Vivo sin vivir en mí

Miércoles, 28 Septiembre 2016 07:48   Miguel Ángel Vicente Opinion
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Así es, desde que el pasado martes, 20 de septiembre del corriente año, viendo y escuchando las noticias de la Sexta Televisión, anunciaron, como un aldabonazo, la noticia que me cogió por sorpresa y que hizo recorrer por todo mi cuerpo, entero sin dejar de lado parte alguna, como un latigazo eléctrico que me dejó helado y estupefacto, al soltarla sin previo aviso y de repente, como cuando explota un globo al ser pinchado, la noticia, digo, del divorcio entre Angelina Jolie y Brad Pitt. Eran las veinte horas y como quien no se cree ciertas noticias o piensa que se las ofrecen en plan gato por liebre, tras comprobar que no me hallaba en el día de los santos inocentes, nervioso y aún sin haber salido de mi asombro y estupefacción, conecté con las noticias del Telediario de Antena 3, a las veintiuna horas. Y como un mazazo recibí la confirmación de lo que mi ser entero repudiaba y deseaba no fuera cierto. Luego vino la prensa escrita, con algunos diarios publicitando en primera página (La Razón, El País, entre otros) la triste y tensa noticia del susodicho divorcio que anegó mi alma de tristeza y haciéndome sentir como si un golpe hubiera sacudido mi cuerpo entero y del que preveía y vaticinaba una larga y dolorosa temporada dedicada a la rehabilitación de mi ser, en un centro psicológico y psiquiátrico, incluso, tal fue el impacto que me produjo, pues llegué a pensar que ya, de ahora en adelante, nada sería igual en mi vida, ante el pavoroso anuncio y su confirmación, de esa separación, de esa tormenta que se avecinaba sobre una familia, que, hasta la fecha, había sido un ejemplo a seguir, por su verdadera y profunda comunión con eso que, a veces, sin darnos cuenta y de una manera irresponsable, llamamos o calificamos de amor.

No es de extrañar que la noticia haya roto, incluso, moldes en la impresión de las mismas por los distintos rotativos. Así, el Diario “ABC” enfatiza con un “Angelina Jolie rompe con Brad Pitt y pone en marcha el divorcio del año”; en páginas de “La Razón” con un “el fin de los señores Smith”; o  en “La Tribuna de Albacete” o “El País”, con un “el fin de la pareja perfecta”; o el propio “El País”, del día 24 de septiembre, con un “Angelina Jolie y Brad Pitt, un divorcio de cine”, añadiendo “acusaciones de maltrato, drogas, alcohol, 446 millones a repartir...Así es el final del matrimonio más carismático de Hollywood”.

Y todo esto, así, de repente, sin preparación previa ni medias tintas, cayendo como un jarro de agua fría sobre la cabeza de quienes tan ciegamente confiábamos en ese “amor”, tan poco terrenal y al uso, que otrora desplegaban esos mismos medios de comunicación a los cuatro vientos, poniéndonos los pelos de punta y haciéndonos creer a los pobres de corazón que éramos quienes así veíamos, como si de una película se tratara, la relación entre estas dos bellezas, guapo él, guapa ella, cuyas vivencias y bonanzas nos restregaban por los ojos en un afán de ponerles como ejemplo para la humanidad entera y que hacía que nos devanáramos los sesos en analizar y estudiar cuál era el tipo de amor que los pobres de a pie manteníamos y mantenemos con nuestras respectivas parejas, que, en modo alguno, había de ser comparable, ni por asomo, con lo que se presumía y se ponía al descubierto entre esa pareja inalcanzable para nosotros.

Se cuenta que la chispa que incendió el corazón de ambos saltó, entre escena y escena, en el rodaje que ambos protagonizaron, de la película “Sr. y Sra. Smith”, en el año 2.005, aunque, pese a ello, no contrajeron nupcias  hasta el año 2.014, pese a que desde aquel rodaje la pareja ya hacía vida matrimonial, constituyendo, según dicen, “una pareja soñada e idílica; un amor que parecía sacado de la comedia más romántica...y que provocó más de un suspiro de admiración entre sus seguidores y alguno también, quizá, de envidia sana”. ¡Coño!, justo lo que me ha venido pasando a mi; y ahora ¿qué? Bien pudiera considerar que me han tomado el pelo, que han estado jugando conmigo y con cuantos como yo hemos caído en la red de ese romanticismo ejemplar que creíamos había terminado con las “Rimas” de Gustavo Adolfo Bécquer. ¿Quién me compensa a mí y a esos tantos otros, el tiempo perdido pensando en ese romanticismo, que ahora ha resultado un bluff, a quienes creíamos que nos hallábamos ante dos dioses, que ahora han demostrado tener los pies de barro, como unos cualesquiera ciudadanos de a pie, calzados o no? ¿Podremos resarcirnos interponiendo una demanda y solicitando daños y perjuicios? ¿Cuáles son esas “diferencias irreconciliables” que alega Angelina en su demanda de divorcio? ¿Tan irreconciliables son hasta el punto de ser causa suficiente para romper esta historia de amor tan sublime y romántica y hacernos unos desgraciados al común de los mortales?.

Nos han roto el corazón, aunque, a decir verdad, no creo que ninguno de los dos sufra y pierda la salud por este tropezón en la vida, sobre todo teniendo en cuenta sus amplios y vastos antecedentes sexuales y matrimoniales, pues no en vano, al menos, que se sepa, ambos habían tenido un amplio expediente de romances con compañeros de profesión: él, había salido con Gwyneth Paltrow y con Julie Lewis, antes de comprometerse y contraer matrimonio con Jennifer Aniston, de la que se divorció; y ella se había casado y divorciado en dos ocasiones, primero con Jonny Lee Millar y posteriormente con Billy Bob Thornton. Y eso, sin contar las canas al aire que antes y después de unirse hayan podido echar con otros/as partenaires. ¡Rayos!, revisando este historial, ahora me doy cuenta de que no eran tan  perfectos, inmaculados, puros e impolutos, como creíamos. En realidad, conforme voy escribiendo e informándome de las cuitas de esta entrañable pareja, se me va pasando el pesar y la sinrazón, que al principio anuncié. ¡Vaya, que empiezan a importarme un bledo, un rábano o un pijo, hablando en idioma castellano-manchego!. Mal rayo los parta y que les dén, que yo voy a seguir con mi vida y que la de ellos la despanzurren en el papel cuché de la prensa rosa y allá películas.

En fin, sólo como una idea, podría apuntarles que si su relación nació rodando, en el plató y en los escenarios, bien podrían ponerse de acuerdo, haciendo de tripas corazón y en aras de esa sociedad económica y mercantilista que me parece fluía en el fondo y en el centro de flotación de esta relación,  para rodar la película de su divorcio; seguro que los trapos sucios que salieran a relucir serían del agrado de los amantes del tipo de publicaciones rosas y amarillas. Sólo, como idea, por si les apetece; seguro que sería una de las películas más taquilleras que haya dado la Meca del cine. ¡Vamos, que ha llegado la hora de cambiar el titulo de este artículo que debiera ser ahora “vivía sin vivir en mí”!. Ahora empieza la vida para mí.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

28 de septiembre de 2016