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Es la educación, estúpido (III)

miércoles 23 de octubre de 2019, 05:26h

Cerrábamos la anterior entrega sobre este trabajo con “Y la corrupción, tal como ha salido a la palestra en la concesión de doctorados, másteres y otras hierbas, altas y bajas, ha empozoñado lo que nunca debió dejar de ser el centro del saber, de la ciencia, de la investigación, del aprendizaje, del pensar y del razonamiento y, en definitiva, de la libertad en su más amplio y máximo sentido”. Y cabria añadir, lo que nunca debió dejar de ser el centro y punto de gravitación de la cultura de las civilizaciones, en su más amplio sentido, como indica María Moliner, en su Diccionario de Uso del Español, “conjunto de los conocimientos, grado de desarrollo científico e industrial, estado, social, ideas, arte, etc., de un país o una época”, en definitiva, un centro de conocimientos, erudición, ilustración e instrucción, desde el que encender las luces y sobrevolar sobre las sombras, robusteciendo el devenir de la civilización y el avance de la ciencia y del conocimiento, en su más excelso sentido.

Pues bien, al parecer, todas esas cualidades y virtudes que debieran desprenderse de la Educación entendida como la materia destinada a formar, ilustrar, instruir, cultivar, enseñar y preparar, a los ciudadanos, integrantes de una sociedad, a fin de conseguir el progreso, la prosperidad, la mejora y el crecimiento espiritual y material, en el presente y, sobremanera, y hacia el futuro de las nuevas generaciones, quedan arrumbadas en el rincón del olvido.

Ahora bien, si subvertimos el orden y el destino de esos grandes centros del saber y de la ciencia que deben habitar en las Universidades, convirtiéndose en centros de corrupción, de corruptelas y perversión, en la Casa de Tócame Roque o en un Patio de Porteras o de Monipodio, habremos dado con la piedra filosofal para destruir una civilización , pues, a la historia me remito, todas las grandes civilizaciones cayeron por alentar esos grandes pecados capitales y abrazar, sin escrúpulos, los mismos, rechazando las virtudes derivadas de una verdadera y auténtica formación, en lo personal, lo espiritual y lo económico, sustituyéndolos por el imperio de los más bajos instintos, de la podredumbre, la putrefacción, la depravación, la perversión y el envilecimiento, en una cadena sin solución de continuidad y de oca a oca, y tiro porque me toca.

Y si la Educación, mejor dicho, el Sistema Educativo, es harto esencial en la Educación Básica y en la Media, en su intento de sacar lo mejor de los jóvenes estudiantes, para una formación integral en lo divino y en lo humano, no hay que dejar de lado la Educación Superior que se programa, a través del curso de diferentes carreras, en la Universidad, a la cual le afecta igualmente, si es que no más, que en la misma imperen los principios de objetividad, esfuerzo, dedicación, trabajo, sacrificio y estudio, para lograr no sólo alcanzar los mayores retos y las mayores cotas en la especialidad como tal, sino también en el ámbito personal y espiritual del alumno.

Y si la Educación Primaria y Media, necesita de una Ley de Educación que proclame y pretenda esa formación, a todos los niveles y en todas las materias, la excelencia y la extraordinariedad del sujeto pasivo, o sea, del alumno, no es menos necesaria una reforma integral de la Ley de Educación en materia universitaria, que es el sacrosanto lugar, el santa sanctorum, desde el que se ha de impulsar al ciudadano, bien pertrechado desde los primeros niveles educativos, en aras de ocupar en la sociedad el puesto a que, según sus posibilidades y habilidades, pueda ocupar, asumiendo las tareas, las labores y los cometidos de sus progenitores, en orden a que la civilización y el futuro de los países puedan seguir avanzando por un camino recto y seguro, sin apartarse de los principios y valores fundamentales sobre los que se asienta ese modo de convivencia, que llamamos sociedad.

