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A cada político le llega su máster

miércoles 19 de septiembre de 2018, 01:02h

Que es lo mismo que decir que “a cada cerdo le llega su San Martín”, que tal como expresa Alberto Buitrago Jiménez, en el Diccionario Espasa de Dichos y Frases Hechas, “con esta sentenciosa expresión se da a entender que a cada uno le llegará su hora, en el sentido de que si alguien ha actuado de forma incorrecta, tarde o temprano pagará su culpa, o sea, seguirá el mismo camino que el cerdo, destinado, aunque no tenga culpas, sino más bien todo lo contrario, al fin de todos conocido: la matanza, que comienza a efectuarse por San Martín, cuya festividad se celebra el 11 de Noviembre” y ejemplifica con un “No merece la pena que contestes a sus ofensas. Déjalo: a cada cerdo le llega su San Martín”.

Pues bien, remendando este refrán, del más puro refranero español, tan certero, como, casi siempre, tan puñetero, y a rebufo del monumental lío y rifirrafe que se está montando con los ya dichosos (no como adjetivo del que disfruta de dicha, sino como adjetivo yuxtapuesto a algo que resulta molesto o fastidioso) másteres, desde el que abrió el fuego, a saber, el de la ex Presidenta de la Asamblea de La Comunidad Madrileña y del Partido Popular de Madrid, y, a su vez, ex Diputada de la citada Asamblea, Cristina Cifuentes, pasando por el del eufórico (¡Ay que ver las ganas que este hombre tenía de convertirse en cabeza de león!) actual Presidente del Partido Popular, a nivel nacional, Pablo Casado, hasta aterrizar en el más reciente de la ya ex Ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, Carmen Montón, segunda víctima del Gabinete formado por Pedro Sánchez, como Presidente del Gobierno de España, en el plazo récord de los primeros cien días, junto con el que fuera Ministro de Cultura Màxim Huerta, obligados a dimitir, éste a apenas dos semanas de su nombramiento (bien puede decirse que duró lo que un caramelo a la puerta de un colegio) por haber defraudado 200.000 euros a la Hacienda Pública, y la primera, por haberse demostrado, en un caso más, las irregularidades clamorosas (manipulación de notas y plagio a diversos autores en su trabajo final) en el Máster (de cuyo nombre no me acuerdo) cursado en el Instituto de Derecho Público (bajo la dirección del inefable Sr. Álvarez Conde) de la Universidad Rey Juan Carlos, Universidad que al paso que van corriendo los días, está periclitando, boca abajo y sin frenos, pues no en vano, todas estas trapacerías, chapuzas y trato de privilegio, están deteriorando muy seriamente la credibilidad y la estima de lo que una Universidad debe ser, como centro de enseñanza y del conocimiento, y, para más inri, incidiendo en esa misma credibilidad y prestigio del sistema universitario español en general, lastrado por la endogamia existente para cubrir plazas de profesorado, desde in illo tempore, y que, con este nuevo escándalo, le va a resultar Dios y Ayuda salir del bache, que se vaticina para largo tiempo, ante los hechos acaecidos y los que estarán por acaecer o jamás saldrán a la luz, y ante otro descubrimiento escandaloso: el profesor Pablo Acosta, encargado por el rectorado de la Universidad en cuestión de hacerse cargo del Instituto de Derecho Público, constató que el pasado 20 de Junio alguien había borrado 5.400 correos electrónicos, emitidos y recibidos, entre 2.008 y 2.014 de las cuentas del Instituto, y del que, a mayor abundamiento, su Director, el catedrático Enrique Álvarez Conde, desde 2.006, no presentaba cuentas a la Universidad. O sea, todo un despropósito, sancionador del principio “yo me lo guiso, yo me lo como”.

Ahora, en esta vorágine de “titulitis” de nuestros prohombres mandamases, de quienes tienen o intentan tener la máxima responsabilidad, en relación con los bienes y la vida de quienes integran el armazón, material y personal, de este país, aún hoy, a duras penas, llamado España, quizás para ocultar su falta de preparación para tal menester, su inepcia, su ineptitud y su incapacidad (cualidades que atesoran quienes se dedican a la administración de la cosa pública, con carácter general) y, en su afán por intentar destacar sobre el pueblo, siembran vientos de los que vienen estos lodos, con el intento de inflar, de manera artificial, arbitraria y estrafalaria, sus “currículums”, deseosos de que el macero del Congreso de los Diputados, en la presentación de cada elemento electo, se pase tres horas enunciando los títulos de que gozan sus señorías, ególatras por lo demás, que quieren, con esta artificiosidad, colocarse por encima de quienes son administrados, cuando, en realidad, su preparación conceptual y su mochila de conocimientos, desbarran y si fueran sometidos al más nimio examen sobre los mismos, seguramente habría que volver a desempolvar las orejas de burro que aquellos maestros hasta bien entrado el siglo XX, hacían colocar sobre las cabezas de los alumnos torpes de solemnidad, amén de hacerles estar arrodillados, con los brazos en cruz y con un monumental tocho de libros en cada una de las manos, de cara a la pizarra. Y es que estos sujetos, creen que el salir electos en unas elecciones, les hacen ser acreedores a los Premios Nobel y que la sabiduría se integra en sus cerebros por arte de birlibirloque, colocándose sobre sus cabezas una llama depositada sobre las mismas por el Espíritu Santo, aunque sean todo lo contrarios que se pueda ser a las creencias religiosas, especialmente, respecto de la Religión, Católica, Apostólica y Romana. Y cuando les rascas “una miaja”, resultan estar más vacíos por dentro que un coco cuando ya le has extraído su contenido.

