A vueltas con el botellón

Miércoles, 20 Septiembre 2017 03:49   Miguel Ángel Vicente Opinion
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En Mayo de este año, la revista “The Lancet”, publicaba los resultados del último informe del Instituto de Evaluación y Métrica Sanitaria de la Universidad de Washintong, que analiza la calidad asistencial y el acceso a los recursos sanitarios de más de 190 países de todo el planeta, y nuestro país, este país, aún hoy, a duras penas, llamado España, ocupaba el número 8 del ranking. Pero, como casi todo en esta vida, cuando no se está al loro, cuando la sociedad en general navega a la deriva, generalmente porque quienes tienen el deber y la obligación de asir con fortaleza el timón de la nave, se quedan dormidos a su frente o porque dejan el mismo en manos de ineptos e incapaces, suele ocurrir lo que, sin remedio, ha ocurrido, y es que en otro estudio sociosanitario publicado hace unos días, en este mismo mes de Septiembre, sufragado por la Fundación Bill y Melinda Gates y también publicado por la revista “The Lancet”, nos ha arrojado un jarro de agua fría y nos ha hecho darnos de bruces con la realidad, pura y dura, cotidiana, que sumerge a España un poco en el fondo del pozo, debido a este nuestro particular “laisser faire, laisser passer”, tan del agrado de nuestros mandamases y que suele acabar con el resultado de que la nave encalle o quede varada, sin que sea posible seguir el rumbo hacia el Estado de la Felicidad, o sea, hacia ese Estado de Bienestar, que tantas veces ocupa la boca de aquéllos, tratando de hacernos creer que vivimos en el mejor de los mundos posibles, o sea, rozando, si no entrando y ubicándonos, ya, con nuestra propia dosis de soberbia, en el Cielo, volviendo al Paraíso Terrenal del que el hombre, por su arrogancia y vanidad, fue expulsado por desobedecer el mandato de Dios Padre. Pues bien, este último trabajo que mide el acercamiento a los Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas basado en la mejora de los indicadores de Carga Global de Enfermedades, trata de averiguar si cada uno de los 188 países estudiados se está acercando o se está alejando de los objetivos de eliminar alguna de las enfermedades globales propuestas como erradicables para este siglo, tales como el alzhéimer, dolor de espalda o migrañas. Dicho trabajo recoge datos de cinco estudios mundiales realizados por más de 2.500 colaboradores; este estudio que informa cada año de las causas de mortalidad, esperanza de vida y expectativas de vida saludable, y es catalogado como un atlas mundial de la salud, suspende a España en hábitos saludables, lo que le ha hecho descender del puesto 7 al 23 del ranking, siendo los grandes responsables de este descenso, casi a los infiernos, el “alcohol”, el “tabaco” y la “obesidad infantil”. Los suspensos de España en obesidad infantil han sido de 36 puntos sobre cien, en tabaquismo de 25 puntos sobre cien y el abuso del alcohol, de 10 puntos sobre 100. Lejos quedamos en relación con el país que encabeza la lista, que, como en Educación, es Singapur, seguido de Islandia y Suecia. Y por si fuera poco, o añadiendo más leña al fuego, hace unos meses un informe europeo alertaba de que, en el viejo continente, los ciudadanos nos exponemos a un riesgo de padecer cáncer que duplica el de otras comunidades, por nuestra tendencia al consumo excesivo de alcohol.

Pues bien, en relación con el “bebercio”, o sea, con nuestra adicción a consumir bebidas alcohólicas, el pasado Lunes, día 11 de Septiembre del corriente año, el Diario “La Tribuna de Albacete”, se hacía eco de las declaraciones del Vocal de la Sociedad Española de Medicina del Adolescente, el pedíatra albaceteño, Félix Notario, que lleva años trabajando sobre el problema del alcohol entre los adolescentes, y con ocasión de la permisividad del botellón en nuestra Feria Septembrina, manifestó no ser partidario de la decisión de permitir este tipo de concentraciones durante las fiestas mayores de nuestra capital. E incide en que “hay permisividad total en el consumo de alcohol, la gente joven sigue bebiendo y cada vez más. Lo que más nos preocupa es la edad de inicio, porque es lo que realmente hace más daño. Todos los estudios recientes nos hablan entre los 13 y 14 años cuando empiezan a beber. Un pequeño porcentaje lo hace de forma habitual y un porcentaje mayor lo hace de forma ocasional. Es triste y preocupante que empiecen tan pronto porque la maduración cerebral no está completada a esas edades. El adolescente es muy vulnerable al consumo de alcohol”. Insiste en que “la permisividad de España con el alcohol es total, y destacaba que hasta el 78% de los menores admitían que resulta fácil obtenerlo. Además, señala, que España es el país de Europa en el que los jóvenes empiezan a fumar primero: lo hace el 33% de las chicas y el 29% de los chicos de 14 a 18 años. Y yo, añado, por constatación directa, que ese “fumeque” no suele limitarse al tabaco convencional, sino que por regla general, se sitúa en el porro y lo que venga detrás. Ante esta situación, el propio Dr. Notario, aboga por la familia, como centro neurálgico, para poner en práctica las buenas costumbres e infundir a los menores principios saludables, amén y por añadidura, la educación en los centros escolares, todo ello con el fin de rebajar y llegar a eliminar los miles de jóvenes que acaban en los servicios de urgencias de los hospitales tras los botellones, como consecuencia de los comas etílicos.

