www.albaceteabierto.es
La ciencia debe avanzar sin pedir permiso, afirma Amador Pastor

La ciencia debe avanzar sin pedir permiso, afirma Amador Pastor

La inclusión de mujeres en la ciencia es esencial para un futuro más equitativo y enriquecedor en el ámbito del conocimiento

miércoles 11 de febrero de 2026, 11:12h
El texto reflexiona sobre la inclusión de mujeres y niñas en la ciencia, destacando avances y desafíos actuales. Se enfatiza la importancia de crear una cultura inclusiva y educativa que fomente la confianza y el reconocimiento. El objetivo es alcanzar un futuro donde el talento no tenga género y todas las preguntas sean bienvenidas.

Cuando la ciencia deje de pedir permiso

Reflexiones del consejero Amador Pastor

En un momento casi imperceptible, una niña deja de hacer preguntas en voz alta. No porque se le hayan agotado las inquietudes, sino porque, sin que nadie se lo indique, aprende a discernir cuáles son las preguntas que deben ser expresadas y cuáles es mejor mantener en silencio. Así comienza muchas veces el camino hacia la ciencia: con una pregunta y, lamentablemente, con un silencio aprendido.

Cada 11 de febrero, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia nos brinda la oportunidad de reflexionar. No tanto sobre el pasado —donde las ausencias fueron más bien silencios impuestos—, sino sobre el presente que estamos forjando. Afortunadamente, hoy ya no discutimos si las mujeres pueden dedicarse a la ciencia; la cuestión ha cambiado: ¿qué condiciones les ofrecemos para que puedan permanecer, crecer y ser reconocidas en este ámbito?

Avances y desafíos en el camino científico

En los últimos años hemos visto avances significativos. Las aulas están repletas de niñas curiosas y jóvenes que no se sienten ajenas al interés por disciplinas como la física, la tecnología, la biología o las matemáticas. El sistema educativo ha realizado un esfuerzo sostenido para abrir horizontes, ofrecer referentes cercanos y desmantelar estereotipos heredados. Este trabajo paciente y constante empieza a dar sus frutos. Sin embargo, hay que recordar que la ciencia no es una carrera corta ni un logro inmediato; es un trayecto largo y exigente que se construye con tiempo, apoyo y confianza.

Aquí es donde aún persisten fragilidades. Estas no siempre son visibles ni medibles. La brecha ya no solo radica en el acceso a oportunidades, sino también en el recorrido dentro del campo científico: quién lidera proyectos, quién firma primero o quién puede permitirse no abandonar cuando la conciliación se convierte en un desafío o cuando el reconocimiento tarda más de lo esperado. Estas barreras silenciosas son mucho más difíciles de señalar porque no se manifiestan a través de prohibiciones explícitas, sino mediante inercias.

La necesidad de una cultura inclusiva

Hablar sobre la mujer y la niña en la ciencia no debería hacerse desde una perspectiva épica o excepcionalista. El avance científico no depende de gestos heroicos aislados; se nutre de comunidades que cooperan, comparten conocimientos y enriquecen su labor con miradas diversas. Incorporar plenamente a las mujeres no es un acto de corrección política ni una concesión; es una condición imprescindible para lograr una ciencia más completa, rigurosa y justa.

La educación juega aquí un papel central. No solo como punto de partida, sino como hilo conductor a lo largo de toda trayectoria científica. Educar en ciencia implica también fomentar confianza, autonomía y legitimidad para ocupar espacios. Esto no se logra únicamente mediante leyes o programas específicos; requiere construir una cultura compartida que atraviese aulas, familias e instituciones. Una cultura que evite subrayar constantemente las diferencias pero que tampoco ignore las desigualdades existentes.

Un futuro sin barreras

Quizá el verdadero objetivo de días como este sea dejar de necesitarlos algún día. Aspiramos a llegar a un momento en el que no sea necesario recordar que el talento carece de género; un tiempo donde la pregunta no sea quién investiga, sino qué se investiga y para qué. Un tiempo en el cual ninguna niña sienta que la ciencia es un territorio ajeno o provisional.

No obstante, es crucial mantenerse alerta. La historia nos ha enseñado que los avances pueden retroceder fácilmente si no se cuidan adecuadamente. Por ello, es fundamental seguir visibilizando y apoyando estas iniciativas mientras normalizamos la presencia femenina en el ámbito científico; esta realidad debería ser parte del paisaje cotidiano.

Tal vez ese sea nuestro horizonte: una ciencia que no pida permiso porque pertenezca a todas las personas. Una ciencia donde las preguntas tengan espacio para florecer y donde nuestra sociedad comprenda finalmente que invertir en mujeres y niñas en este campo significa mirar hacia el futuro con responsabilidad.

Amador Pastor, consejero de Educación, Cultura y Deportes

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios