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El laberinto del Rey

miércoles 15 de enero de 2020, 06:02h

Ya se nos ha echado encima, contra viento y marea, un Gobierno populista, nunca mejor encuadrada esta calificación, enraizado en las cavernas del socialismo rancio y ultra, del comunismo puro y duro, marxista, leninista y estalinista, por más pelos y señales, anclado en los principios de la Revolución Bolchevique, que planeó durante buena parte del siglo XX, y que supuso el mayor atentado contra la libertad y la vida de las personas. Un Gobierno que se autotitula “progresista”, y que ya ha dado muestras de este progresismo que ventila por las bocas traidoras, enfermizas y mendaces de sus autores: derogar la prohibición de que las menores de 16 y 17 años puedan abortar sin consentimiento de sus progenitores, poner en marcha la ley que permita la eutanasia (que pondrá en cuarentena y alerta a los mayores instalados en las Residencias Públicas, y en los mismos hospitales), prohibir, contradictoriamente, las corridas de toros, para evitar el sufrimiento de estos nobles astados, mientras se destruye la vida de cientos de miles de seres indefensos en el vientre de ¿su madre?, y si le hacen caso al senador de Compromís, el botarate Carles Mulet, impedir que haya sacerdotes en los hospitales, alegando que la asistencia religiosa no es un “derecho reconocido a la salud”, añadiendo que “ciertas posturas integristas religiosas en materias éticas o morales pueden ir contra los principios básicos de la ciencia o la medicina”, hablando poco menos que “ex cáthedra”, como si él fuera un científico o filósofo de relumbrón, cuando por las preguntas que en su día dirigió al Ejecutivo no le calificaran más bien de incapaz para el ejercicio de tan alto honor de ostentar el cargo de Senador de la Nación Española (tales como inquirir por los protocolos del ejecutivo central “ante una apocalipsis zombie”, o su pregunta tras la llegada de los barcos que trasladaron a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad a Cataluña con motivo del referéndum del uno de Octubre de 2.017 sobre “si habían pedido permiso para usar su imagen a Piolín, El Pato Lucas o el Coyote” o “si los policías habían comunicado al Gobierno que habían visto un lindo gatito por los pasillos”), lo cual ya pone en su sitio a tan indigno representante del pueblo- español, y todo ello en el afán de no dejar títere con cabeza, amedrentar al ciudadano y secuestrarle su libertad, sumiéndole en el fondo de las cavernas y en la oscuridad y nebulosa más absolutas.

Ahora bien, cabría preguntarse si alguien, en este país, aún hoy, a duras penas, llamado España, pudo o debió hacer algo para impedir que el Pseudo-Doctor-Sánchez se saliera con la suya, o sea, volver a instalarse en el Palacio de la Moncloa, usando el Falcon a su arbitrio y capricho, dado el camino elegido por el mismo para alcanzar tales metas, pues cierto es que su alianza con la escoria parlamentaria, incluido Podemos, lo ha sido a base de promesas imposibles de cumplir, ya que la mayoría de ellas se basan en claros y flagrantes incumplimientos de las leyes de nuestro Ordenamiento Jurídico, incluida la Constitución Española, amén de someter a presión y amenazas indignas a las más altas instituciones del Estado, bastando recordar el papelón que le obligó hacer a la Abogacía del Estado, tanto en el proceso del “procés”, valga la redundancia, como en el intento de que el Sr. Oriol Junqueras, condenado por sentencia firme a trece años de prisión e inhabilitación para cargo público, por sedición y malversación de caudales públicos, pudiera salir de la cárcel para hacerse cargo de su acta de eurodiputado en el Parlamento Europeo, petición calificada de “insólita” y “atípica” por el Tribunal Supremo (quizás por no querer llamar a la misma como se merece y para no faltar al decoro y respeto que una institución con el prestigio y calificada de Cuerpo de élite se merece), tendentes a que los servicios jurídicos del Gobierno quisieran que el Alto Tribunal “negociara” con el Parlamento Europeo “los términos de la libertad de movimientos a que podría acogerse Oriol Junqueras” tras el fallo de la Gran Sala de Justicia de la Unión Europea que otorgó (recordemos que antes de la citada sentencia firme) “inmunidad” al dirigente independentista. Habiendo admitido la eurocámara que Junqueras no puede ser Diputado, dando marcha atrás en la petición inicial realizada por el Socialista Sassoli, quien ha solicitado el nombre de su sustituto.

Así se expresa Juan-Luis Carrasco en su artículo del pasado Viernes 10, en el Diario “La Razón”: “Pues sí, aunque parezca increíbñe, en pleno siglo XXI, en una sociedad avanzada y acomodada (quizás, añado, sea esto último la causa de nuestro pasotismo) como la nuestra, con toda la historia trágica que arrastramos y los padecimientos de medio mundo en la centuria pasada, aún existen comunistas, devotos de seres como Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot y demás criaturas que se presentaron en este mundo con la misión principal de arrebatar vidas por millones en beneficio propio y de su guardia de corps”. Y sigo añadiendo yo, sumiendo a los países sobre los que derramaron su odio, su ira, su intransigencia, su rencor, su rabia y su demencia, en la más absoluta y completa pobreza, ruina y miseria, económica y moral, constituyendo en la actualidad un régimen o sistema desterrado de cualquier país civilizado y, supuestamente por tal, con conciencia.

