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¡Señor, que cruz! (II)

Por Miguel Ángel Vicente
miércoles 12 de enero de 2022, 02:45h

Diseccionemos, a la manera como un médico forense lo hace con el cadáver de un asesinado para hallar la o las causas que acabaron con la vida del difunto, este primer y fundamental artículo del citado Real Decreto, que encierra la filosofía y la razón de ser de la Real y Distinguida Orden, a saber:

1.- En cuanto al sujeto posible acreedor de la recompensa con la concesión de las insignias que prevee, habla de “los ciudadanos”, que, de conformidad con el Diccionario de Uso del Español, de María Moliner, significa “Personas de una ciudad antigua o de un estado moderno con los derechos y deberes que ello implica”. O sea, que podría ser yo, o Vd., querido lector, por ejemplo. Ciudadanos “españoles”, como se desprenden de varios artículos del Real Decreto (5.1 y 7, párrafo segundo), aunque, excepcionalmente, también puede concederse a ciudadanos extranjeros (art. 9).

2.- Añadiendo “Que con sus esfuerzos, iniciativas y trabajos”: Exige el Real Decreto, para ser acreedor al reconocimiento, que el ciudadano haya realizado “esfuerzos” (“acción de esforzarse”, “obligarse alguien a sí mismo a hacer algo para lo que necesita mucha fuerza física o aplicar intensamente la inteligencia, la voluntad o cualquier facultad espiritual”), “iniciativas” (“cualidad de la persona capaz de idear, inventar o emprender cosas”- “Decisión, impulso, ingenio, inventiva”) y “trabajos” (“Actividad en que alguien se está ocupando o en que se ocupa habitualmente”).

3.- Hayan prestado servicios “eminentes” (“Prominente, Sobresaliente. Aplicada a personas, de mucho mérito o valor; particularmente, de mucho valer en cierta profesión”) y “extraordinarios” (“No ordinario. Mayor o mejor que lo ordinario. Cosa extraordinaria o excepción que ocurre o se hace en algo. De antología. Antológico. Desacostumbrado. Excepcional. Imponente. Impresionante. Inigualable. Insólito. Inusitado. Irrepetible. Distinto. Especial. Notable. Singular. Sorprendente”) a la Nación.

Mas, en el artículo 5.3, es donde el Señorito Aznar (que, a través de su Fundación FAES, nutrida de pingües subvenciones, incita al Partido Popular a aumentar el “componente propositivo”, que él sabrá de lo que va, para crecer como alternativa, una parida de la mente tras un proceso complejo de embotamiento ) metió la zarpa hasta el corvejón, viéndosele claramente el plumero, al meter a toda la tropa política (como siempre los políticos avariciosos de colgar títulos y honores en su currículum, aunque sean falsos o fraudulentamente conseguidos) como acreedora a hacerse con las Grandes Cruces de la Real y Distinguida Orden, lo cual no hace sino quitarle todo el mérito a la misma, degradándola hasta las cloacas del Estado, porque es falso de toda falsedad y a los hechos me remito, que los políticos por el mero hecho de serlos, y más si son Ministros, gocen de una aureola de diáfanos, transparentes, sacrosantos, incapaces de cometer tropelía alguna, cuando, repito, los hechos, que son tozudos, destapan un día sí y otro también, las prevaricaciones , ilegalidades, satrapías, injusticias, fraudes, etc., en todos los ámbitos y ramas, acabando, solamente respecto de lo que se descubre, que es la punta del iceberg, siendo condenados por la justicia. O sea, que de beatíficos seres, sólo comparables con los ángeles y arcángeles, “res de res” que diría un catalán. Pues, ahí va el texto del citados artículo 5.2:

“Como culminación de relevantes servicios al Estado y, su caso, de acuerdo con los méritos señalados en el presente Reglamento, podrá ser concedido el ingreso en la Orden con la categoría de Gran Cruz (la máxima, subrayo yo) a los que fueran o hubieran sido Presidentes del Congreso de los Diputados, del Senado, del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, Ministros del Gobierno y otras altas autoridades del Estado, así como los que tengan concedida otra Gran Cruz civil o militar española, con más de tres años de antigüedad”.

En realidad, no hay persona más peligrosa en este país, que un político, prácticamente todos exentos de moralidad y de ética, y que suponen un peligro para España y los Españoles, por lo que a los mismos, habría que insertarles un microchip subcutáneo, tal como el que ha diseñado la empresa sueca “DSruptive Subdermals”, implantado bajo la piel, con la finalidad de acreditar el pasaporte sanitario, y que, a través del mismo, puedan ser observadas las veinticuatro horas del día, los 365 días del año, por cualquier ciudadano, las andanzas de nuestros hombres y mujeres públicos y públicas, sin límite alguno, lo fueran defecando, miccionando o copulando: de esta manera, sí que muerto el perro, muerta la rabia, y a tomar por culo tanta normativa sobre Transparencia que más bien son salvas y fuegos de artificio para no transparentar nada. El que logre tal, sí que sería merecedor de obtener la Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, si es que no fuera acreedor al Collar del Toisón. Aunque, en verdad, al político se le debe presumir, aparte de exigir su bagaje en pro del beneficio de la Nación y de los ciudadanos, cosa que va en el cargo, tal como al soldado se le presupone el valor, y siendo su labor por dicha causa su razón de ser y existir, nada extraordinario es y debe serle exigido que un Ministro trabaje como debe hacerlo, pues en base a ello ningún reconocimiento excepcional merece, por realizar bien su trabajo, a la manera como el barrendero competente barre adecuadamente la zona de las vías públicas que le competen.

