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Desarticuladas dos bandas que estafaban a bancos y a operadoras de telefonía en Guadalajara y Madrid

martes 02 de junio de 2020, 12:12h
La Policía Nacional ha desarticulado dos bandas que estafaban a operadoras de telefonía y a entidades bancarias en una operación en que han sido detenidas veinte personas en las provincias de Guadalajara y Madrid

y en la que se ha conseguido esclarecer un fraude de más de 820.000 euros.

Los cabecillas de ambos grupos tienen menos de 30 años pero cuentan con altos conocimientos en materia de estafas y habían conseguido reclutar una extensa red de colaboradores en la Comunidad de Madrid, informa la Dirección General de la Policía.

Las primeras investigaciones se remontan al año 2018, cuando los agentes detectaron a dos jóvenes que se dedicaban a cometer estafas bancarias con la participación de otras personas conniventes en la zona del Corredor del Henares de Madrid.

Sin embargo, a principios de 2019 se produjo una discusión entre ambos, lo que provocó que cada uno ellos empezara a actuar de manera independiente.

Ya por separado ambos jóvenes comenzaron a realizar estafas cada vez más complejas y especializadas, por lo que ampliaron su red de colaboradores, así como la infraestructura, metodología y técnicas financieras que denotaban un conocimiento preciso de las mecánicas de detección del fraude.

Uno de los dos jóvenes se especializó en las estafas masivas y sistemáticas a las operadoras de telefonía para las que se hacía pasar por un alto directivo de una compañía con el objetivo de infiltrarse en las tiendas de móviles.

Para ello, se trasladaba a los establecimientos de la operadora en automóviles de lujo, que previamente había alquilado, para adquirir una gran cantidad de teléfonos de gama alta que conseguía mediante finaciaciones asociadas a varias empresas que él administraba y que carecían de actividad real.

Según la Policía, la teatralidad del acusado y su buena apariencia le permitió en varias ocasiones operar desde las tiendas con los propios equipos y el sistema gestor de clientes de la operadora.

Aprovechaba esta circunstancia para eliminar permanencias, alertas y avisos sobre impagos o estado de las financiaciones, con lo que se garantizaba poder acudir a nuevas tiendas para repetir la mecánica de adquisición de terminales financiados.

Además, poseía un alto nivel de conocimiento sobre los operadores de telefonía, para los que habría llegado a trabajar años atrás, lo que le garantizó poder operar con el sistema en remoto, desde su propio domicilio, a través de la web de la compañía, con claves y usuarios ajenas pero válidas.

De esta manera, modificaba las alertas tanto en las tiendas como a distancia, lo que le permitía adquirir de forma sistemática cientos de terminales de alta gama que posteriormente vendía en plataformas de productos usados, con lo que llegó a defraudar 400.000 euros.

Por su parte, el líder del otro grupo se especializó en estafas bancarias con las que llegó a defraudar 420.000 euros.

Para ello reclutó una extensa red de personas en localidades como Alcalá de Henares, Camarma de Esteruelas, Torrejón del Rey y Guadalajara principalmente, que daban de alta empresas y sociedades sin actividad real.

Su único fin era posibilitar operaciones entre cuentas bancarias, cuyo resultado siempre consistía en movimientos de dinero que generaban deudas por impagos a los bancos que a priori no detectaban el fraude.

El modus operandi consistía en cargar operaciones sucesivas con tarjetas bancarias controladas por el entramado en los datáfonos de las empresas conniventes, con la opción de “operación retenida” activada.

De esta manera, el dinero que se movía entre cuentas, una vez que era recibido, se retiraba en efectivo o se volvía a transferir, puesto que a final de semana o de mes esas operaciones eran retrocedidas o anuladas, lo que significaba que el dinero regresaba a la cuenta de origen y en ese momento se generaba el descubierto o saldo negativo, que finalmente generaban impagos.

Con esta metodología, se garantizaba que los descubiertos en esas cuentas bancarias pasasen desapercibidos al ser contabilizados como impagos derivados de una actividad económica o empresarial por los bancos.

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