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Radiografía de un país (X)

miércoles 20 de marzo de 2019, 02:22h

Es indudable que tal como avanzan los días y las noches, se van sucediendo, sin solución de continuidad, hechos y actos, más bien sucesos por su carácter de tétricos, lamentables e insoportables, que van golpeando la mente de los ciudadanos, y van hollando las mismas, creando en la ciudadanía una a manera de descreencia y consiguiente decepción, en los órganos de la Administración del Estado (incluida la relativa a la Administración Pública en general), que harán, más temprano que tarde, la aparición de un pasotismo en la ciudadanía de tal calibre que, en realidad, hará que cada cual vaya a lo suyo, se circunscriba al yo y mis circunstancias, pasando cada cual olímpicamente del vecino, sea pariente o no. Porque, en verdad, los Órganos de esa Administración Pública, a través de sus prebostes, han olvidado la esencia de la misma y de ellos mismos, que por razón de sus cargos y sus responsabilidades deben dar ese paso al frente que, de una manera, firme y tajante, infunda credibilidad y confianza entre la ciudadanía a fin de que ésta no tenga que despertarse un día tras otro sin saber, a ciencia cierta, qué le puede ocurrir o qué camino debe tomar, en consonancia con la ejemplaridad que le es exigible a esa cohorte de mandamases que, amén de hacer a aquélla cumplir la ley, son los primeros en deber acatar la misma y, por tanto, cumplirla a rajatabla, sin que les asista excusa alguna para llamarse andana y hacer de su capa un sayo.

Pues bien, mientras esa cohorte de jerifaltes no hagan acto de contrición, se confiesen y cumplan la penitencia que les sea impuesta por su indolencia, mentecatez o ineptitud, estaremos llamados al desamparo y a la desconfianza más absoluta en relación con las admoniciones, sean legales o no, que manen de esos órganos torticeramente dirigidos por quienes siendo los primeros en el cumplimiento del deber y las obligaciones atañentes a sus cargos, miren para otro lado, se desentiendan de los verdaderos y graves problemas que afligen a la ciudadanía y declaren que esta fiesta no va con ellos, dedicándose, por contra, a esquilmar a esa propia ciudadanía, a la que deben lealtad, y se dediquen a engordar su faltriquera metiendo la mano en la Caja Pública de Caudales, mermando el contenido de las mismas, hasta dejarlas más secas que la mojama, poniendo cara de corderos degollados y haciendo como que la cosa no va con ellos, para lo cual, en este suplicio que nos queda por pasar y soportar, previo a las elecciones generales (28 de abril) y Autonómicas, Locales y Europeas (26 de mayo), a fin de que casi por toda la generalidad de Partidos Políticos de cualquier pelo, ralea y color, nos traten de poner el futuro como un camino de rosas si nos inclinamos por votarles a ellos, poniendo de manifiesto lo nefasto y negativo que va a resultar si votamos por el contrario, siendo especialmente gracioso, por no decir vergonzante y de locos, que el Partido Popular incite a Vox a no presentar candidaturas en aquellas circunscripciones en las que se diriman tres o cuatro disputados, aludiendo al “voto útil”, por cuanto la división y dispersión de los dichos votos entre PP y Vox, dicen, no harían sino beneficiar al PSOE, lo que mutatis mutandi, cabría interpelar al PP de Pablo Casado a que predique con el ejemplo y se sacrifique él mismo, no presentando candidaturas el PP en dichas circunscripciones para beneficiar a VOX, o, al menos, para no hacerlo a favor del PSOE. Propuesta o proposición ésta del Partido Popular que no se le ocurriría ni al que asó la manteca, aunque ciertos medios de comunicación (diarios “ABC” y “La Razón”) le dan cancha, pero estas cosas ocurren cuando los mandamases de tal partido se creen imbuidos del dogma sacramental de la verdad, que sólo ellos pueden esgrimir, reiterando cansinamente que fuera del PP no hay vida y reprochando a Ciudadanos y a Vox su contribución a dividir a la derecha, instándoles a no presentar listas en aquellas poblaciones que puedan hacerle sombra a los populares, tomando por memos o lelos al resto de formaciones y, en este caso concreto, al Vox de Abascal. Es más o menos como espetar, pongo por caso, al Juli, a que mate, de consuno e involuntariamente, calamitosamente mal a sus toros, a fin de que, igualmente pongo por caso, Roca Rey, o cualquiera otro primer espada, logre un triunfo con su lote. Luego se quejan Casado y sus acólitos y corifeos de ser objeto de “fake news”, sin hacer examen de conciencia y poner al frente de ciertas listas electorales a personajes de la ralea del padre de Mari Luz, Juan José Cortés, o como ya lo hiciera también el PP con María del Mar Blanco, que, teniendo en cuenta las pérdidas de su hija y el asesinato de su hermano, respectivamente, sobre los cadáveres de esas personas tan allegadas a los mismos, asienten las bases para presentarse a las elecciones y, en definitiva, sacar provecho de la desgracia padecida por una y otro, para encumbrarse en un cargo político a fin de chupar de la teta del Estado, sin dar un palo al agua. Pero, en fin, ya sabemos la catadura moral de tanto y tanto aprovechado que ven su oportunidad en encamararse a esa especie de serpiente en que se convierte la lista electoral de un Partido Político.

