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El sectarismo como dogma

miércoles 13 de enero de 2021, 06:16h

Estamos asistiendo, casi al cien por cien, desde todos los puntos cardinales de la política, de los medios de comunicación y de la opinión pública, en general, lógicamente ahormada y anestesiada por los voceros de la izquierda y de la ultra-izquierda, amén de por la ración diaria de vacunas cerebrales impartidas por los medios afines a las mismas, prácticamente todos, porque los que no son por razón de sangre, se contaminan para no quedar atrás y ser señalados con el dedo de la ignominia bolchevique y para no ser tachados de políticamente incorrectos (e incluso por ese saber nadar y guardar la ropa, a fin de no quedar eliminados del pienso crematístico que se dispensa desde los distintos recovecos del poder, léase publicidad institucional y otras bagatelas al uso), al linchamiento del, a estas horas ya, ExPresidente de los United States of America, el magnate Donald Trump, aunque, a decir verdad, todo el entramado orquestado y dirigido a hacerle morder el polvo se activó nada más obtener un triunfo claro en las Presidenciales del año 2.016, frente a una de sus más bastardas enemigas, Hillary Clinton (que, por poca vergüenza torera que hubiera tenido, habría declinado ser la contrincante de aquél en los indicados comicios, dados los antecedentes de perversión y degeneración puestos de manifiesto por otro exPresidente, Bill Clinton, esposo de la misma, puestos de manifiesto en su affaire, único que salió a la luz, con la becaria que, al parecer, se la chupaba por debajo de la mesa del Despacho Oval), sin dejar de lado a esa otra que, a cara de perro, encarnación pura del mismo Diablo, ha estado hostigando contra el entonces Presidente electo, la Presidenta de la Cámara de Representantes Estadounidense, Nancy Pelosi, cuyo nombre, por sí mismo, ya puede darnos unas pistas sobre el armazón moral de la interfecta, las cuales, una y otra, dejaron a cara descubierta y sin paliativos, ni cortarse un pelo, su animadversión hacia el magnate, que, quitando los efectos de la devastadora pandemia originada por el coronavirus, catapultó a los EEUU de América, a los mayores confines y logros, no diremos de su historia, pero sí para lograr corregir el rumbo de degeneración en que se encontraban desde la nefasta era de Barak Obama, ídolo de masas izquierdistas, por el solo hecho de ser negro, y que, con ese timorato escudo de las instituciones mundiales, incluidas, cómo no las europeas, y en ese afán de comportarse siempre dentro de los límites de lo “políticamente correcto”, antes de posar sus posaderas en el sillón de la Mesa del Despacho Oval, ya le habían concedido el Premio Nobel de La Paz, que debieron quitárselo nada más empezar a ser efectivo su mandato, por convertirse en el mandatario americano que más expedientes de deportación firmó, que se embarcó en guerras como quien no quiere la cosa, que dejó de cumplir sus promesas electorales, entre otras, el cierre de Guantánamo, pero como izquierdista de pro y, repito, por ser negro (que aquí el color contó, inclusivamente a favor del mismo), nadie osó criticarle ni llamarle la atención, pues, a decir verdad, sólo se dedicó a bailar, en compañía de su simpática señora Michelle Obama, mientras, el Sr, Trump, con todas sus salidas de pata y sus, acaso, torpezas, logró levantar el país a cotas a las que no había llegado en el pasado inmediato.

Pero ya sabemos, cómo son la izquierda y la ultraizquierda y esos medios de comunicación adictos y tertulianos de medio pelo, vendiendo su alma al diablo por un plato de lentejas, que van arrastrando sus miserias y su mediocridad por los platós televisivos y radiofónicos, amén de los medios que se auto proclaman independientes o, incluso, de derechas, pero que muerden el anzuelo que les tienden aquéllas, y no son capaces de cantar las verdades del barquero, en una especie de calzonacismo impresentable, que acabará ahogándoles en sus propios vómitos. Y ahora, ya ha llegado la excusa para la tormenta perfecta sobre la figura de Donald, con motivo del asalto al Capitolio por unas hordas extremas del republicanismo, y como no podía ser de otra manera, los dóberman de turno se han lanzado al cuello del señalado como enemigo público número uno del mundo mundial (que, por cierto, en su mandato bien puede decirse que ha imperado la paz en los territorios donde siempre sus antecesores la habían hostigado, logrando un acuerdo histórico con Israel y ciertos países árabes, lo que si ese comité de expertos que arrastran sus miserias por las alfombras de la sede del Parlamento de Noruega, donde se decide la concesión del Premio Nobel de la Paz, y que nos recuerdan al comité fantasma de expertos del Ministro de Sanidad, Salvador Illa, y de su mano derecha, Fernando Simón, fuesen personas con sentido de la responsabilidad y estuvieren bien dotados intelectualmente, no habría dudado en dar ese Premio Nobel de la Paz, a un Donald Trump, que con sus fallos y sus aciertos, éste es uno de los inextricables e incontestables aciertos de su mandato).

