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Es la educación, sí (epílogo)

miércoles 06 de noviembre de 2019, 08:00h

Sí, efectivamente, la solución y lo necesario para alimentar las esperanzas del futuro de un país, es la de partir con un sistema educativo sobre el que pueda fundamentarse, de una manera inequívoca e incontestable, los conocimientos precisos e indispensables, con una formación íntegra e integral en valores y principios éticos y morales, a fin de que las generaciones que nos sucedan puedan ejercer una labor en pos de la seguridad y la convivencia pacífica dentro de la sociedad a la que deben servir desde cualquier punto de vista y desde cualquier puesto que en la misma ocupe cada cual.

Y esto es lo que nuestros gobernantes, desde el advenimiento de la pseudo democracia que padecemos, han olvidado desde el primer momento, preocupados solamente por la consecución de sus fines particulares y privados y dejando al albur y al azar la consecución del bien común y social, olvidando, por tanto, en el baúl de los recuerdos los intereses generales dirigidos a la consecución de ese fin, esencial para la subsistencia de una sociedad madura y preparada en cada momento para alcanzar las metas y resolver los retos y problemas que sobre la marcha se presentan, en pos de la consecución de los principios generales y programáticos de la justicia, la equidad y el bienestar de la ciudadanía en general.

Mas, la esencia de la educación ha sido obviada regular y paulatinamente, por nuestros mandamases, sustituyendo la ciencia y el estudio ,y, en definitiva, la formación, de las sucesivas generaciones, por un simulacro de enseñanza, dirigido, simple y fundamentalmente, a alimentar en la misma una ideologización, de todo punto incompatible con los principios fundamentales del saber, de la ciencia y de la formación integral de las mismas, en un intento último, de lavar el cerebro desde la más tierna infancia de los ciudadanos, con la finalidad de convertirlos en adeptos, de los principios, si es que pueden llamarse así, manchando la palabra de los verdaderos y auténticos principios, programáticos del Partido de turno en el poder, a fin de poder éstos, preservar y guardar sus privilegios y mantenerse en la poltrona caigan rayos y centellas.

En este sentido, nada más iniciarse el camino de la llamada Transición y con la llegada al poder del Partido Socialista Obrero Español, liderado en aquel entonces (1.982), por un vendedor de crecepelo llamado Felipe González, con su mano izquierda, el inefable, vicepresidente del Gobierno de aquél, Alfonso Guerra (aquel que proclamara que a España no la iba a conocer ni la madre que la parió, ¡y bien cierto que su premonición se cumplió!), comenzó la debacle educativa en este país, aún hoy, a duras penas, llamado España, con la implantación de la nefasta Ley de Educación, conocida como LOGSE, basada en el principio fundamental de sustituir la instrucción tradicional (aprender a leer, a escribir, a sumar, restar, multiplicar y dividir, etc., etc.) por un inventado sistema de juegos, pues a los niños y niñas les entraría mejor la materia jugando a la comba o a las canicas, dando origen a una serie de generaciones estancadas en el conocimiento y en el saber, ayunas de base en la que pudiera fundamentarse una formación adecuada para el desempeño de las funciones que la sociedad exige para poder seguir su camino y su rumbo hacia el futuro, provocando una serie de hornadas en las que saber la capital de cualquier país vecino, saber quién era Felipe II, saber quién eran los Reyes Católicos, o la raíz cuadrada de dos o la equivalencia del número pi, o el río Ebro o el Tajo o el Guadalquivir, requería un esfuerzo de titanes y aún así, con ayuda y comodines, como acostumbran a entronizarse en los concursos televisivos, era y es, repito, un esfuerzo de tal calibre para el que no estaban preparados más que dos de cada cien.

Y es que, a decir verdad, con la dichosa Logse y otras que la han sustituido, no se pretendía otra cosa que la creación de una masa informe de carne con ojos, de analfabetos, de incultos, de zopencos; y no digamos utilizar la memoria, tan importante para la vida, como el comer o el dormir, con alumnos universitarios quejándose de cara a los exámenes porque en el mismo entraban catorce o quince folios, tarea imposible en la que la colaboración de los padres ayudaba a hacerla más elevada (¡pobre hijo mío, lleva un examen cuya materia ocupa esos trece o catorce folios, ¿Cómo quieren que se aprendan de memoria esos textos?!), colaborando, así, de esta manera, a que el esfuerzo, el sacrificio, el estudio, la abnegación y la propia moral del alumnado quedase hecha unos zorros.

