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Matar a los muertos

Por Miguel Ángel Vicente
miércoles 23 de junio de 2021, 06:29h

Esta izquierda o, más bien, estas izquierdas, la simple y la compuesta, es decir, la izquierda, así, a secas, y la otra, la ultraizquierda, en este país, aun hoy, a duras penas, llamado España, aún no han digerido que la guerra civil de 1.936-1.939, la ganó el Generalísimo de los Ejércitos, Don Francisco Franco Bahamonde y a Dios Gracias (quizás porque fue apoyado por la Iglesia Católica), porque de haber cambiado el final de la misma, con un triunfo del Ejército Republicano, en base a la ideología más abyecta de que el ser humano ha sido imbuido, o sea, el comunismo-marxismo-leninismo-estalinismo, quizás no hubieran quedado vivos ni la mitad de la población que salvaron la vida tras la atroz batalla fratricida, la cual, ya tuvo su prolegómeno en la Revolución de Asturias del año 1.934, llevada a cabo por comunistas, socialistas y anarquistas, bajo la Alianza Obrera (FSA-PSOE, UGT, CNT y PCE), y que, a pesar de los pesares, fue sofocada, ¿por quién? ¡Oh, por el propio General, entonces, Don Francisco Franco Bahamonde!, fiel militar al servicio de la República, y ante los desmanes que se produjeron, tras el pucherazo de las elecciones municipales de 1.936, dado por la “beatífica izquierda”, seguido del desorden, tropelías y desafueros por parte de tan angélicos elementos, léanse, los incendios de iglesias y conventos y el asesinato a sangre fría y porque sí, de curas, monjas y frailes, y de a quien tuvieran a bien enviar al otro mundo, aquél General decidió tomar la iniciativa para frenar los sanguinarios hechos y actos, que preludiaban un régimen de terror, miedo, pánico, pavor, horror y espanto.

Pues bien, ahora, tras ochenta y dos años de la finalización de aquel lamentable y luctuoso suceso, esas izquierdas, la simple y la compuesta, aún no ha acabado de digerir el entente a que se llegó en la llamada Transición Española, tan loada y admirada, por propios y extraños, en ese paso que era necesario, de un régimen dictatorial a un régimen democrático, de corte occidental, cuyo modelo lo constituye la Constitución de los Estados Unidos de América, con el objeto de trazar una línea de partida, hacia la concordia y el establecimiento de un verdadero y auténtico Estado de Derecho, Democrático y de Bienestar Social, con la promulgación de nuestra Constitución de 1.978. Mas, repito, esas izquierdas, la simple y la compuesta, sigue sin asimilar aquella derrota, final de un conflicto que ella misma incendió, en análogas circunstancias a las que, lamentablemente y por despotismo del Pseudo-Doctor-Sánchez, empezamos a vivir de nuevo, a cuenta del independentismo catalán; recordemos aquella declaración del Estado Catalán llevada a cabo por Companys, desde el balcón de la sede de la Generalitat, mecha que supuso el inicio de aquellos actos y hechos, lúgubres, maquiavélicos y de todo punto reprobables y condenables. Repito, esas izquierdas, la simple y la compuesta, sigue regurgitando los demonios que habitan en sus estómagos y bien pareciera que quisieran y buscaran el inicio de otro conflicto armado en nuestro país, para darse el gusto de, si la rueda de la ruleta cae en su color, alzarse con la victoria y someter y doblegar a cuantos españoles, de uno y otro bando, de una u otra ideología sana y natural, han vivido en paz durante los años siguientes a aquella concordia pactada por todos, tratando de, por todas las maneras y formas, que sucesos como el derivado de esa fratricida contienda, pudieran volver a desencadenarse, en este país, aún hoy, repito, a duras penas, llamado España, aun cuando parece, a todas luces, que siguen erre que erre, en su afán, de seguir dividiendo a España, en las dos a las que se refiriera nuestro inmortal poeta, Antonio Machado, barruntando que “españolito que vienes al mundo, te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón”, proclama plenamente vigente, desgraciadamente, en nuestros tiempos.

Yo no sé qué tipo de ADN recorre las venas de estos nuevos supremacistas, que se creen poseedores absolutos del bien y del mal, que tratan de imponer, con bota de hierro, sus semblanzas ideológicas, a todo quisqui, dejando en la incuria y la soledad a todo aquél que no comulgue con los carros y carretas o con las ruedas de molino, tal como pretenden aquéllos. Yo no sé qué tipo de leche han mamado en su tierna infancia, estos malnacidos que intentan someter a la ciudadanía con amenazas y violencia si preciso fuere, a fin de que todo el pueblo quede convertido en una masa de carne sin ojos, incapaz ninguno de sus miembros de usar el intelecto y la voluntad, suprimiendo de un plumazo el derecho a la libertad y con él, si se tercia, el derecho a la vida (léanse aborto y eutanasia), lo que desembocará, sin lugar a dudas y sin remedio, en el imperio del mal y la ocupación de la Tierra Media por Sauron, el Señor de las Tinieblas, que impedirá que la luz del sol brille en nuestro horizonte, sumiendo a la piel de toro en las tinieblas y la oscuridad, amén de a todos los conciudadanos, en la miseria, el hambre y la pobreza.

