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Un sastrecillo valiente

miércoles 28 de octubre de 2020, 04:58h

Había expectativas, en realidad, putativas, acerca del resultado de la moción de censura, presentada, en su día, por el líder de VOX, Santiago Abascal, no en cuanto al resultado de la misma, que ya sabemos que el actual Gobierno Progresista de España, cuenta con la aquiescencia y el respaldo de la morralla parlamentaria, aparte de Podemos, si es que a éste le podemos excluir de este lote, a saber, Bildu, ERC, JxCat, PNV, Compromís, la CUP, BNG y Mas País y algún que otro iluminado, como Teruel Existe, y que, por tanto, la moción presentada, de ninguna de las maneras iba a salir adelante. Si acaso, pretendía instar al Partido Popular a decantarse por oponerse radicalmente a ese Gobierno Progresista y de pacotilla, muy legal si se quiere, pero ilegítimo en la médula del mismo por aunar a formaciones que se tienden radicalmente para destruir España, la Constitución de 1.978 y, en última instancia, cambiar el sistema democrático, basado en la Monarquía Parlamentaria, por otro análogo, si no igual o superior, al de las Repúblicas Bananeras, singularmente, La Venezuela de Maduro, la Bolivia de Evo Morales, la Cuba de Fidel Castro, o, incluso, la Corea del Norte de Kim Jong-un, cual se desprende de la deriva que dicho actual Gobierno patrio está tomando en aras, como digo, de desmontar todo el entramado que se basó en la llamada y alabada Transición Española, o sea, del paso del régimen instaurado por el Caudillo y Generalísimo de los Ejércitos, Don Francisco Franco Bahamonde (contra el que estas fuerzas no han podido cuando debieran haberlo hecho, sino hasta que el mismo yacía más de cuarenta años en el panteón del Valle de los Caídos) por una presunta democracia, ya que la misma, sin haber llegado a la mayoría de edad, ya fue alanceada en 1.985, por la reforma que llevó a cabo el Ejecutivo del entonces Presidente del Gobierno, Felipe González, con su escudero de confianza, Alfonso Guerra, que ya quebró, en la médula, el principio básico que define a una DEMOCRACIA, así con mayúsculas, cual es el de la Separación de Poderes, formulado por Montesquieu, lo que se concreta en la independencia de los tres existentes, a saber, el Ejecutivo, el Legislativo (éste, en verdad, siempre entreverado con el primero) y el Judicial, siendo la independencia de éste último la clave para que funcione con normalidad una democracia, pues el mismo tiene como misión fundamental poner coto a los desmanes, excesos, tropelías y desafueros, en que suele incurrir el Poder Ejecutivo, sobre todo si goza de la mayoría absoluta del Parlamento, a fin de que los derechos fundamentales de los ciudadanos, particularmente, el que proclama la libertad, no sean cercenados, por esa deriva de quien aupado al poder por unos votos en las elecciones generales, se cree con patente de corso para actuar a su libre albedrío, con plena arbitrariedad, injusticia, iniquidad, tiranía y despotismo en que se traduce todo exceso y abuso de autoridad, cuando los Altos Cargos de la Judicatura se dejan en cuanto a su nombramiento, al arbitrio del Poder Ejecutivo, lo sea directamente o a través del Legislativo, que también mangonea y es mangoneado. Poco favor pueden hacer al pueblo esos órganos judiciales, sometidos al Poder Ejecutivo, sufriendo el acoso y la injerencia del mismo, coartándole la libertad para poder decidir libremente, valga la redundancia, sobre aquéllos excesos, que es lo que ocurre, en todo país calificado de bananero, autoritario, tiránico y dictatorial. Y ejemplo que nos retrata, en la manera de comportarse ese Ejecutivo en nuestro país, aún hoy, a duras penas, llamado España, han sido las duras advertencias que han partido de la Comisión Europea, sobre la pretendida reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial, en los términos planteados por la proposición de ley presentada al Parlamento por PSOE y Podemos, con la aviesa intención de dejar en manos del Ejecutivo el nombramiento de doce de los veinte miembros del Consejo General del Poder Judicial, a fin de ahormar y dirigir a los Jueces y Magistrados y demás órganos jurisdiccionales, en sus decisiones y resoluciones, a favor del Ejecutivo, deriva que ya empezó a tomar cuerpo con el nombramiento de la Fiscala Generala del Estado, en la persona de Dolores Delgado, Ministra de Justicia, el día anterior a su nombramiento y cuyas directrices tienden a cortar todo intento de que este Gobierno (con una partido imputado y varios de sus miembros asimismo, e incluso, el propio Pablito Iglesias al borde de su imputación, pongamos que hablamos de Podemos) se le toque un solo pelo, y prueba de ello fue la resolución que adoptó el Teniente Fiscal del Tribunal Supremo, el orondo y rechoncho, Luis Navajas, de que el Alto Tribunal archivase las primeras veinte querellas contra el Gobierno y sus adláteres por la gestión de la Pandemia derivada del Covid, fundamentalmente basada en la imposibilidad de saber lo que nos venía encima, cuando el Departamento de Seguridad Nacional, dependiente directamente del Ministerio de Presidencia (¿Dónde estabas, Iván Redondo?) advirtió del peligro de la misma hasta once veces desde enero hasta el mismo 7 de Marzo, con comunicación al propio Presidente del Gobierno y a casi todos los Ministerios: ¿no sabían lo que no venía? o ¿no quieren saberlo?, teniendo en cuenta que el foco inmediato de su extensión partió de las concentraciones que el día 8 de Marzo tenían por objeto celebrar el Día de la Mujer, a mayor gloria de la Ministra de Igualdad, Irene Montero. Siendo una vergüenza y una ignominia para los fallecidos, los contagiados, los familiares de unos y otros y para el pueblo español en general, que, aún, a día de hoy, siga apareciendo en pantalla el nefasto y enfermizo, Fernando Simón y el Ministro de Sanidad, Salvador Illa (¡qué maravilla!).

