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Todos somos Juan Carlo I

Por Miguel Ángel Vicente
miércoles 15 de septiembre de 2021, 00:51h
Nadie duda de que la figura del Emérito Rey de España, Juan Carlos I, fue clave en la laureada y celebrada Transición Española, es decir, en el paso y el proceso por el que éste país, aun hoy, a duras penas, llamado España, pasó de un sistema político de dictadura, encarnada por el Generalísimo de los Ejércitos, Don Francisco Franco Bahamonde, a un sistema político democrático, encarnado en la Constitución de 1.978, la cual en su artículo 1.3 proclama que “La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”.

En cualquier caso ese tránsito de uno a otro régimen, en cierto modo fue propiciado por el propio anterior Jefe del Estado, que, a través de la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, de 26 de Julio de 1.947, modificada por la Ley Orgánica del Estado de 10 de Enero 1.967, previó que dicha Jefatura recayera en la persona de Don Juan Carlos, al que, desde su niñez, le facilitó una enseñanza y una preparación adecuadas para dar este paso y hacer que recayera sobre sus hombros la ardua y difícil tarea de ostentar la más alta Magistratura de la Nación Española, independientemente de lo que supuso el franquismo, como ganador de la Guerra Civil Española de 1.936 a 1.939 (aunque ahora los nuevos textos de Educación quieran hacernos ver que la ganó el Ejército Rojo), propiciada, hay que decirlo sin ambages ni medias tintas, por las izquierdas, la simple y la compuesta, o bien, en palabras de Juan-Manuel de Prada, por esa “izquierda caniche”, ahora representada por el Sanchismo del PSOE y el Podemismo de Podemos, que tratan, por todos los medios, de seguir, erre que erre, manchando la memoria de quienes, por amor o por azar, se hallaron luchando en el bando nacional, pareciendo, para ellos, que en esa guerra, llamada fratricida (también la hubo, entre otras naciones, en la de Estados Unidos de América, Guerra de Secesión, que enfrentó al Norte con el Sur, y que alumbró la primera y gran democracia el mundo) sólo hubo víctimas del lado republicano o del llamado Ejército Rojo (y da miedo pensar qué hubiera sido de nuestro país y de sus gentes, si por mor del azar hubiera salido triunfante éste último, con apoyo de la izquierda más criminal y sanguinaria que se recuerda, cuál fue la comunista de Stalin, seguidor de las reglas y normas de March y de Lenin, y bajo cuya bandera se cometieron una serie de genocidios, que dejaron en mantillas al llevado a cabo por Adolf Hitler, deplorable, por lo demás, como todos aquéllos y que supuso la muerte criminal de más de cien millones de personas, si es que no fueron doscientos, y que sumió en las tinieblas y en la tiranía a todos aquellos países que se alinearon bajo lo que se denominó el “Telón de Acero”), sin que pareciera a estas izquierdas que las víctimas del bando nacional lo fueran, o que lo fueron porque se lo merecían, cuando en una guerra de este tipo se cometen todo tipo de tropelías, tanto por un bando como por el otro. Aun cuando, hay que recordar a estas hordas de la izquierda cainita, que, en realidad, el General Francisco Franco Bahamonde, no fue un golpista de vocación, con ansias de poder y gloria, lo que demuestra que, al servicio de la República, sofocó el levantamiento de Asturias contra esa noble y honrada República, a cargo de socialistas, comunistas y anarquistas, mas la deriva que tornaron los acontecimientos del 36, con incendios de iglesias y asesinatos y violaciones de curas y monjas, espoleó a Franco a tomar cartas en el asunto, y si hemos de seguir la estela del Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores, el socialista y español, Josep Borrel, a cuenta de la vergüenza que ha caído sobre Occidente por el fiasco de Afganistán, abandonando a su suerte a millones de ciudadanos y ciudadanas (Montero, dixit), que “Los talibanes están en el poder y esto es así nos guste o no”, o la otra perla, según la cual, “Los talibanes han ganado la guerra y, por tanto, hay que sentarse a negociar con ellos”, dando por buenas toda la serie de actos vandálicos y delictivos que cometen contra la población afgana, que alimentan los deseos de correr a gorrazos a este Alto Representante, que, como queda visto, no solo se ha bajado los pantalones, sino también los calzoncillos, y siguiendo esta estela, un tanto hubiera que haber adoptado respecto al tratamiento que, desde esta izquierda cainita, se le da a Franco, del cual demonizan con esa Ley de Memoria Democrática, que sólo está pensada para atrapar a la derecha, toda ella, fascista para nuestros mandamases actuales, buscando, aquí sí, la propagación del odio –que tanto preocupa al Pseudo-Doctor-Sánchez, alias “Pinochón”, por lo que ya sabemos, y quizás también ahora, “El Ecce Homo Agnóstico”, por su pusilánime postura de saludar, con la mano derecha en el corazón y la caída de la cabeza como un cordero degollado, buscando la revancha con la revisión de todos los juicios de la época de la posguerra, buscando unos fantasmales delincuentes, mientras se olvidan y obvian, los 379 asesinatos llevados a cabo por la ETA y aún pendientes de dilucidar su autoría, teniendo en cuenta que aquéllos hechos sucedieron hace ochenta años, y éstos últimos hace unas décadas, con los familiares, amigos y conciudadanos de los asesinados vivos y soportando el hedor que nace en las cloacas de un Estado de Derecho, que solamente lo es de rúbrica, pero no de hecho, a este respecto hay que señalar y alabar el nacimiento de la “Asociación de Víctimas del Frente Popular” (pendiente de legalizar sus Estatutos en el Ministerio del Interior, creyendo sus fundadores que “no habrá impedimento alguno, aunque todo es posible” para ello, dado el sectarismo de su titular, Fernando Grande Marlaska, que debería haber dejado, por renuncia o cese, el cargo que obstenta), con el afán de contradecir las diatribas de la sectaria Ley de Memoria Histórica o Democrática, o como quieran llamarla desde este Retroprogresista Criminal Gobierno de España, en busca de la verdad y con la finalidad de visibilizar que en la España Roja se cometieron actos execrables, entre otros en Paracuellos del Jarama, del que Santiago Carrillo huía como el diablo ante la visión de la cruz, y que hubo, y muchas, víctimas inocentes fruto de la barbarie de un enfrentamiento armado. Quizás por esta última connotación repelen las palabras de Josep Borrell, de las que se deducen que da por buena una guerra y que hay que reconocer al ganador, aunque sea un asesino y conduzca a un país a una dictadura de terror.

