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Deberes y alcohol (I)

miércoles 09 de noviembre de 2016, 06:39h
Miguel Ángel Vicente
Miguel Ángel Vicente

La Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (Ceapa) anima a los escolares de los centros públicos de educación a no hacer deberes durante los fines de semana de noviembre, lo que ha provocado que los sindicatos docentes se muestren bastante molestos con dicha Confederación, que representa a unas 12.000 asociaciones y en torno a tres millones de familias, calificando la llamada a la huelga, llamémosla de lápices y bolígrafos, de “inoportuna” y “desafortunada”, y para los más indignados de “barbaridad” y de “disparate descabellado”, a lo que la propia Ceapa ha replicado considerando total y absolutamente pertinente la incitación a la huelga porque el hecho puntual de los deberes exige una seria reflexión sobre el total sistema educativo y sobre “la necesidad de abandonar modelos pedagógicos que ya no funcionan”, según su Presidente José Luis Pazos, quien se pregunta si los deberes, así como los exámenes, los libros de texto o la concepción tradicional del aula “tienen cabida en una sociedad que se ha transformado aceleradamente y en la que hay mucha resistencia a abandonar el pasado”.

Como decimos, ante esta convocatoria no se han hecho esperar las declaraciones de los sindicatos de docentes en contra de la misma, y así, Mario Gutiérrez, presidente del sector de Educación de la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) señala que la convocatoria “parte del principio perverso de considerar que los deberes son un castigo o una falta de inteligencia pedagógica cuando forman parte del proceso (yo añadiría que integral) de enseñanza y aprendizaje”, reseñando que “las tareas para casa están planificadas y programadas y permiten al alumno trabajar a solas consigo mismo en los contenidos que ha aprendido en clase” y continúa con un “son un refuerzo de los conocimientos y una forma de descubrir cuáles son las lagunas o dificultades. Fomentan la autonomía personal y el esfuerzo (del alumno) y crean un hábito de trabajo”. Y añade que con la huelga “se está desautorizando a los profesores y dejándolos a los pies de los caballos”, a la vez que “se maleduca a los alumnos”, pues “el mensaje que se transmite al niño es que el padre manda más que el profesor y puede hacer lo que le dé la gana y que las órdenes (del profesor) son arbitrarias y pueden cumplirse o no. Pero, por desgracia, tenemos que cumplir las órdenes, aunque no nos apetezca (o sea, nos gusten o no).  La vida es así. Considerar que el niño es infeliz por tener tareas y obligaciones es una falacia en la que solemos caer los padres. El niño no sufre cuando tiene tareas, el niño necesita normas porque, si no, se produce un vacío en él”. En realidad, termina su opinión manifestando que, tras la cuestión de los deberes, se esconde otro asunto: “la sobreprotección de los padres”. Por lo que desde el sindicato hizo un llamamiento a las familias para que no secundaran esta insólita huelga de los deberes.

A este respecto, Nicolás Fernández Guisado, presidente del Sindicato ANPE,  también tomó partido para que las familias no secunden este llamamiento a la huelga, al manifestar, “apelamos al sentido común para que los padres no atiendan este ejercicio de insumisión”, ya que la convocatoria llama a una huelga que es “desproporcionada” y “no tiene sentido” porque “atenta contra la libertad de cátedra y el principio de autonomía pedagógica y organizativa de los centros escolares; socava la autoridad académica”; “perjudica la buena convivencia escolar”; y “va contra el rendimiento académico del alumno”, afirmando que los deberes “son positivos si son adecuados y proporcionados con la etapa educativa”.

Centros educativos denuncian que la llamada a la huelga de deberes promovida por Ceapa, que propone actividades alternativas, puede mermar la autoridad del profesor y que se cuestionen las decisiones de colegios e insititutos.

