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Pensiones (segunda parte-I)

miércoles 21 de marzo de 2018, 03:01h

Pues bien, ya se presentó Don Rajoy, Mariano, el pasado día 14, en el Congreso de los Diputados, cual Llanero Solitario, a pecho descubierto, donde le esperaba la oposición parlamentaria en pleno, con los dientes afilados y las espadas desenvainadas, dispuesto a enfrentarse al monográfico sobre las pensiones, según él mismo, a petición propia, sí, él mismito, él solito, como un valiente que no teme a nada ni a nadie, aunque, en verdad, conociéndole como le conocemos, tuvo que hacer de tripas corazón y de la necesidad virtud, ya que todo ese arco parlamentario es el que se proponía forzar su comparecencia, sí o sí, a través de una petición a la Mesa del Congreso, en la que dada su no mayoría, hubiera sentenciado, sí o sí, al Presidente del Gobierno, a la susodicha comparecencia, pese a la reticencia del mismo a estos actos y más si va forzado por las circunstancias y el voto mayoritario de la oposición. Pero, en fin, esos son los riesgos que conlleva el cargo y esos son los sinsabores a que la no mayoría del Partido que sustenta al Gobierno, es decir, del PP, le conducen. O sea, que allí compareció a la manera como un escolar primerizo se dirige y es llevado a la escuela a regañadientes y contra su voluntad, cachete por medio, pero ya digo que a esos riesgos hay que exponerse cuando uno se empeña en seguir adosado, pegado más bien, a la poltrona monclovita, creyendo que todo el monte es orégano, que todo lo que reluce es oro o que el cargo es un camino de rosas. Pero ya, a estas alturas de la película, ya se va dando cuenta de que con las cosas de comer no se juega y que los ciudadanos tienen todo el derecho del mundo, por sí, a través de manifestaciones callejeras, o por medio de sus representantes parlamentarios, a cantarle las cuarenta en bastos al más pintado, en este caso, Don Rajoy, Mariano, y, en la persona del mismo, a todo el Gobierno actual de España, el cual, con el tiempo, pasará a llamarse el Gobierno de la Roja, por mímesis y sintonía con el apodo que le han dado y que se ha consolidado a la Selección Nacional de Fútbol, en ese afán, aunque ahora parezca lo contrario, de desnaturalizar la verdadera esencia de nuestra identidad patriótica, cual si nos avergonzáramos de pronunciar los términos “nacional” o, simplemente, expresar la “Selección de Fútbol de España”, cayendo ya en el mayor de los ridículos posibles, cuando los comentaristas y medios de comunicación se refieren a las selecciones inferiores en edad, al llamarlas la “Rojita”, que ya es cuando te dan ganas de cagar.

Pues bien, repito y reitero, para una inmensa mayoría de los medios de comunicación, Don Rajoy, Mariano, salió ileso del trance y menos mal que no concluyen (salvo algún díscolo) que triunfó y que ganó por goleada a la oposición entera, conformándose con esa faena de aliño que, en realidad, dejó el toro vivo y devuelto a los corrales, pues soluciones nuevas y de calado, res de res, que dirían los catalanes, aunque éstos al Presidente se le atraganten, ya que se limitó a anunciar, en su caso, una mejora de las pensiones mínimas y de viudedad, así como “la concentración de las ayudas fiscales en el IRPF para pensionistas y familias”, mas para el grueso de los pensionistas se mantiene en sus trece de “no menealla”, o sea, en la subida del 0’25%, aduciendo, quizás más cargado de razón que un santo, de que no hay dinero para acometer siquiera que las pensiones se revaloricen de conformidad con el IPC, como sucedía antaño. Claro que eso de que no hay dinero en las arcas públicas de caudales habría que tomarlo según y cómo, porque, a decir verdad, para lo que se quiere sí hay dinero, y pongo por caso los 2.000 millones largos que se avecinan a ser desembolsados para el rescate de las autopistas quebradas, o los entre 60.000 y 100.000 millones de euros que sí hubo, aunque fueran prestados, para salvar a la banca, o los más de 1.350 millones que con más celeridad que la velocidad de la luz e incumpliendo gravemente la Constitución Española, al ser alumbrados vía Real Decreto-Ley (vehículo legislativo tan del gusto del PP), hubo para indemnizar a la empresa Escal UGS, participada en un 66’7% por la ACS de Florentino Pérez, por la suspensión de la actividad del Almacén Castor, en la costa castellonense, y declarada tal inconstitucionalidad, por unanimidad, por el Tribunal Constitucional, o el que habrá para equiparar el sueldo de policías nacionales y guardias civiles a la nómina de los Mossos de Escuadra, o para afrontar la subida salarial, en tres años, en más de un ocho por ciento, a todos los funcionarios del Estado, o por la devolución antes de plazo al BCE de parte de ese empréstito para salvar a la Banca, como si en este país, sobrara el dinero, que ya se ve que no, y se hubiera vuelto a atar a los perros con longaniza, o los 10.800 millones de euros que el Ministerio de Defensa anuncia en modernizar la maquinaria bélica española, que ya sabemos que somos un país eminentemente militar, sin contar con los 20.000 millones de euros pendientes y comprometidos como aportación a la OTAN, etc., etc., etc.