Pues bien, aquí y ahora, empiezan a brotar esos indicios de maldad, de vileza, de crueldad, de inmoralidad y de depravación, que corroe a toda esa cohorte, que no puede dejar de llamarse, de gentuza, que portan el mal innato en sus venas, y que ahora, al galope de los diabólicos pasos del actual Retroprogresista Criminal Gobierno de España, encabezado por el Pseudo-Doctor-Sánchez, alias “Pinochón”, quieren y buscan la “vendetta”, y es por lo que, de momento, gracias a Dios, les ha dado por matar a los muertos, en un acto de revancha, venganza y represalia, poniendo al descubierto el odio, el rencor, la mala leche y la ira que siempre han anidado en su corazón, y así de esta manera, es posible que se apresuren a poner en valor el contenido de la malhadada y criminal Ley de Memoria Histórica” (con el ADN de Zapatero) y ahora “Ley de Memoria Democrática” (con ADN del Pseudo-Doctor-Sánchez y bastante de Carmen Calva Poyata), se ha iniciado una caza de brujas (recordemos la Noche de los Cristales Rotos, en tiempos del Führer, Adolf Hitler) dirigida a borrar del mapa, mediante una muerte o asesinato virtual, a quienes yacen en sus tumbas, hace décadas o lustros o siglos, ya que la aversión de estos energúmenos, brutos, analfabetos, endemoniados, endiablados y poseídos, no atienden a personajes ni a épocas, en un enardecido y envilecido fin de tratar de reescribir la historia, a la manera y gloria, de cómo a ellos les hubiere gustado que fuere, mas los hechos son tozudos y el pasado, pasado es, y no lo lograrán cambiar ni desvirtuar por más que se expriman el cerebro (caso de tenerlo, pues la cabeza parece que simplemente les sirva para ponerse el sombrero) y las gestas, hechos y acontecimientos, algunos, hay que reconocerlos deplorables, lamentables, aciagos y tristes, pervivirán en la memoria colectiva, lo que es, además, necesario e imprescindible, para aprender de nuestros errores y evitar que los mismos vuelvan a repetirse.

Y en esta tesitura, tras el ridículo del Ayuntamiento de Palma, suprimiendo las calles dedicadas a los héroes de Trafalgar y Cuba, por fachas, nos encontramos, por reciente, la acción de un alcalde, despreciable y abominable, inculto, perverso, rencoroso amén de analfabeto y ruin, conocido como Kichi, de Cádiz por más señas (ciudad que no se merece un regidor tan bajo, moral, intelectual, y éticamente), que usando y abusando de su pobreza intelectual ha tenido la osadía, no sólo de quitar el nombre del Teatro al aire libre del parque Genovés, a una figura de las letras españolas, Don José-María Pemán, por franquista y fascista, sustituyéndolo por “Teatro de Verano”, sino ahora, también quitar la placa de la casa en que nació el poeta, dramaturgo, articulista, figura insigne de nuestras letras, en la calle Isabel La Católica (a la que pronto puede que le llegue la hora) en una vil decisión, para regocijo del incauto y malnacido Edil, que creerá que con este hecho ha dado nueva muerte a uno de los más prolíficos e inolvidables hombres de nuestras Letras, lo cual define, como criminal, a este alcalde mamarracho, iletrado, inculto, ignorante, berzas, palurdo y zote.

En esa línea, se alinea, valga la redundancia, la decisión de borrar y eliminar la denominación que a modo de homenaje a los prohombres de nuestra Ciencia ilustraban los Premios Nacionales de Investigación, tales como Santiago Ramón y Cajal, Severo Ochoa, Isaac Peral o Juan de la Cierva, personajes que han dado lustre y brillo, como inventores y profesionales, a la Cultura Española. Pero, ya lo hemos dicho y hago extensivos al Ministro de Ciencia, Pedro Duque, los apelativos destinados al alcalde de Cádiz. Aquél ya tiene bastante también, con el éxito de “Ingenio” y con la pretensión, ahora, de crear una NASA española. ¡Aviaos estamos!. Y su cara delata la mendacidad y la idiocia del personaje.

No es de extrañar que allende nuestras fronteras, especialmente en Latinoamérica, crezca la animadversión hacia nuestros ilustres descubridores y colonizadores. El becerro se amamanta en las ubres de su Madre.

Y, puestos a borrar, Moncloa se ha apresurado a sustituir del currículum de Yolanda Díaz, tres másteres espurios, sustituyéndolos por otros estudios menores (de los que, visto lo visto, también dudamos). Otro ejemplo de sinvergonzonería e ilegalidad de quienes asientan sus posaderas en las poltronas del Consejo de Ministros, que (siendo la cara el reflejo del alma), parecen haber sido elegidos del grupo de los más torpes, incapaces e ineptos, unos más que otros, pero sin dejar fuera a ninguno. Desde luego, sus caras de bobos, simples, necios y mentecatos, les delata.

MIGUEL ÁNGEL VICENTE MARTÍNEZ

23 de junio de 2021

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