Por su parte, el Gobierno, a través de su Ministro de Educación,  Iñigo Méndez de Vigo, proclama que la convocatoria de esta huelga “es muy mala idea”, pues es una muestra de una “desconfianza grande” hacia profesores y directores de los centros educativos, lo cual no impide que pueda ser un asunto de debate dentro del pacto educativo. Se trata de un tema que hay que tomar “con tranquilidad, con sosiego” y con los expertos. Finalmente incidió en que cree mucho en la autonomía de los colegios, que según su punto de vista son los que mejor pueden apreciar la necesidad de los deberes como complemento de lo que se aprende en clase.

¿Deberes o no deberes? ¿ser o no ser? It is the question.

Es indudable que el sistema de educación en nuestro país está necesitado de una reforma integral, digamos que de la A a la Z, para hacerlo más equilibrado, más formativo, más potente, más práctico, más competitivo, y, en definitiva, más completo, para la perfecta formación del alumnado, a fin de prepararles para los retos que el futuro plantea en esta cada vez más avanzada y compleja sociedad globalizada en que nos movemos y dentro de la cual convivimos. Pero ello no supone hacer un borrón y cuenta nueva, sino que hay que mantener lo bueno que el sistema ha aportado a lo largo de la historia, reformándolo, completándolo e integrándolo para hacer frente a esos nuevos retos, para lo que se necesita compatibilizar pedagogía y realidad, enseñanza y aprendizaje, sin que todo ello quede en aguas de borrajas en ese alarde y brindis al sol que supuso la primera ley de Educación de la democracia, la LOGSE (Ley Orgánica General del Sistema Educativo, de 3 de octubre de 1.990, que sustituyó a la Ley General de Educación de 1.970) del Gobierno de Felipe González, en el sentido de que la cultura, la preparación y la formación de los alumnos había que hacerla y obtenerla jugando y cantando. Y desde esa fecha, no se sabe cuántas más leyes han intentado regular la Educación en España, sin que ninguna de ellas haya llegado a tocar la médula del sistema educacional, llegando al fondo del asunto y satisfaciendo a tirios y troyanos, es decir, a todos los implicados en la Educación de nuestros niños y adolescentes, a saber, padres y madres, profesores y alumnos, y más aún teniendo en cuenta el reino de taifas que sobre los distintos programas educativos han venido sucediéndose en nuestro país, por mor de haber cedido el Estado a las Comunidades Autónomas las facultades inherentes en materia educativa. Y así nos ha venido luciendo el pelo, ocupando los últimos lugares a nivel mundial y europeo en cuanto a nivel educativo (basta ver los informes PISA) y los primeros en cuanto a abandono y fracaso escolar.

 “Las madres y los padres queremos recuperar el tiempo familiar que nos corresponde, lo necesitamos para poder realizar actividades conjuntas con nuestros hijos e hijas”. Así se hace constar en el cartel que anuncia la huelga de deberes para los fines de semana de este mes de noviembre, promovida por la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa), la cual justifica y defiende la importancia de pasar tiempo en familia, recomendado a los progenitores que se nieguen a que sus hijos realicen deberes los fines de semana, sean de la etapa escolar que sean, aconsejando, a cambio, charlar sobre un tema de actualidad, preparar una nueva receta de cocina o visitar juntos a algún familiar. Exclaman, como si de una maldición se tratara, que “nuestros hijos tienen cada vez más deberes y el nivel de exigencia es mayor. Hay niños de tres a seis años que también tienen deberes, cuando la única tarea a esa edad debería ser jugar”, según denuncia José Luis Pazos, presidente de la citada Ceapa.

Desde la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos (Concapa) su Presidente, Pedro Caballero, recuerda que “los deberes son necesarios porque permiten afianzar lo que se ha aprendido durante la jornada escolar. No se puede permitir que se decida no hacer deberes”. El Presidente de Concapa recuerda, a su vez, que “se puede compaginar la vida familiar con los deberes. Hay tiempo para todo”, porque “los deberes sirven de entrenamiento para que años después (los alumnos) saquen una carrera. Lo que no se puede caer es en el error de que el niño toque la viola, el bombo, etc., eso le genera estrés. El problema de la conciliación familiar no se resuelve poniendo o quitando deberes, según expresa Santiago Ortigosa, profesor titular de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

9 de noviembre de 2016

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