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El otro virus

miércoles 18 de marzo de 2020, 22:02h

Me gustaría pensar que el maldito coronavirus que se ha llevado por delante ya a muchos de nuestros mayores nos hará reaccionar en positivo.

Es el momento de reivindicar “lo público” dicen algunos, sin recordar que tanto el comunismo como el fascismo basaron sus proclamas en eso mismo, un pretendido bien común obviamente muy malentendido.

Pues no. Es el momento de las responsabilidades individuales, de la generosidad, de la bondad, de la necesidad de tomar decisiones y proyectos colectivos por encima del conflicto, la codicia y la irresponsabilidad de algunos en la que hemos estado instalados durante demasiado tiempo.

Necesitamos un cambio mental global. Si, global. Sin fronteras.

Nos ha faltado tiempo para cerrarlas. Quisiéramos sin embargo que otros nos las abrieran si en sus latitudes no se diera la enfermedad como alguien ha comentado.

Ni Europa ni mucho menos Naciones Unidas están teniendo un papel trascendental en esta crisis. Ayudarán, pero no pintan nada porque sus decisiones están demasiado burocratizadas.

Necesitamos todos una formación ética sólida que nos haga pensar en los demás, y olvidarnos de si el gobierno interviene demasiado o demasiado poco en la sociedad. No es el modelo de estado sino la ética que lo sustenta lo importante.

Mientras esta crisis sanitaria sigue creciendo, no puedo dejar de decir que nuestro egoísmo está matando a más gente que el virus.

Qué decir del virus del hambre y del de la migración que no miran la edad de los fallecidos y a los que tristemente nos hemos acostumbrado sin que invirtamos lo necesario en su erradicación.

Saldremos de este virus pero mantendremos las concertinas, y las fronteras cerradas a los sirios y demás emigrantes del hemisferio sur.

Todos merecemos una oportunidad y me gustaría pensar que el coronavirus nos hace pensar en ello y tomar las decisiones justas, que en estos temas sin duda son las contrarias a las que hemos adoptado hasta ahora.

El futuro existirá si pasamos por encima de los pusilánimes y apoyamos a los líderes activos, constructivos, positivos, responsables y sinceros no de nuestro partido, sino de cada uno de los partidos políticos que nos gobiernan.

No sería una mala idea para ello que el sistema en ese sentido cambiara y pudiéramos elegir personas y no partidos.

Dejemos de proteger intereses espurios. Pensemos en los demás. Seamos generosos.

Mahatma Ghandi decía: “Humildemente me esforzaré en no poseer nada que no me sea necesario”.

Barak Obama decía en su discurso de juramento a la Presidencia de los EE.UU: “Ofrecer oportunidades a todas las personas, no por caridad, sino porque es la vía más firme hacia nuestro bien común”.

Como dice un buen amigo mío, si no lo hacemos así, nos quedan dos telediarios.

Pensémoslo.

Albacete, 18 de marzo de 2020.

Miguel López Valles

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