Y como no podía ser de otra manera, como he dicho, se han lanzado en tropel sobre el cuello del defenestrado exPresidente (que, a decir verdad, y valga la redundancia, algún día se sabrá toda la verdad sobe el posible amaño de las últimas elecciones) tratando de arrebatarle la vida a “dentelladas secas y calientes”, tal como se expresa, lleno de dolor, Miguel Hernández, en la Elegía que le dedica a su amigo del alma Ramón Sijé, “con quien tanto quería”. Mas, repito, esos intentos y ese continuo acoso a fin de desacreditar al Sr. Trump, se iniciaron en el minuto uno de su elección, solo que ahora han encontrado carne de cañón para intentar acabar con la honorabilidad y la dignidad de quien ha servido, bien y fielmente, a la primera potencia mundial, y sin olvidar, por una parte, que en este país, aun hoy, a duras penas, llamado España, alguien (y para eso sirve la hemeroteca), llamado Pablo Iglesias, alias “El Jorobado de Notre Dame Español” o “El Coletas”o “El Chepas” o “El Moñas”, antes de acomodarse en la silla Vicepresidencial Segunda del Gobierno Retroprogresista de España, en un tiempo no muy lejano, llamaba a sus huestes a “asaltar el Parlamento Español”, independientemente de que, debido a su irreligiosidad y su facilidad para injuriar y blasfemar, osara instar a su Partido, Podemos, a “asaltar el cielo”, creyendo que todo el monte es orégano y olvidando que a cada cerdo le llega su San Martín (en su caso, de momento, el asunto de su ex asesora europea, Dina Bousselham, y las cuentas opacas de Neurona, que no son sólo las de, en su caso, Majestad Emérita de España, Don Juan-Carlos I, y ello sin tirar de la manta), mas ya sabemos que siendo la ultraizquierda, se consideran facultados para hacer de su capa un sayo, sin que para ellos exista el decoro, la honradez y la dignidad, pues, y esto sí que es cierto, se consideran por encima de la ley y del bien y del mal.

Y hablando de dóberman, sólo poner como ejemplo al corresponsal de Antena 3, en Washington, José-Ángel Abad, que, cada vez que contactaban con él, parecía contarnos que el fin del mundo se nos venía encima, o a ese otro perro faldero de la ultraizquierda, el chef José-Andrés, que, en conexión con la cadena TRECE, se rasgaba las vestiduras ante los acontecimientos del asalto al Capitolio (lamentables e injustificables ciertamente), adobando el asado, como buen cocinero, con un, más o menos, mandato, el de Donald Trump, pleno de mentiras, sin criticar ni mencionar al mentiroso mayor del Reino y del Mundo Mundial, que lo tiene en casa, o sea, el Pseudo-Doctor Sánchez, alias Pinochón (un Falcón para él y su señora y otro, o, quizás, ya dos, para su nariz), ahondado en ese sectarismo, de tramoya y polichinela, a que nos tienen acostumbrados toda esta pléyade de adlátares, corifeos, acólitos, paniaguados y mamandurrieros, que salen como las setas, tras una lluvia en el otoño, en los márgenes de este radicalismo.

Y, sin olvidar, ni dejar de lado, que en este país, repito una vez más, a duras penas, llamado España, por mor de ese zapa continua y soterrada, bien podríamos decir que nuestro Congreso de los Diputados se halla asaltado por las hordas del Gobierno de Coalición y sus arbotantes, pues el mismo está sustraído a cualquier acción de su competencia, que no sean los desiderátum de aquéllos, pudiendo considerarse el mismo “secuestrado”. Y sólo por poner una guinda al pastel, echando mano de la hemeroteca, encontramos la airada demagogia de un Pablito Iglesias ante la noticia de la subida de la luz un 8% en tiempos de Mariano Rajoy, y ahora, que se publica la subida de la misma un 27% y un 30%, se muerde la lengua y calla como un gallo capón. ¡Así se escribe la historia, de quienes llegaron al poder para levantar a las clases desfavorecidas y con la soflama de que nadie quedara atrás, y lo único visto es que se han acoplado a vivir a cuerpo de rey (aunque a éste lo denigren) y al pueblo, como siempre, ¡que le den morcilla!

MIGUEL ÁNGEL VICENTE MARTÍNEZ

13 de enero de 2021

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