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Un perdonavidas en el Congreso

miércoles 26 de septiembre de 2018, 07:44h

Esa es la impresión que, vistos los resúmenes de la intervención o comparecencia del ex Presidente del Gobierno de España (1.996/ 2.004) Don José-María Aznar, en la Comisión del Congreso de los Diputados que investiga la presunta financiación ilegal o irregular del Partido Popular, a cuenta de las cuentas, valga la redundancia, del ex Tesorero de dicho Partido, Luis Bárcenas, principalmente, y de la condena del Partido Popular como beneficiario a título lucrativo, en los casos de Pozuelo de Alarcón y de Majadahonda, en la primera Sentencia de la Audiencia Nacional sobre la trama Gürtel, condena como beneficiario de un “sistema de corrupción institucional”, según la citada sentencia y que, como era de esperar, al igual que sucede en toda suerte de comparecencias de esta índole ante Comisiones de Investigación en el Congreso de los Diputados, la susodicha comparecencia no arrojó luz alguna sobre el tema fundamental que se trataba de investigar, o sea, la existencia de esa denominada Caja “B” dentro de la formación conservadora, que ya ha enseñado la patita en algún que otro supuesto judicializado y que de soslayo la declara la propia sentencia que hemos referido, ya que, como es lógico de suponer, preguntar a los máximos responsables del Partido de la Gaviota (porque parece que el emblema de la “encina”, por atribuido al también ex Presidente del Gobierno de España, el de la espantá, previa a la moción de censura que aupó a tan alto, goloso y deseado puesto, al Secretario General de los Socialistas, Don Pedro Sánchez, Don Mariano Rajoy, tras haber sido sustituido en el cargo de Presidente del PP por el neófito Pablo Casado, ha sido defenestrada y ha pasado a mejor vida) en sede parlamentaria a fin de que se autoinculpen de tal delito, aunque éste sea de reciente creación, parece un despropósito y la consecuencia lógica del investigado, parlamentariamente hablando, es negar no sólo la mayor, sino también la menor, y cuantas otras medidas de notas de la escala sinfónica se den en el organigrama musical, y sólo sirven para, normalmente, ofrecer un espectáculo abyecto impropio de la alta preparación intelectual y moral exigible, tanto a los parlamentarios intervinientes, como a los propios comparecientes, convirtiéndose en un rifirrafe entre unos y otros, en una escalada dirigida a determinar quién de todos ellos queda por encima de los demás, perdiendo las formas y los modales más elementales y esenciales que cabe presumir en quienes se erigen depositarios de la soberanía nacional, por mor de haber obtenido un escaño o haberlo tenido en unas elecciones generales.

En fin, el espectáculo, repito, ofrecido por sus señorías y ex señoría, durante casi cinco horas, en la Sala Cánovas del Congreso, olió más a una performance, a uno de esos bodrios televisivos, que se han convertido en carne de cañón en prácticamente todas las cadenas de televisión, en los que se trata de poner al descubierto los bajos instintos de los personajes allí actuantes de la manera más zafia, grosera, ordinaria, chabacana y vulgar posibles.

En cualquier caso, el señorito Aznar estuvo en su tradicional línea de bravuconería, poniendo al descubierto su arrogancia, vanidad, soberbia, altanería, engreimiento, chulería y petulancia, tan propias del personaje, pareciendo en ocasiones que hiciera uso de la facultad que se predica del Papa, del sumo Pontífice, cuando habla en materia de fe, de hacerlo “ex Cathedra”, ítem más, e incidiendo en la expresión, bien pareciera, en casi todas sus intervenciones, que estuviere dando clases desde una Cátedra a unos desavisados interlocutores, sin dejar de hacer uso del ventilador, cuando queriendo huir de las inquisiciones a que fuera sometido por los miembros de la Comisión Parlamentaria, saliese por los Cerros de Úbeda, con el clásico “y tú más”, tal como ocurriera en varias ocasiones, por ejemplo, cuando espetó al socialista Simancas con los más de trescientos cargos de su partido, el PSOE, afectados por el caso de los ERE, remontándose, incluso, hasta el caso Filesa, o al representante de Podemos, Pablo Iglesias, con la acusación de los 270.000 euros procedentes de Venezuela o de Irán, sin tener en cuenta que lo que allí se debatía nada tenía que ver con estos casos o supuestos y lo que era objeto de la Comisión de Investigación era la inventigación de la Caja “B” del Partido Popular.

Y en esa actitud chulesca que le caracteriza, de matón de barrio (recordemos sus pies sobre la mesa en presencia del Presidente de los Estados Unidos de América, por aquél entonces George W. Bush (cuando la decisión de invadir Irak por la supuesta posesión de armas químicas ocultas, que todo resultó ser un bluff), se desmarcó de la dicha Caja “B”, con el argumento que también arguyó el ex Presidente Mariano Rajoy, de que él no se ocupaba de la gestión económica del Partido, lo cual parece impensable, o, por lo menos, irresponsable, que el máximo cargo de un Partido Político (como si lo fuera de cualquier otra entidad u organización), pase olímpicamente de la economía del mismo, de la que, a la postre, depende la buena marcha del mismo, relegando todo ello al ex Tesorero Luis Bárcenas, condenado según la primera sentencia de la trama Gürtel de la Audiencia Nacional, a 33 años de prisión.

Y ya, para no dejar nada al albur, tuvo la desvergüenza de negar (en un remedo de la negación de Jesucristo por parte del Apóstol Pedro, tres veces antes de que cantara el gallo) al cabecilla de la trama Gürtel, Francisco Correa, invitado a la boda de su hija Ana con Alejandro Agag, en el Escorial y dejando caer como causa que la boda no era la suya, sino la de su hija, cuando en sede judicial queda la declaración del propio Sr. Correa, de sus relaciones con Aznar y con el PP, en cuya sede, en Génova, se movía como pez en el agua, según confesó él mismo, y que, además, fue el encargado de preparar varios actos electorales del Partido Popular en tiempos de la candidatura del Sr. Aznar. Pero, en fin, parece ser que el Sr. Correa, con su esposa, se coló de rondón en la citada boda, más teniendo en cuenta que, por lo general, los invitados a las bodas de los hijos, son los amigos de los padres de los novios. Jactándose de que de los 71 cargos ministeriales que él nombro durante sus mandatos sólo ha visto a uno condenado con sentencia firme y por una actuación posterior, sufriendo un lapsus mental, al dejar en el olvido a sus queridos ex Ministros Rodrigo Rato, Eduardo Zaplana y Jaume Matas, éste último, por cierto, en su pacto con la Fiscalía va a reconocer la financiación irregular del PP de Balerares por la utilización de fondos públicos para sufragar campañas.

En definitiva, una comparecencia esperpéntica más que añadir a los anales de este tipo de Comisiones, en la que el moderador, el parlamentario canario Pedro Quevedo, quedó como una mera figura de escaparate, como un convidado de piedra, y de la que el Sr. Aznar salió con una nariz más pinochada que con la que entró, y con un “de nada de lo que he hecho me arrepiento”, remedando la famosa frase que el Emperador Carlos I de España y V de Alemania, pronunció en el lecho de muerte en el Monasterio de Yuste de que “jamás cometí una injusticia a sabiendas”, constatando una vez más, que si alguien piensa que algún interpelado se va a hacer el harakiri en este tipo de comparecencias, va listo.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

26 de septiembre de 2.018

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