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Un nuevo presidente

miércoles 08 de agosto de 2018, 03:40h

En el Partido Popular. Pablo Casado, ganador de las primeras primarias que celebraba el Partido Conservador, proclamado como tal en el Congreso Extraordinario que los Populares celebraron en Madrid, el fin de semana 20 y 21 de julio, y en el que se impuso, en segunda vuelta (ya que la primera, en la que votaba la militancia, la victoria fue para su opositora, la ex-Vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría), a ésta, siendo arropado como tal por los compromisarios, cuyos votos dieron un vuelco en la elección de los dos aspirantes. Atrás quedaron días de zozobra, casi de angustia, y desconcierto, desde que el anterior Presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy Brey, se apartara a un lado, después de haber sido defenestrado del Gobierno de España, tras la moción de censura que ganó el PSOE de Pedro Sánchez, al cual le acusan, con un cinismo bastante cristalino, fruto del desaliento, del abatimiento, del desánimo y del descorazonamiento, por la pérdida del Poder Central, de haber entrado en La Moncloa, por la puerta de atrás, por medio de la unión de los partidos perdedores, y que, por tanto, no lo ha hecho como ganador de unas elecciones, mas el tal medio (a través de una moción de censura) es tan legítimo como cualquier otro que constitucional y legalmente permita a un Partido Político llegar a La Moncloa, como paradigma de la Presidencia del Gobierno de España, y esos medios, entre otros, el de la moción de censura, está previsto y regulado en la propia Constitución Española, por lo que tratar de denigrar la limpieza del acceso al poder a través del mismo no es sino la puesta en escena de una pataleta, de un berrinche, de un soponcio de las filas, en este caso, perdedoras, de esas filas que acariciaban el poder desde dentro (PP) o pretendían acariciarlo desde fuera (Ciudadanos). Mas la escapada del Sr. Rajoy, que ante el anuncio de la moción de censura, pareció entrar en un estado de schock, dejó al Partido de sus amores huérfano y perdido como un torero al otro lado del telón de acero, tal como entona Sabina en una sus más famosas canciones.

Pues bien, tras circuncidarse el Partido Popular en esta aventura de la celebración de primarias, abandonando el ya conocido “dedazo” proveniente del Presidente saliente, nombrando a su sucesor, tal como un testador nombra heredero en su testamento, método aceptado desde los orígenes del Partido, incluso antes de adoptar su actual configuración, recordemos, nada más que por su cercanía el “dedazo” proveniente del Don José-María Aznar, recayente sobre la cabeza de su hombre de confianza por entonces, Don Mariano Rajoy Brey, y que dejó compuesto y sin novio a otros aspirantes, entre ellos el ahora judicializado y otrora alabado (como ejecutor del milagro económico, que más bien ha acabado siendo milagro para él mismo) Rodrigo Rato, y cómo aquella confianza, que parecía ciega, en su patrocinado y designado, ha acabado como el rosario de la aurora, con más encontronazos entre ambos sujetos, que los topazos que da un toro cuando sale desnortado por el toril al albero de la plaza de toros, y que ha acabado, incluso, con la ruptura de toda relación entre padrino y ahijado, hasta el punto de haber renunciado el propio Aznar a su título de Presidente Honorífico del PP, que ya es decir, y sintomático de hasta dónde se tensó la cuerda y se fraguaron los desencuentros.

Pues bien, triunfante Pablo Casado, y pese a todos los anuncios hecho por el mismo de integración, en evitación de la ruptura dentro del Partido, lo cierto es que Soraya Sáenz de Santamaría y sus “coleguís” han sido defenestrados y mandados a una travesía del desierto, que no sabemos si será larga o corta, todo dependerá del acierto del neonato Presidente, para reconducir al Partido Popular, de nuevo, hacia la victoria, y de su capacidad para hacerlo, porque la regeneración que se venía pidiendo a gritos, no sólo desde dentro del Partido, sino también desde fuera, va a ser la prueba del algodón del neófito Presidente, entre otras razones, porque regeneración no es lo mismo que juventud al frente de la nave pepera, pues bien cierto es, que un joven (en edad, hablamos), puede albergar en sus ideas, postulados y posicionamientos, principios retrógrados y reaccionarios del tamaño de las pirámides de Egipto o más altos que lo que mide la Torre Eiffel, pues ya, dentro de la propia formación pepera, se ha dejado entrever un giro hacia la derechona, o sea, hacia la derecha carca, atávica y troglodita, que, además, en alguna ocasión, ha puesto de manifiesto el interfecto. Y la regeneración, no sólo en las formas y la edad, requiere una auténtica catarsis respecto de la “corrupción” sistémica que se ha pegado al Partido como un lapa y que parece no poder desprenderse de la misma, aunque ahora haya un cierto parón en relación con nuevos casos afectantes al Partido de la ¿gaviota? (pues parece que lo de la encina haya quedado para mejor vida), y no consiste, tanto en un caso, como en el otro, en recorrerse la piel de toro de Norte a Sur y de Este a Oeste, sonriendo y haciéndose el simpático, tal como ocurrió con la reciente visita rendida a Algeciras el pasado día uno, de este mes y año, en el que incurrió en un populismo rancio y excéntrico, saludando a los inmigrantes que acababan de aterrizar de una patera, haciéndose, repito, el simpático, y preguntándole a los recién llegados, dicen que en inglés y francés, que de dónde venían y hacia dónde iba, populismo del que el propio Casado se ha cansado de acusar a los demás partidos, principalmente, Podemos y PSOE. Vamos, en una palabra, que buscaba la foto, a toda costa, para representarse como preocupado por la situación de esos pobres inmigrantes, que se quedarían pensando “y éste, ¿quién es?”. O sea, que nunca, como postula el refrán, digas que de esta agua nunca beberé, porque, a lo mejor, y más pronto que tarde, te tocará, no solo beberla, sino también bañarte en ella.

