Esa lejana idea que a veces rondaba por mi imaginación a lo largo de mi existencia, la de mi jubilación se cumplió, la prisa que en mi no habitaba, el tiempo se encargó de ello inexorablemente e hizo precipitarse un día casi sin avisar. Reflexionando, Luis Borges decía: “El tiempo es una sustancia de la que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el rio…”. Río que nace, viaja imparablemente, se adapta y finalmente desemboca formando parte del paisaje vital.
Sensaciones de satisfacción de haber llegado a una meta volante o tal vez final, como si se tratara de una carrera ciclista, se consagran con las de estar coronando un duro y alto puerto y ser consciente en el último tramo de no saber exactamente en el punto que te encuentras.
Atrás quedan vivencias cotidianas, logros, pérdidas, errores, aciertos, decepciones, ilusiones cumplidas, formando un relato diario de uno mismo y de los que te rodean en el entorno laboral y familiar, dejando una huella imborrable y marcando tu forma de ser y la de algunos de los que me acompañaban a lo largo de esta película de la vida.
En el camino quedó la rutina, las prisas, el deber, el desasosiego, la pausa, el jefe o compañero que te tiende la mano, que obstaculiza, que facilita, que ameniza y cuantas vicisitudes te ocurren después de tantos días y horas de convivencia laboral.
Me quedaré, como es normal, con gratos recuerdos y mantendré la conexión y buena sintonía de todos aquellos ex-compañeros que pasan a ser “sólo mis amigos”.
Mi enorme agradecimiento a todos los jefes y compañeros que han ido formando parte de mi vida laboral, mi segunda familia. A mis hijos por su ejemplo y comprensión; y a mi amada, compañera y añorada esposa por haberme apoyado en mis altibajos cotidianos durante su intensa existencia.
Ignacio Tobarra Escribano
Trabajador del SESCAM