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Una doctora de medicina intensiva del Hospital de Toledo participa en Etiopia en un programa de formación de especialistas
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Una doctora de medicina intensiva del Hospital de Toledo participa en Etiopia en un programa de formación de especialistas

sábado 22 de junio de 2019, 12:15h

La estancia de la intensivista del centro sanitario de Toledo en las unidades de cuidados intensivos de hospitales de la capital etíope Addis-Abeba se ha prolongado por espacio de tres semanas.

La doctora Alejandra Bustos del servicio de Medicina Intensiva del Complejo Hospitalario Universitario de Toledo, dependiente del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM), ha participado en Etiopía en la formación de médicos de esta especialidad para aumentar la capacidad clínica de los facultativos de este país africano.

Este programa forma parte de la Agencia para la Cooperación y Desarrollo (AECID), la Fundación Española para la Cooperación Internacional, Salud y Política Social del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social para reforzar la cooperación en el sector de la salud entre los dos países, específicamente en la formación de médicos especialistas, y en el desarrollo de servicios esenciales especializados y quirúrgicos, a través del intercambio científico de conocimiento técnico, con el objetivo de avanzar hacia la cobertura de salud universal.

La doctora y cooperante, que ha desarrollado íntegramente su trabajo durante tres semanas en las UCI’s de los hospitales de Sant Paul y de Aabet en la capital etíope Addis-Abeba, ha explicado que “lo que más se valora en el caso de formación sanitaria es la formación en servicio, es decir, el estar junto al profesional sanitario en el día a día, en cada una de las fases con el paciente, desde el diagnóstico al tratamiento, y el mantener discusiones clínicas tan necesarias para el desarrollo de nuestra ciencia”.

Para la doctora Bustos, “la Medicina Intensiva es una especialidad que precisa ciertamente de un desarrollo hospitalario determinado, al tratarse de una disciplina que requiere de una tecnología específica con una visión global del enfermo al entender al paciente como un conjunto de órganos y sistemas que están sin duda interrelacionados. Es ahí donde la visión de un intensivista contribuye a la evolución del paciente de forma muy positiva: se trata de priorizar el problema, de ver el conjunto, del diagnóstico rápido y la solución, si la hubiera, certera y de manera eficiente”.

Esta especialista ha indicado que “aunque a priori parece difícil que en un país como Etiopía se pueda plantear la presencia de Unidades de Cuidados Intensivos dada la situación de desarrollo del país, lo cierto es que las hay y están en pleno rendimiento con mayor o menor acierto”.

En Etiopía se está iniciando la formación especializada y, aunque ya cuenta con especialistas formados, lo que se está intentando es “armonizar” el currículum profesional a nivel nacional de las especialidades, ha explicado esta doctora.

Para acceder a la especialización de Medicina Intensiva, los médicos, tras finalizar un periodo de seis años en la Universidad y una estancia durante un año más en las áreas rurales más alejadas de los centros poblacionales, tienen que realizar un examen de acceso para la especialidad en concreto: Anestesia y Cuidados Críticos, Anestesia y Medicina de Urgencias, Cuidados Críticos y Medicina de Urgencias.

“Por un espacio de tres años completan la formación en el que llama la atención el gran componente teórico, con exámenes continuos por bloques y una evaluación final cada año, junto con la intensa actividad clínica que desarrollan los residentes que en muchas ocasiones permanecen solos durante la guardia nocturna”, tal y como ha manifestado.

Alejandra Bustos ha resaltado que durante su estancia en la Unidad de Cuidados Intensivos, participó “de forma activa en la actividad clínica habitual, a través de las rondas que se realizaban a pie de cama del enfermo, junto a los residentes y lideradas por un médico senior del servicio. Las visitas clínicas se realizaban desde la mañana a primera hora, tras las de enfermería que acertadamente se realizaban a pie de cama por todos los enfermeros, y se prolongaban hasta el almuerzo”.

En ese periodo compartió con los facultativos los casos más complicados de cada paciente e impartió seminarios relacionados con la monitorización respiratoria mediante las curvas del ventilador, la sepsis y el código sepsis, y la monitorización del paciente neurocrítico.

En este sentido, ha indicado que le sorprendió “la nula importancia que muestran a la monitorización respiratoria, por lo que intenté que se fijaran, tanto médicos como profesionales de Enfermería, en la gran importancia que tiene la morfología y la gran ayuda, en cuanto al diagnóstico y tratamiento, que puede ofrecer una forma de curva determinada. Así, intentamos que los respiradores siempre estuvieran con la pantalla con los números y las curvas de presión, flujo y volumen”.

El Hospital de Sant Paul se considera el segundo de Addis Abeba, tras el Hospital de Black Lion. Fue construido en el año 1961 y cuenta con unas 300 camas, atendiendo una media de 110.000 personas. Dispone de una UCI de seis camas y una futura habitación de aislamiento.

Atiende personas procedentes del servicio de Urgencias y de las plantas de hospitalización, además de pacientes complicados tras intervenciones quirúrgicas. Los pacientes neuroquirúrgicos y los traumatológicos se intervienen en el Hospital de Aabet, que dispone de una UCI dividida en tres salas, con un total de diez camas.

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