Y de conformidad con el artículo 7, párrafo primero, “Con el objeto de prestigiar las concesiones de esta Orden, de manera que el ingreso en la misma constituya una ocasión extraordinaria que premie los méritos indicados en el artículo 1, la Cancillería de la Orden velará para que cada una de aquéllas esté debidamente justificada”. Y aquí viene la madre del cordero, porque proclama el Artículo 3. “El Presidente del Gobierno será el Gran Canciller de la Real y Distinguida Orden de Carlos III”, o sea, hoy por hoy, el Pseudo-Doctor-Sánchez, o Cum-Frade, o Pinochón, lo que es tanto como poner la zorra a cuidar el gallinero.

No es de extrañar, que ante este panorama, Cum-Frade, haya hecho gala de sus poderes y su Consejo de Ministros haya aprobado, el pasado día 28 (día de los Inocentes, para mayor inri) sendos Reales Decretos para conceder la Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III a 23 ex-Ministros, encabezados por el PP y PSOE, entre ellos al ex-Vicepresidente Primero, Pablito Iglesias, alias “bragueta ligera” o “El Jorobado de Notre Dame Español”, entre otros, que salió de estampida del Gobierno o le dieron el puntapié en el antifonario, y cuyos méritos, más bien deméritos, entre otros, han sido impedir la investigación de los abusos y las violaciones a menores en los Centros Tutelados de Baleares, y callar ante los dichos actos perpetrados por el ex-esposo de la Vicepresidenta del Gobierno Valenciano, Mónica Oltra, condenado a cinco años de prisión, con un fuerte varapalo por parte del Tribunal Sentenciador para la Consejería de Igualdad de la susodicha, que para exculpar a su ex, emitió informes falsos para desacreditar y culpar a la víctima, y que aún sigue ahí sin caérsele la cara de vergüenza, así como a su Presidente Ximo Puig, atado por los huevos por Compromís, para seguir chupando del cargo; o a Dolores Delgado, actual Fiscala Generala del “Gobierno” y ex-Ministra de Justicia, que está en el alambre por sus cuitas inconfesables entre Fiscales de su rango, léase el caso Stampa, Ignacio; o a Salvador Illa, ex–Ministro de Sanidad, que junto con Fernando Simón, condujo a España al caos a cuenta del coronavirus, abriendo la puerta, por su ineficacia, ineptitud y mala fe, a un genocidio coronavírico; o a Isabel Celaá, ex-Ministra de Educación, autora de una Ley de Educación que persigue todo lo contrario que se le debe exigir, es decir, la ineducación de los jóvenes y el analfabetismo de los mismos, al poder pasar de curso con suspensos mil y descabalgar el español como lengua vehicular en Cataluña, para contentar a los independentistas catalanes, tan necesarios para que el Pseudo-Doctor-Sánchez, pueda seguir cagando en La Moncloa; o a Meritxell Batet, Presidenta del Congreso de los Diputados, para seguir pagando el voto independentista Catalán; o a, por el mismo independentista motivo, Maxim Huerta, ex-Ministro de Cultura, que duró en el Ministerio lo que un caramelo en la puerta de un colegio y que tuvo que poner pies en polvorosa ante un presumible fraude a la Hacienda Pública; o a Manuel Castells, ex-Ministro de Universidades, que simplemente se dedicó a calentar la poltrona y a cebarse como un gorrino; o a José-Luis Ábalos, ex-Ministro de Transportes, el del pico con la Dulce Delcy y otras andanzas de paños menores, puteríos y sopicaldo penevulvar; y para no disgustar al PP, y que Casado o Cagado siga comulgando con ruedas de Molino, un manojo de ex-Ministros Peperos, Alberto Ruiz Gallardón, José-Manuel Margallo, José-Ignacio Wert, José-Manuel Soria y Luis de Guindos; o sea, hoy por ti, mañana por mí, como canta Joan Manuel Serrat. Si esta ristra de indigentes morales ha realizado los servicios eminentes y extraordinarios a la Nación debido a sus esfuerzos, iniciativas y trabajos salidos de su caletre, que requiere el reconocimiento para la obtención de la Gran Cruz, que venga Dios y lo vea, cuando más bien no han dado en su vida un palo al agua, y se han dedicado a sumir en la miseria y la ruina a España y a los Españoles, pues son como el caballo de Atila, que, según dicen, donde pisaba ya no crecía la hierba, o como una plaga de termitas, de langosta o de marabunta que, por “do” pasan, dejan los campos yermos, secos, devastados y hechos un erial. ¡Ahora sí, sí, ahí, sí que dan la talla!.

MIGUEL ANGEL VICENTE MARTINEZ

12 de enero de 2.022

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