Y es que, en definitiva, abandonando los principios fundamentales dichos del esfuerzo, del trabajo, del estudio y del sacrificio, no se pretendía otra cosa que, en vez de formar integralmente a las futuras generaciones, éstas fueran cada vez más ignorantes, con la finalidad de hacerlas más sumisas y manejables, más dependientes, de quienes ostentan el poder, de tal manera que, con esta filosofía (¿he dicho filosofía?) se consiguieran eliminar del cerebro de los jóvenes las virtudes de la voluntad y la inteligencia, y, en definitiva, la del razonar y la del pensar, formando escuadrones de ineptos dependientes, como unos discapacitados y en verdad lo son, de los dicterios y directrices del mandamás de turno, comulgando con ruedas de molino, tragando carros y carretas y convencidos de que los burros vuelan. Lo dicho, conseguir el sueño de todo gobernante que tiende a perpetuarse en el poder, de no dejar títere con cabeza, de formar y conformar una masa mansa de carne con ojos, y a la vez, cretinizada e idiotizada, aunque se le dore la píldora de vez en cuando, con esa frase inexcta, por falsa y grosera, de que “tenemos a la juventud mejor formada de la historia”. ¡Vivan los novios, hála, a brindar con cava catalán y aquí paz y después gloria!

La prueba del algodón de que lo que venimos diciendo es verdad, de esas verdades que cantaba el barquero, es que en los estudios que se realizan para evaluar la marcha de la Educación, entre otros, al conocido como Informe Pisa, acaban colocando a España en la cola del mundo respecto a la preparación de nuestros alumnos, a todos los niveles, y si nos referimos a la Educación Superior, la que se dispensa en las Universidades, ahí está el Ránking de Shanghái difundido recientemente en el que la primera Universidad Española que asoma la cabeza es la Autónoma de Barcelona, en el puesto 200, y cuyos primeros diez puestos están ocupados por ocho Universidades Norteamericanas y las clásicas de Gran Bretaña, Oxford y Cambridge. Y cada vez que nos miramos al espejo en uno de estos informes debiera ser para ponerse rojo escarlata, y así en las encuestas que recopila Eurostat y en el nuevo informe realizado por la compañía dedicada a la enseñanza de idiomas Education First, en relación con el nivel de inglés, sitúan a España en los últimos puestos de Europa, ratificando que ésta es una asignatura pendiente que no acabamos de aprobar bajo ningún concepto, poniendo de relieve el escaso interés que la autoridad competente pone sobre la mesa para potenciar este idioma, el inglés, como primera lengua, tras el castellano, de aprendizaje en los centros escolares. Pero, ¡que si quieres arroz, Catalina! no salimos del bache por más que estiremos la cabeza escondida bajo el ala y por más que la Princesa Leonor se dirija a los catalanes en catalán y en árabe.

Mas la insensatez que parece albergar las directrices de la Enseñanza, base de la Educación, viene ratificada por experimentos (recordemos que éstos deben realizarse con gaseosa) harto controvertidos promovidos por Bruselas, y con ello me estoy refiriendo al Programa Erasmus, implantado hace ya unos cuantos años en la zona de la Unión Europea, con la finalidad de que los alumnos de un país de la Unión puedan realizar, al menos, un año de carrera en un país de la Unión distinto del propio, y como este experimento tenía que triunfar sí o sí, es por lo que los “erasmitas” conseguían disfrutar de un año sabático pleno de juergas y viajes, obteniendo en su currículum sobresalientes y matrículas a gogó, sin haber pegado un palo al agua durante el curso en cuestión, porque ya me explicarán Vds. cómo se pueden obtener esas notazas estudiando en un idioma ajeno, aunque sea el inglés, que ya vemos cómo nos ponen en los informes o encuestas, cuando en el propio país y con el idioma español, pongo por caso, cuesta Dios y ayuda que muchos alumnos puedan pasar el trance de un examen y conseguir, además, una buena nota. Pues, aunque parezca mentira y con ánimo de seguir, como los avestruces, con la cabeza bajo el ala, la Unión Europea, ha aprobado un nuevo Plan de Erasmus, que bien podríamos denominar o bautizar como el de la madre de todos los Erasmus, o un salto triple, mortal y sin red, y para el que ya se han presupuestado 85 millones de euros: estudiar una carrera completa, cada curso en un país diferente de la Unión Europea, pareciendo integrarse Europa en el desmadre de la Educación, quizás por haber percibido esa incontestable ventaja de sodomizar intelectualmente a los alumnos, a fin de convertirlos en esa masa de carne con ojos, incapaces de pensar y de razonar, por haberles extirpado la voluntad y la inteligencia, estabulándolos como se estabula al ganado ovino, vacuno o caprino, conformándose con el pienso que los gerifaltes europeos tengan a bien echar en sus comederos. No es de extrañar que quien quiera recuperar su idiosincrasia, su identidad, su soberanía y su libertad como el Reino Unido, haya hecho las maletas y esté a punto de decirle a la Unión Europea: “Bye, Bye”.

MIGUEL-ÁNGEL VICENTE MARTÍNEZ

6 de Noviembre de 2.019

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