Ahora bien, este nuevo camino que se abre en el Partido Popular, está siendo lastrado por el asunto del Máster en Derecho Autonómico y Local, que el recién llegado a Génova, cursó en 2.008/2.009 en el Instituto de Derecho Público de la Universidad Rey Juan Carlos I (URJC), del que la Jueza Carmen Rodríguez Medel, Magistrada del Juzgado de Instrucción número 51 de Madrid, viene entendiendo, como una pieza separada del caso central que se inició con el mismo Máster respecto de la ex-Presidenta de la Comunidad de Madrid, ex-Presidenta del PP Madrileño y ex-Diputada de la Asamblea de Madrid (todos estos cargos los perdió a consecuencia del rifirafe del citado Máster), Cristina Cifuentes, que puede traer cola, tras la citación en días pasados de tres alumnas imputadas por este mismo Máster y del director del indicado instituto, el Catedrático Enrique Álvarez Conde, en cuyas comparecencias, con negativa de éste último a declarar, el nombre de Pablo Casado desapareció de la memoria de todas las allí llamadas dando, por casi probado, que al obtener este Máster (y no sabemos si otros) era un chollo en esta Universidad, pues parece que se obtenía sin ir a clase (cuestión fundamental, me parece) sin presentar un trabajo fin Máster (TFM) y sin comparecer ante ningún tribunal para defenderlo, convalidándose los créditos para su obtención, poco menos que como los chiquillos cambian los cromos repetidos del Álbum de Fútbol del momento, sea de la liga Nacional o del Mundial de Rusia.

Y este asunto no es baladí ni cosa accesoria o anecdótica, como los vocingleros del PP se han apresurado a proclamar, más, teniendo en cuenta que la propia Magistrada ya ha imputado a tres alumnas, a saber, a María Mateo Feito, hija de Teresa Feito, ex Asesora de Cristina Cifuentes, por un delito de prevaricación administrativa; también imputada a Maria-Dolores Cancio Álvarez, vinculada al Instituto de Marras, y a Alida Mas Taberner (su secretaria de la Generalitat Valenciana en la etapa de Francisco Camps), por un delito de cohecho impropio. De sus declaraciones se desprende que los títulos se obtenían poco menos que como churros y sin esfuerzo alguno por parte de los estudiantes, siendo el caso de las tres citadas imputadas análogo al de Pablo Casado, al que la Juez no puede imputar por encontrarse aforado, por lo que la Magistrada ya preguntó al Congreso de los Diputados por la situación del Presidente del PP, como Diputado, paso previo para trasladar la causa al Tribunal Supremo, competente en este caso respecto de los aforados, cosa que ya ha hecho estos días pasados.

Como se ve, no es un caso objeto de opinión tardía tal como cierto individuo calificaba mi carta insobornable, titulada MASTERES FANTASMA, en mí cita con la COPE, el pasado 27 de Julio, pensando que, quizás, muerto el perro, muerta la rabia. Y califica, además, la opinión, de sesgada, reconduciéndome a “un poco más de consistencia en las opiniones”, “más que nada, añade, para que los desinformados habituales no se crean todo lo que leen”, lo cual es una contradictio in terminis, porque los desinformados no leen ni escuchan “res de res”. Lo que no es de recibo es que nos pongamos un anteojeras (“cada una de las piezas que llevan las guarniciones de las caballerías para taparles los ojos lateralmente” según el diccionario del Uso del Español de María Moliner), o un pañuelo que ciega la vista como ocurre con los caballos de los picadores en la plaza de toros, y nos traguemos carros y carretas o piedras de molino, o nos hagan creer que los burros vuelan. Porque las cosas son como son, con arreglo a su naturaleza, y por mucho que nos duelan, no podemos revertirlas a nuestro gusto y antojo. Y no tengo nada personal contra el Sr. Casado, al que le deseo suerte en su cometido en el ejercicio de su nuevo cargo, y que, si es posible, salga indemne del asunto de los másteres.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

6 de agosto de 2018

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