Y porque, a la postre, no se han afrontado retos y medidas exigidas por Bruselas y no sólo porque ésta lo diga y lo mande, sino porque lo aconseja el sentido común, la sensatez y la cordura, especial y principalmente en cuanto a la reforma de las Administraciones Públicas y todo el aparato que las rodea, léanse Fundaciones, Asociaciones, Observatorios de todo pelo y casta, y cualesquiera otras formas societarias o no para canalizar pagos espurios, en las que, tal como se constata a diario, donde hace falta un funcionario, hay cuatro, y donde no hace falta ninguno, hay dos, lo que constituye, además un despilfarro megalomaníaco, insoportable de mantener, y porque, amén de entronizarse en Edificios mastodónticos, cuyo mantenimiento ya de por sí es un órdago a la grande, existe un importante superávit de ineficiencia e improductividad (o lo que es lo mismo un importante déficit de eficiencia y productivad), con la agravante de la alegre externalización de servicios, lo que hace que se duplique el gasto público, cuando existe un número “pi” de funcionarios, muchos de ellos se presume con titulación suficiente para resolver los problemas que a diario se plantean y porque para eso esta, y para eso se les paga, sin que ello sea óbice para que en algún caso concreto, puntual, y excepcional, por su complejidad, exija la colaboración de cerebros externos, aunque, bien es cierto, que alguna de esas externalizaciones se han llevado a cabo traspasando la función del funcionariado a los propios ciudadanos (por ejemplo, autoliquidaciones mil) o, en algún caso, a algún colectivo, como es el caso del Catastro, que se ha trasvasado al Notariado, gratis et amore, con perjuicio económico para éste, el cual por cierto, aún sufre aquella rebaja del 5% hecha a los funcionarios en general (ya repuesto para ellos) que el Sr. Rodríguez, o sea, Don José-Luis Rodríguez Zapatero, adoptó como una de las primeras medidas para afrontar la crisis económica, sin que hasta el día de la fecha nadie, ni de este cuerpo ni de la Administración haya dicho ni mú, teniendo en cuenta la improcedencia de dicha medida respecto de los fedatarios públicos que, ostentando la cualidad de funcionarios, no perciben emolumento alguno por parte del Estado, y, para más inri, se ha engordado artificialmente la plantilla laboral adscrita a los cargos públicos, con un innumerable número, valga la redundancia, de asesores, consejeros y otras especies idénticas, análogas, semejantes o complementarias, nombrados a dedo y con sueldos que no bajan de los 3.000 euros mensuales, nido donde encuentran acomodo la pléyade de adláteres, acólitos, corifeos, paniaguados y mamandurrieros que arrastran todos los partidos políticos, sean del signo que sean, y que constituyen una estela más larga que la que se desprende de la Osa Mayor, en cuyos cargos encuentran acomodo toda clase de parientes, cuñados, cuñadas y “cuñades”, según la nueva jerga de Comisiones Obreras para alcanzar el igualitarismo de géneros, pareciendo mentira que el científico que supo explicar el universo y los agujeros negros desde una silla de ruedas, Stephen Hawking, fuera incapaz de haberlo siquiera sospechado y se haya ido a la tumba sin decir esta boca es mía sobre este universal tema.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

21 de marzo de 2018

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