Pues bien, en esta pelea, o, ya más bien guerra, abierta entre los partidos políticos, intentando cada cual hacer recaer las sospechas sobre el otro, a fin de salvaguardar sus propias vergüenzas y quedar indemnes ante el mismo pecado que predican del prójimo, se han enzarzado ahora con la Tesis Doctoral del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a iniciativa de un filibustero con más ansias de poder que hambre y sed un anacoreta, el Jefe o Mandamás de Ciudadanos, Albert Rivera, que no tiene empacho alguno de enfundarse en la enseña nacional, o sea, en la bandera oficial española, para tratar de demostrar que es el más patriota de todos, lo cual habría que verlo, pues ya dice el refranero español, ¡ay, el refranero español! repito, tan certero como, casi siempre, puñetero, “dime de qué presumes, y te diré de qué careces”. Pero este hombre público, a falta de otra cosa que ofrecer y obtener algún voto más, recurre casi al esperpento, y menos mal, que parece haber prescindido del acompañamiento de Marta Sánchez entonando, lacrimosa y horteramente, el himno nacional. Pues bien, y seguimos con el refranero, tan…, como…, “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”, si bien éste tomado del Evangelio según San Lucas, a razón de presentarle a Jesús, por parte de los fariseos una mujer según los mismos sorprendida en flagrante adulterio y a la que habría que apedrear, respondiéndoles el Mesías “Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra” (Capítulo 8, versículo 7). Y como chiquillos, que es a la postre lo que sintetizan nuestros políticos de pacotilla, le instan al Presidente del Gobierno a comparecer en el Congreso de los Diputados a dar explicaciones sobre su Tesis doctoral, lo que ya es para mear y no echar gota, y tal soflama se le ha revuelto al instigador, Sr. Rivera (que, por cierto se cree libre de pecado) como un boomerang, ya que en su currículum figuraba, hasta ayer, su calidad como “doctorando” en Derecho, en la página oficial del Partido, desmintiendo la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), a través de la Vicerrectora de Comunicación y Promoción, Virginia Luzón, que el Sr. Rivera sea en la actualidad “doctorando”, ya que inició los cursos de doctorando en Derecho Constitucional y comenzó a hacer la tesis en 2.002 y dejándola al albur de las vicisitudes políticas que le llevaron a abandonarla para dedicarse al oficio más antiguo del mundo, después del de la prostitución; y tratando de echarle un capote, la portavoz adjunta del grupo naranja en el Parlament, Sonia Sierra, defendió que el líder de la formación incluya en su currículum que es “doctorando” (o sea, que está en trance de doctorarse) en Derecho Constitucional por la Universidad Autónoma de Barcelona, porque a su modo de ver (gran vista tiene la portavoz), “doctorando es una persona que ha comenzado las asignaturas pero aún no ha terminado la tesis”, a lo cual habría que argüir, que el término “doctorando”, de acuerdo con el Diccionario de Uso del Español, de María Moliner, significa “persona que va a pasar el examen para obtener el grado de doctor o que estudia para ello”, lo cual contradice abiertamente el sentido onomatopéyico que la dicha portavoz le quiere dar al término, ya que éste indica presente, o que se examina, o que está estudiando para examinarse, lo cual queda muy lejos del estadio de la tesis pretendida por Don Albert, iniciada en el 2.002 y abandonada para dedicarse a la política, lo que no hubiera sido óbice para continuarla, ya que los dichos políticos patrios se consideran tan guapos y artistas, amén de “listos”, o lo que es lo mismo, que para un lumbreras no hubiera habido impedimento en continuar con su preparación para “doctorarse” y dedicarse a la política, lo contrario ratifica las escasas facultades de quienes se creen lo más listos del mundo mundial.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

19 de septiembre de 2018

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