Y este largo a modo de prólogo nos lleva a enlazar con nuestro Emérito Rey de España, Don Juan-Carlos I, ahora perseguido como un malhechor, como un apestado, al que su propio hijo, para dar satisfacción a la izquierda cainita y caniche, vía el Pseudo-Doctor-Sánchez y Pablito Iglesias, y al que aquél le retiró la asignación económica que en los Presupuestos de la Zarzuela se destinaban al mantenimiento de su padre, no contento con la abdicación a que también fue obligado en la persona de su propio hijo el actual Rey de España, Felipe VI. Y más que por el fondo, por la oportunidad de tapar todas las carencias, contradicciones y anomalías legales, delictivas (recordemos, como recientes, la sentencia del Constitucional, declarando ilegal el confinamiento, y la que se prevé caerá, dentro de poco, como una losa, sobre Sánchez y el Ejecutivo en pleno, declarando, igualmente, ilegal, el estado de alarma subsiguiente, lo que nos lleva a la conclusión, si no se derivan consecuencias, incluso penales para el Ejecutivo en Pleno, si no nos hallamos ante una “inviolabilidad” extrema del mismo, que no contemplan ni la Constitución Española, ni ningún otro precepto legal vigente, debiendo, como poco y como primer paso, conllevar el cese en Pleno del citado Ejecutivo) del Retroprogresista Gobierno de España, amén de que tales cuitas y anomalías monárquicas, prácticamente son innatas a la persona del Emérito desde el inicio de los tiempos, y cuanto más nos retrotraigamos en el tiempo, mayores y considerables fueron esas escaramuzas, mujeriegas, sobre todo, amén de económicas, por cobro de comisiones y otras bagatelas, pues mayores eran sus fuerzas físicas e intelectuales, todo lo cual, por cierto, sabido y archisabido por la opinión pública en general, y con más delito, por todos aquellos que le rodeaban, oficial o no oficialmente, incluidos medios de comunicación, con sus altos directores a la cabeza, pero sobre todo ello se corría como un tupido velo y se miraba para otro lado, por ser vos quien sois, y con ánimo de preservar a la Corona Española de cualquier tipo de escándalo que corroyera sus cimientos (y ciscándonos en otras de allende nuestras fronteras, que ni nos van ni nos vienen especialmente, la Inglesa, para proclamar “esas sí que son escandalosas y la nuestra es la mejor de las mejores del mundo mundial”). Pues de esos polvos , estos lodos, habiendo todavía, personas y personajes vivos que fueron testigos presenciales de los desmanes y desafueros de nuestro Emérito Monarca, sobre cuya persona parecen haberse roto todas las barreras, y ya cualquier Fiscal Mindundi trata de enseñarse sobre las vísceras de Don Juan Carlos, acusándole, ahora, a estas alturas de la película, de los delitos de “blanqueo de capitales”, “contra la Hacienda Pública”, “cohecho” y “tráfico de influencias”, saltándose todos los protocolos, habidos y por haber, publicitando o desvelando el secreto profesional vinculante para la autoridad fiscal, en este caso, ya que la Comisión rogatoria enviada a Suiza sobre estos pormenores, sólo debían saberse por el que la envía y por el que la recibe, siendo, por tanto, totalmente justificada, la protesta de la defensa de Don Juan Carlos, que acusa al Ministerio Público de “conculcar su presunción de inocencia”. En cualquier caso, si todos estos tejemanejes, como nos consta, eran sabidos, y, en cierto modo por silencio cómplice, permitidos, por quienes ahora se rajan las vestiduras, en este país, aún hoy, repito, a duras penas, llamado España, de pillos, golfos y truhanes, en el que el que no corre, vuela, en el que el que no ha defraudado alguna vez, es porque no ha podido, mas lo ha deseado, cometiendo infracción de pensamiento, y no miremos a nuestra cúpula de las Administraciones Públicas, con el Gobierno a la cabeza, podríamos espetar lo que Jesucristo dijo en el caso de la adultera a quienes los hebreos fariseos e hipócritas, pretendían dilapidar: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Es hora de dejar, por todo lo antedicho, en el tintero, la persecución a un inválido, cuando todo lo que ha hecho en su entera vida, ha sido consentido y ratificado por quienes ahora se erigen en martillo de herejes, al que, en su caso, deberían acompañarle a la trena, como cómplices, por acción o por omisión, la caterva que sabía, conocía y consentía los desmanes regios. Item más, en un país de corruptos, el mayor corrupto, por potestad y posibilidad, el Rey, como el mejor Alcalde, según la obra “El Alcalde de Zalamea”, de Calderón de la Barca, El Rey.




MIGUEL ÁNGEL VICENTE MARTÍNEZ
15 de septiembre de 2.021
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