Pues bien, aparte de esto, más la hecatombe económica derivada de la pandemia, es lo que movió a Santiago Abascal a dar un paso al frente, a fin de llamar la atención de los españoles y de los panolis que asientan sus posaderas en los escaños del Congreso de los Diputados, sobre la inacción y el desastre que ha supuesto en el ámbito sanitario y económico, este mal llamado Gobierno Progresista de España, maldecido por quien tenga dos dedos de frente, y, a la vez, despertar del sueño de los justos a ese Partido Popular, que cada día se hace menos necesario para resolver los problemas que acucian a España.

Y, como es de recibo, la moción de censura tiende a desvelar y poner al descubierto las carencias de que adolece quien teniendo en sus manos el poder y la decisión sobre la hacienda y la vida de los españoles, se llaman andana y están más preocupados por sus poltronas que por la ruina, la miseria y el hambre, en que sumen a su pueblo, con una actitud pasiva, y adoptando la postura de un Don Trancedo de tomo y lomo, y si un dedo mueven, va en contra precisamente de lo que necesita la Nación Española en estos momentos. A ello, tendía, precisamente, la presentación de la moción de censura, que ya se sabía y sabía Santiago Abascal, que no prosperaría por las razones antedichas, pero dirigida a poner en evidencia las carencias del actual Ejecutivo y a despertar de su sueño a un partido que sestea por el hemiciclo, pensando para sus adentros en lo buenos que son sus dirigentes, pero planos en sus planteamientos y en sus iniciativas, buscando el aplauso de los suyos, tal como los busca el Pseudo-Doctor-Sánchez, en lo que no se diferencian mucho.

Pero, héte aquí, que saltó a la palestra, en su vena de sastrecillo valiente (¡pobrecillo!), una vez más , Pablo Casado, soltando mandobles por acá y por allá, rectifico, solamente por acá, o sea, contra la uña de su propia carne, Santiago Abascal, como si la moción de censura se dirigiera contra él, en vez de contra el actual Gobierno, poniendo de manifiesto la cobardía que acongoja al principal partido de la oposición cuando tiene que enfrentarse a la ultraizquierda (ya no hay izquierda propiamente dicha en este país) y la cagalera que el susodicho Abascal provoca entre las filas de los peperos (que aún no saben si son pachón o gorrino), cual hiciera la aparición del cadáver del Cid Campeador a lomos de su Babieca, entre las filas de los sarracenos en su día. Lo cual no es sino la muestra de esa derechona casposa, rancia y tenebrosa, incapaz de sobreponerse a sus perjuicios y miedos (esa “derechita cobarde” a la que se refiere Abascal), dejando el camino libre y expedito para que el Pseudo-Doctor-Sánchez y su Gobierno Progresista de España, logre lo que no pudo lograr Adolf Hitler, es decir, la instauración del IMPERIO DE LOS MIL AÑOS, y en eso están y lo proclama Pablito Iglesias: la derecha no volverá a sentarse en el Consejo de Ministros en este país. ¡Toma del frasco, Carrasco! Y es que, viendo lo visto en el hemiciclo español, con esa actitud rastrera y canallesca del Presidente del PP en contra de quien pretendía poner de manifiesto los grandes y graves defectos y dislates de este Gobierno Progresista de España, liderado por el Pseudo-Doctor-Sánchez y Pablito Iglesias, a los cuales hizo el juego y poco menos que se puso en posición de decúbito supino para que le entraran por donde más duele, con esa actitud de maricomplejines que acompaña casi de por vida al PP y, sobremanera, en los últimos tiempos, especialmente, el de Mariano Rajoy, “El Barbas” y el otro “Barbas”, nacido de las entrañas de aquél y ahora su heredero, por más que le niegue tantas veces como San Pedro negó a Cristo, en el proceso de su detención y crucifixión, sigue con esos complejos identitarios que en el Partido parecen haber dejado huella indeleble. Y como no podía ser de otra manera, con estos mimbres, los medios de comunicación en pleno, salvo alguna honrosa excepción, incluso los propios, alabaron la intervención de Pablo Casado, que dejó vivo y coleando al Pseudo-Doctor-Sánchez, incluso más vivo todavía, si cabe, contribuyendo con el NO del Partido Popular a alinearse con el Gobierno, amén de con toda la morralla de filo-etarras, independentistas, aprovechados (PNV) y demás ralea de ultraizquierda, cuyo objetivo es destruir España y darle una patada en el culo a su Majestad el Rey de España. Vana gloria, que pontifican esa cohorte de tertulianos de pacotilla, que arrastran por los platós sus miserias, tras un plato de lentejas.

Y es que, en su tradicional papel de pardillo, Pablo Casado y el propio PP, una vez más, han caído en la trampa preparada por la ultraizquierda y los medios de comunicación, tanto afines a aquéllos (porque irradian la misma pardillez de ellos), como a éstos, y se tomó a conciencia que la moción de censura iba contra el Partido Popular, de ahí ese intento de desprestigiar a quien hasta ayer formaba parte de las filas peperas, Santiago Abascal, al que lanzó diatribas personales de muy mal gusto, improcedentes, porque no era la cuestión ni el lugar, pero se envalentonó como le ocurriera con la destitución de Cayetana Álvarez de Toledo, en esa estrategia de zaherir y eliminar a los propios, en espera del aplauso y el reconocimiento del enemigo, el cual le toma el pelo sin que se dé por enterado. Va a tener razón Pablito Iglesias de que esta derechita cobarde jamás volverá a calentar con sus antifonarios las poltronas de un Consejo de Ministros en España.

En fin, es lo que hay. Y la prueba del algodón de que Casado ha dado un impulso hacia ese pretendido Imperio, es que su intervención haya sido elogiada por el Gobierno, especialmente por Pablito Iglesias. Nos darán por todos los costados, mientras este Partido Popular perdido en su autocomplacencia, se alinee, directa o indirectamente, con sus enemigos y trate de complacer al Gobierno, con decisiones, tales como ejemplo, la destitución de la Portavoz del partido en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo (quizás a petición del propio Pseudo-Doctor), porque cantaba las verdades del barquero y ponía coto y freno a los Vicepresidentes, Pablito Iglesias y Carmen Calva Poyata) por no ser políticamente correcta, como no lo soy yo. Y así nos va.

MIGUEL ÁNGEL VICENTE MARTÍNEZ

28 de Octubre de 2020

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