no es ajena el colectivo notarial.            

Pero no es menos cierto que esta pretensión venía siendo prevista e incluso comentada desde otros Colegios notariales , ya  que la actual Decana  ha mostrado su inclinación a celebrar actos culturales y sociales en otras ciudades, como los cursos universitarios que se vienen celebrando en Cuenca o Ciudad Real, o las celebraciones oficiales en el conocido “Cigarral de las Mercedes” de Toledo, (donde en el último año se han realizado ya dos actos oficiales). Sin que ello sea reprochable, sí lo es la total exclusión de nuestra sede albaceteña para este tipo de actos, pese a que también dispone de zonas que pueden acogerlos con notable empaque como se ha hecho con éxito años atrás, dejándola relegada, especialmente en los tres últimos años, al escueto uso obligatorio por imperativo legal para la celebración de Juntas Generales una vez al año. 

De existir una nueva sede, como parece que en la práctica está ya decidido, dada la premura y términos de una convocatoria que impide debate previo alguno,  no podemos ignorar que nuestro edificio albacetense seguirá el camino contrario al que comentábamos al principio: sus muros perderán la poca vida que últimamente se les está dando para pasar a ser muros deshabitados. La más elemental lucidez nos dice que cuando los recursos económicos son limitados, no se puede mantener todo: satisfacer los costes de un nuevo edificio “allanará” el camino del abandono del actual, cuyo salón de actos muestra ya incómodas sillas faltas de restauración, maderas que crujen y escribanías rotas donde, desde 1926, notarios tomaban sus notas.    

Me entristece pensar, que quedará la vieja estructura, pero no la vida, y quizás no podamos repetir las emocionantes palabras de Don Ramón Bello Bañón: “la estatua que corona el Colegio, que representa  la Fe...viene dando fe pública de la historia romántica, soleada y elegante de la ciudad...los ojos en venda, vendados para significar que esa fe pública no hace acepción de personas, no descuidará la certificación de los humildes...la Fe ...que remonta la virtud teologal para presidir la calle Molins.                     

En todo caso, estas reflexiones son muy personales y como jurista me someteré a la voluntad democrática y legalmente formada y manifestada por los 128 notarios de Castilla la Mancha

Nuevos tiempos, nuevas decisiones, algo se pierde siempre y esta vez, parece haberle tocado a esta acogedora ciudad, en la que no nací, a la que vine llorando, y de la que espero tardar mucho tiempo en marcharme, porque también lo haría llorando.            

Mª Adoración Fernández Maldonado

Notario de Albacete

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