Desde luego, en el ámbito territorial español, algo debe de fallar, por muy farrucos que se pongan los Rectores de nuestras Universidades, para que en el ránking de la excelencia universitaria de Shanghái, no aparezca la primera Universidad Española, la Autónoma de Barcelona, hasta el puesto 200, y muy relegadas las demás, desde el 300 en adelante, dando envidia las que ocupan los primeros diez puestos, ocho estadounidenses y las británicas de Oxford y Cambridge. Repito, algo debemos estar haciendo mal, y una de las peores causas, acaso, sea la endogamia en la provisión de titularidades, a nivel Catedrático y otras escalas, cuyo sistema aleja, quizás, a los mejores preparados para ocupar el puesto, ya que esa endogamia obliga a los aspirantes a una sumisión, casi de por vida rayana en la esclavitud, al superior, y sin entrar por el haro, ya sabes la dificultad de lograr ese objetivo. Y sobre esto, la Autoridad competente, Ministerio de Universidades y Consejo de Rectores, mirando para otro lado, sin que ninguno se atreva a entrar al trapo y salir de ese vicio que acaba fagocitando el nivel de excelencia de los docentes, lo que repercute muy negativamente, en el alumnado, lo que no es óbice para que existan excepciones, con arreglo a las cuales el camino hacia la licenciatura deba ser como Dios manda.

Mas, por si fuera poco, ese nivel de excelencia exigible a las Universidades, se ha empañado recientemente con el afloramiento del reparto de títulos (doctorados y másteres), a gogó, en una suerte de tómbola, en la que el número del sorteo se ha entregado, privada y previamente, al aspirante a Doctor o Máster, empezando por el Doctorado de Cristina Cifuentes, en la Universidad Camilo José Cela, que rompió el fuego, con falsedades documentales impropias de un centro del saber y la ciencia, con personajes sin escrúpulos, ansiosos de ostentar en sus currículum vitae formalmente, lo que no pudieron o no quisieron alcanzar con su trabajo y dedicación. Y así, hasta llegar a las Tesis Doctorales enlatadas y vendidas a gusto del consumidor como churros, con un resultado de excelencia “cum laude”, tales como la del Presidente en Funciones del Gobierno Español, Pedro Sánchez, que se ha acabado demostrando, patente y claramente, su plagio sobre el trabajo final, o sea, sobre lo fundamental para obtener ese título de Doctor, título muy goloso para los políticos, los cuales anhelan llenar sus currículums con carreras universitarias, doctorados y másteres a discreción, la mayoría de ellos inexistentes o fraudulentos, sin ruborizarse porque sus trabajos sean verdaderamente plagios de obras hechas por verdaderos investigadores y personas que se lo curran, mas es más fácil dedicarse a la charla y la oratoria creyéndose en posesión de la verdad absoluta y que pegue chapa otro, que luego yo, acudiendo a esa página web “El Rincón del Vago”, que ya el nombrecieto identifica por sí a quienes acuden a él, se sacan las castañas del fuego y con la contemplación de la autoridad competente, todo va como miel sobre hojuelas. Así se ha destapado el fraude de las tesis doctorales del Sr. Sánchez, del Presidente del Senado Manuel Cruz y de Concepción Canoyra, entre otros, siendo llamativo que esta última ostentara el cargo en la Comunidad de Madrid, de Directora General de Educación Concertada, Becas y Ayudas, obligada a dimitir por Isabel Ayuso, Presidenta de dicha Comunidad.

Y bien puede decidirse que estos escándalos, aunque puestos de manifiesto principalmente en la Universidad Camilo José Cela, bien pudiera constituir un “modus operandi” generalizado, ante el que no se puede hacer la vista gorda, tal como parece hacerlo el Ministro en Funciones de Ciencia, Innovación y Universidades, Pedro Duque, por lo que sería necesaria para salvar la salud de nuestros centros del saber, una investigación a fondo, de la que no sabemos cuántos camiones de basura serían necesarios sacar al estercolero para devolver el brillo y el esplendor a los centros del saber y de la cultura por antonomasia.

MIGUEL-ÁNGEL VICENTE MARTINEZ

23 de Octubre de 2.019

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