Y abundando en este desmierde que rige la sociedad actual, llaman la atención los hechos en el ámbito judicial, que ponen los pelos de punta y que abundan en la función última de los Jueces y Magistrados como encargados de la Administración de Justicia, y que parecen, como esos toreros malos y miedosos, que ante la cornamenta del astado de turno se cagan en los pantalones y se conforman con hacer una faena de aliño para evitar males mayores, si es que no salen corriendo por patas y se dejan el bicho vivo para que lo maten los matarifes. Y me refiero a dos decisiones judiciales recientes que claman al cielo. Una, la resolución de la Audiencia Provincial de Pontevedra, que ha ratificado la condena de prisión por un delito de maltrato que un Juzgado de primera instancia impuso a una madre que dio dos bofetadas a su hijo de diez años, que se negaba a ducharse, condenándola a dos meses de cárcel y a seis meses de prohibición de acercarse al menor a menos de 200 metros, bofetadas que seguramente se las merecía el hijo, si es que no se merecía tres o cuatro, socavando la autoridad de la progenitora y dejándola al pie de los caballos y a merced de lo que en el futuro decida un chiquilicuatre de diez años, que acabará convertido en un delincuente como poco, y, probablemente, envalentonado para llevar a su madre por la calle de la amargura, si es que no la maltrata físicamente o, incluso, la mata . Y la otra, la ratificación por la Audiencia de Granada de la condena a Juana Rivas, por sustracción o secuestro de sus dos hijos, menores de edad, a cinco años de cárcel y a seis de pérdida de la patria potestad, sin tener en cuenta que la actuación de la madre no fue debida sino al profundo amor que una madre de verdad siente por sus hijos y en el afán de evitar males sobre ellos provenientes del progenitor. En ambas decisiones judiciales rezuma un patético machismo judicial, en las que no se ha tenido en cuenta el interés de los menores, a los cuales, a la larga y a la corta, privándoles de la asistencia materna, van a perjudicarles en su formación espiritual, integral y de civismo y ambas están incursas en esa especie de resoluciones judiciales en las que los jueces y magistrados se limitan a interpretar la ley literalmente, olvidando que las mismas han de interpretarse “ultra vires litterae”, es decir más allá de la literalidad de las mismas, a fin de sacar a ellas el máximo de jugo (como cuando se exprime un limón o una naranja) y aunque tengan que hacer una interpretación extensiva y retorcida para acabar dictaminando una resolución que sea justa, o sea, que en la misma reluzca la JUSTICIA, así con mayúsculas, en beneficio de una equidad a favor de todas las partes concernidas, especialmente cuando hay menores de edad por medio, cuyo interés debe primar sobre cualquier otro. Pero ya sabemos que para hacer este tipo de reflexiones hacen falta ciertos atributos de los que, al menos, en apariencia, parecen adolecer ciertas togas y puñetas, que, desde luego, dormirán a pierna suelta, creyendo que han cumplido con su deber, amén de ostentar una vocación de servicio intachable, y no tomar el ejercicio de la judicatura simplemente como un medio para obtener un salario para vivir. Ejemplaridad, se llama eso, que, desde luego, también cabe exigir en quienes ostentan el Poder Judicial, a fin de que sus resoluciones no generen escándalo y alarma sociales y pueda la ciudadanía seguir confiando, en última instancia, en el amparo judicial.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

19 de Marzo de 2019

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