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Responsabilidad / Irresponsabilidad

miércoles 01 de enero de 2020, 04:07h

Echaremos un ojeo por el Diccionario de Uso del Español, de María Moliner, a fin de afianzar y concretar el sentido y la definición acerca de los términos con que encabezamos el presente artículo.

De esta manera, en cuanto a “responsabilidad”, dicho Diccionario se expresa como “cualidad de responsable (consciente de sus obligaciones)” y añade “Circunstancia de ser el responsable (culpable) de cierta cosa”; y en cuanto al adjetivo “responsable”, lo concreta como “Culpable de cierta cosa”, “Encargado de cierta cosa de la que responde” y en una tercera acepción “Consciente de sus responsabilidades y obligaciones y dispuesto a obrar de acuerdo con ellas”.

Y, en relación con su antónimo, irresponsabilidad, lo aborda como “Cualidad de irresponsable”, “Circunstancia de ser alguien irresponsable”, “Dicho o acción irresponsable”, y en el ámbito del Derecho, “Impunidad”; y en cuanto al adjetivo “irresponsable”, le otorga las siguientes acepciones: “No responsable, por su edad o por otras circunstancias”, “No responsable de cierta cosa”, “Se aplica a la persona que actúa u obra en una caso determinado sin sentir la responsabilidad de lo que depende de ella o de lo que hace”, “También a sus actos o conductas, etc.”, y relaciona una serie de sinónimos, tales como “Botarate, inconsciente, informal, insolvente, ligero”.

Pues bien, expuesto cuanto antecede, cabe preguntarse si en nuestro Ordenamiento Jurídico, puede existir una persona que no responda de sus actos, siempre que goce de plena capacidad de obrar, mental, intelectiva y volitiva, pues ya sabemos que, sobre todo el ámbito penal, una eximente cualificada para negar la responsabilidad de un acto criminal por parte de una persona, es que ésta no goce de su plena capacidad, por lo que, aunque nos repatee el estómago y nos haga vomitar hasta la primera papilla, que en orden a la edad pueda considerarse irresponsable a un menor, incluso de delitos tan abominables como el asesinato o la violación, robos y hurtos mediante, lo que desde luego no casa con un razonamiento racional, valga la redundancia, puesto que si el menor es apto para cometer esos delitos, con los resultados que todos conocemos, debería, asimismo, ser apto para afrontar la responsabilidad plena que de sus actos se derivan, por muy mucho que queramos ser garantistas hasta la extenuación, sin pensar jamás de los jamases, que en todo delito o acto ilícito, siempre hay dos partes, el delincuente o transgresor de la norma y la víctima, dejando a ésta a la intemperie de una protección legal, que, al igual que aquél, como persona merece, pareciendo dar pábulo, en estos casos, al dicho, frase o refrán, que sentencia “el vivo al bollo, y el muerto al hoyo”, dejando impunes verdaderos delitos o actos ilícitos aterradores que ponen los pelos de punta a cualquier ciudadano de bien.

Pero, aparte de lo expresado, en nuestro Ordenamiento Jurídico, sí que existe un caso excepcionalísimo de irresponsabilidad respecto de cierta persona, por ser vos quien sois, tal cual ocurre con la persona del Rey de España, sea quien sea, el que se ponga la corona sobre su cabeza, y que, además, viene contemplado y santificado en nuestra propia Constitución, concretamente en su artículo 56.3, conforme al cual “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”, lo cual viene a sancionar algo así como que el Rey es una especie de Dios, concebido sin mácula del pecado original, sorprendiendo la contradicción contenida en la propia Constitución, en sede del artículo 14 de la misma: “Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, constituyendo aquellas cualidades de “inviolabilidad e irresponsabilidad” un verdadero oxímoron o sudoku de difícil resolución con arreglo a los principios constitucionales y de la propia Declaración de los Derechos Humanos de la ONU.

Y viene todo esto a cuento, en relación con la situación actual que se está viniendo en este país, aún hoy, a duras penas, llamado España, en el que se está poniendo de manifiesto que lo de la democracia en el mismo es puro bluff, teniendo en cuenta que desde los albores de la llamada Transición (tan alabada como ejemplo para otros países), jamás se ha respetado la independencia entre los tres Poderes Básicos (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), sobre los que ha de asentarse una verdadera y auténtica democracia a fin de poder calificarlo como un “Estado de Derecho, Democrático y de Bienestar Social”, pues las sucesivas y corrosivas injerencias entre los mismos, particularmente del Poder Ejecutivo sobre los otros dos (en realidad el Legislativo acaba siendo un apéndice del mismo), y el Judicial que es el que debiera gozar de esta amplia, irrefutable e imprescindible independencia, cada día, conforme avanza el tiempo, está siendo invadido, cuando no abrasado, por el Ejecutivo, y ya en los últimos tiempos sin tapujos ni disimulo algunos, ofreciendo una imagen de degradación, perversión, envilecimiento y degeneración, que ha llegado al punto de que el Ejecutivo bien puede decirse que ha fagocitado al Judicial.