Por todo ello, extraña que hayamos agachado la cabeza ante lo que se nos venía encima, sin que nadie en este país, vuelvo a repetir, aún hoy, a duras penas, llamado España, haya movido un dedo o lanzado una reflexión sobre el infierno que se avecina, y me refiero a alguien con potestad y autoridad política y moral, para haber impedido lo que va a suponer el desguace de una nación consolidada a lo largo de quinientos años, desnudando todas sus instituciones y dejando abandonados al pairo y a la intemperie a los 47 millones de españoles.

Y aquí apunto directamente, a su serenísima Majestad el rey de España, hoy Felipe VI, el cual algún papel más deberá o debería desempeñar en esta Nación sobre la que reina, tal como le inquieren ciertos preceptos constitucionales que pasamos a enunciar:

“Artículo 56.1: El Rey es el Jefe del estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las Leyes”.

“Artículo 62: Corresponde al Rey: d) Promover el candidato a Presidente del Gobierno y, en su caso, nombrarlo, así como poner fin a sus funciones en los términos previstos en la Constitucion… h) El mando supremo de las Fuerzas Armadas…”.

“Artículo 8.1: Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército el Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional…”

Veamos a continuación, según el Diccionario de Uso del Español, de María Moliner, el significado y alcance de esas primigenias funciones reales, a que se refiere el punto 1. del artículo 56 de la Constitución Española, a saber, “arbitrar” y “moderar”:

“Arbitrar: Decidir algo libremente / Resolver sobre un litigio por encargo de los litigantes / Ejercer de árbitro de un partido / Encontrar o allegar algo como medios, recursos, un remedio o una solución / Particularmente, recursos para satisfacer las necesidades públicas”

“Árbitro: Se aplica a la persona que decide con su propia autoridad y no tiene que someterse a otra / Persona que decide quién tiene razón en una disputa / Particularmente persona que aplica el reglamento en las competiciones deportivas / Persona con influencia en cierta materia porque su criterio se considera autoridad”

“Moderar: Evitar, quitar o disminuir la violencia o exageración de cualquier cosa material o espiritual / Disminuir la violencia o exageración de algo / Dirigir un debate, por ejemplo, dando la palabra a los participantes y controlando sus tiempos de intervención”

Finalmente, “Moderador: Se aplica al que o lo que modera”.

Pues bien, vistos los preceptos referidos y el significado, en sus amplios sentidos, de los términos “arbitrar” y “moderar”, no habríamos llegado a donde estamos si nuestro Monarca no hubiera encargado la formación de Gobierno al Seudo-Doctor Sánchez, tal como así ocurrió, por la sencilla razón de que éste acudió al recibimiento protocolario desnudo de apoyos suficientes para lograr la investidura, a no ser que le contara al Rey sus intenciones de negociar y dar contrapartidas a independentistas (ERC Y PNV para romper la unidad de España) y con solo esto hubiera bastado para frenar la hecatombe , ya que las negociaciones con los primeros iban en camino y así ha llegado a ser, de ofrecer una mesa de “diálogo” de tú a tú, entre el Gobierno de España y Cataluña, amén de consentir un referéndum (lo llaman consulta) para incidir en la autodeterminación, o sea, el quebranto de la unidad patria, y la salida de los presos del “procés”, que como vemos han sido condenados por los mismos delitos que el Sr. Seudo-Doctor, consentirá a ERC, amén de cualesquiera otros pactos y condiciones aún secretos que pondrán los pelos de punta al más pintado.

Ante estos títeres y ditirambos, nuestra Majestad el Rey de España, debería haber echado mano (por eso se llama golpe de mano, que no de Estado), de los Ejércitos sobre los que asume el mando supremo, haber detenido a tanto delincuente, haber propuesto la formación de una Gestora o Gobierno Provisional que en un plan máximo de tres meses convocará nuevas elecciones, porque no es de recibo que vayan a gobernar quienes están incurriendo en los mismos delitos que aquellos que ya han sido juzgados y condenados por sentencia firme a cárcel e inhabilitación para el ejercicio de cargo público por el Tribunal Supremo. Ese sí hubiera sido un buen servicio a la patria y una señal inequívoca de que el Monarca Español toma cartas en el asunto de extrema gravedad para España y los Españoles, tal como la Reina de Inglaterra las tomó avalando el acuerdo del Brexit de Boris Jhonson y la disolución del Parlamento por decisión de éste, aunque la revocara la Corte Suprema del Reino Unido, y hubiera demostrado que el papel del Monarca en nuestro entramado institucional no se limita a mero adorno y modelo de pasarela y hubiera justificado la existencia de la monarquía parlamentaría como forma política del Estado Español, tal como proclama el artículo 1.3 de la Constitución Española.

Por otra parte, y a la vista empieza a ponerse de manifiesto, y sin esperar a la primera reunión del Consejo de Ministros, ha comenzado la destrucción del Estado de Derecho Español: la descortesía del Presidente Pseudo-Doctor Sánchez de no ir a la Zarzuela a comunicar a su Majestad el nombre de los miembros de su Gobierno (según éste por habérselo comunicado según nombraba a un ministro por teléfono, lo cual es tomar al Monarca español por el pìto del sereno) y la designación de la ExMinistra de Justicia Dolores Delgado para el cargo de Fiscala Generala del Estado, en cuyo nombramiento se intuye la decisión de dominar la fiscalía, con grave perjuicio para su independencia y autonomía, decisión, como poco, poco ética y de peor estética.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

15 de Enero de 2.020

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