Y mientras esos hechos han venido sucediendo desde in illo tempore de lo que en este país llamamos democracia, estamos llegando al punto culminante o crucial de la descomposición del Estado Español, cuando llevamos meses con un tira y afloja, desde el independentismo catalán, juicio del proceso por medio, hasta las reuniones del Pseudo Doctor Sánchez con quienes quieren dinamitar España, instaurando en este desavisado país un régimen comunista-marxista-leninista-estalinista, sistema o régimen que ha sido desterrado de todos los Países Civilizados del mundo, (recordemos la caída del Muro de Berlín y del Telón de Acero), quedando reductos del mismo en los países de democracias bolivarianas y bananeras, tales como Venezuela o Cuba, en los que la miseria, moral y económica, están conduciendo a la ruina, la miseria y la pobreza a su población.

Y, ahora, sin careta, con una desvergüenza o falta de vergüenza torera, el Pseudo-Doctor-Sánchez, que anhela mantenerse en La Moncloa, contra viento y marea y caiga quien caiga, se ha lanzado cuesta abajo y sin frenos a conformar, a toda costa y contra los principios constitucionales más básicos y elementales, un Gobierno que le permita seguir viajando en el Falcon y vivir a cuerpo de rey (nunca mejor dicho), mientras el pueblo español sufrirá las consecuencias de los actos de un Presidente carente de escrúpulos, principios, moral (aunque sea laica) y conciencia, echándose en brazos (ya se abrazó, con asco, por cierto, con Pablo Iglesias, otro que tal baila, en pos de conseguir aunque sea un Ministerio y si es una Vicepresidencia mejor, para completar el giro de 180 grados de su ideología -¿la tiene?- y su complemento con el casoplón que se ha aviado) con Podemos y el resto de la escoria parlamentaria (ERC, JxCat., PNV, Bildu, Teruel Existe y cualquier otro sujeto o sigla que pretenda sacar tajada aun a costa del perjuicio que se le ocasione al pueblo español, y que, quizás, debieran estar fuera del arco parlamentario por contravenir la ley).

Es por ello, que crea alarma, que nuestra Majestad, el Rey Felipe VI, haya encomendado al Pseudo-Doctor, la formación de Gobierno, cuando no tenía ni tiene aún el apoyo suficiente para ello, dando pábulo a las alas y pretensiones independentistas, y aunque la Fiscalía, la Abogacía del Estado y el propio Tribunal Supremo queden al borde de recibir la extremaunción, no siendo de extrañar, que con estos mimbres nos tomen el pelo en Bruselas, en Bélgica y en cualquier parte del mundo, y aquél no adopte decisiones drásticas, en un momento crucial para la estabilidad y el futuro de este país, repito, aun hoy, a duras penas, llamado España, ya que al fin y al cabo, es la máxima autoridad del Estado y no puede limitarse a dar un discurso en Nochebuena ramplón, lleno de tópicos vulgares y chabacanos, falto de valentía y de cantar las verdades del barquero, cuando lo que se avecina apunta directamente a su salida de España, tal como le ocurriera a su bisabuelo Alfonso XIII, mas para eso hay que tener carácter, fuerza, voluntad y determinación para coger el toro por los cuernos, agarrar el timón de este navío llamado España y evitar que los españoles, que tanto le preocupan, queden inmersos y sumidos en la oscuridad permanente de la noche… Y deje de ejercer el papelón de un Don Tancredo cualquiera, de un pelele, de un calzonazos, de una marioneta, cuando la propia existencia de España, como país, y de los Españoles, están en un peligro semejante al que lo estuvieron en las vísperas de la Guerra Civil. Y una muestra de su debilidad y falta de interés o de valentía para ello, es que por la puerta asoma otra segregación del territorio español, cual es la moción presentada por la Unión del Pueblo Leonés, en dicho Ayuntamiento, apoyada por el Partido Socialista Obrero Español y Podemos, reclamando una autonomía propia para la Región Leonesa, formada por la propia provincia leonesa a la que se sumarían Salamanca y Zamora. Y es que, a perro flaco, todo son pulgas, según sentencia el Refranero Español, tan certero, como casi siempre, si no siempre, tan puñetero. O sea, España convertida en un patio de porteras o en un casa de putas, salvaguardando la dignidad y el trabajo de quienes se dedican a ejercer, por necesidad, la profesión más antigua del mundo.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

1 de Enero de 2.020

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