Contrasta con los datos arrojados por los estudios e informes señalados al principio y la cordura y sensatez de las reflexiones del Doctor Félix Notario, la ligereza con que nuestras autoridades municipales se toman el problema del alcohol en nuestra capital, que pese a la prohibición tajante proclamada por el artículo 36.1 (“No está permitida la práctica del “botellón” en el ámbito de aplicación de esta Ordenanza definido en el artículo 4”, o sea, “Las prescripciones de la presente Ordenanza son de aplicación en todo el territorio del término municipal de Albacete”) del Texto Refundio de la Ordenanza Reguladora de los Espacios Públicos de Albacete para Fomentar y Garantizar la Convivencia Ciudadana y el Civismo, pomposa denominación, que no casa con la conducta de nuestros munícipes, que contravienen esa Convivencia y ese Civismo, cuando en base al punto 4 de ese mismo artículo 36, hecha la ley, hecha la trampa (“lo dispuesto en el apartado primero se entiende, a su vez, sin perjuicio del régimen de autorizaciones, ... como del que gozan manifestaciones populares debidamente autorizadas, como la Feria, dentro del ámbito de celebración de las mismas”), ha dado permisividad a la práctica del botellón durante cinco días en esta pasada Feria (días 7, 8, 9, 15 y 16), lo que parece ya una costumbre institucional que contradice, además, todas esas proclamas de las consecuencias perversas que el consumo de alcohol en exceso, siempre, y más aún en menores de edad, conlleva, porque no hay que extrañarse de que ese “botellón a la carta” permitido por nuestra autoridad municipal, lo llevan a cabo principalmente hordas de menores de entre 13 y 18 años, porque aunque exista una prohibición tajante de consumo por los mismos, y prohibición de dispensar bebidas alcohólicas igualmente a menores, lo cierto es que se hace la vista gorda y se mira para otro lado, porque ya me dirán Vds. qué control ejerce la policía, sea municipal o nacional, sobre esas, repito, hordas, que, como zombis los ves caminando por las calles cargados de bolsas de plástico, repletas de botellas de alcohol, litronas y mezclas de todo tipo, para desembocar en los aledaños de la Plaza de Toros, pues para averiguar su edad no hay que pedirles el carnet de identidad, sino que su minoría la llevan reflejada en el rostro y en sus fachas. Pero allí convergen miles, con la agravante de incumplir también el punto 3 de la mencionada Ordenanza Cívica (“En cualquier caso, deberán observarse las normas establecidas en esta Ordenanza sobre limpieza y depósito de residuos, estando prohibido arrojar al suelo o depositar en los espacios públicos recipientes de bebidas como latas, botellas, vasos o cualquier otro objeto”). Se ve que la autoridad municipal no se pasea por esos aledaños, una vez terminada la juerga, para concienciarse de que dejan los mismos hechos una auténtica mierda, un verdadero estercolero, un inmenso basurero, de desperdicios, botellas, latas, vómitos, micciones líquidas y sólidas, y un largo etcétera de inmundicia, en cuya limpieza inmediata se afana un batallón de barrenderos y basureros, con el único objetivo de borrar las huellas del crimen, pues ya se sabe, que ojos que no ven, corazón que no siente, dejando, eso sí, un reguero de comas o semicomas etílicos que no se los salta un galgo.

Y no hay que dejar de lado la responsabilidad que en estos hechos y práctica tienen los progenitores de las criaturas, pues son los primeros en poner en entredicho la prohibición del botellón, en aras a que los cubatas en los bares y pubs están muy caros, a lo que habría que argüir, que una persona mayor de edad, tiene derecho a consumir tantos cubatas como le permita el bolsillo, mas a los menores ni una gota de alcohol, por su bien y el bien de la sociedad Y también reseñar que para divertirse no hay que consumir alcohol hasta ponerse hasta el culo y caer víctima de un coma etílico, sin tener en cuenta, además, las molestias que causan a los vecinos circundantes que tienen todo el derecho del mundo a dormir y descansar, tanto si trabajan al día siguiente como si no. Y por lo observado en la actitud de estos menores, el botellón no lo circunscriben a los días permitidos, sino que lo practican toda la Feria entera.

En fin, bien pareciera que la autoridad competente no buscara sino fomentar el alcoholismo, a fin de descerebrar a los jóvenes, buscando en el mañana una docilidad y una sumisión totales e incontestables, al serles extirpada la facultad de pensar y de decidir, manejándolos como una masa de carne con ojos o como un rebaño de corderos aborregados. Si no, no se entiende esa adicción a la permisividad, que, además, oficialmente, se extiende también a otros días, como por ejemplo y por no ir más lejos, el Día de Jueves Lardero.

Parece mentira que nuestros munícipes, que se jactan de ser los más listos y preparados por ser de la capital, no sigan el ejemplo reciente del Ayuntamiento de Fuente Alamo, que recientemente, ha implantado la política de “tolerancia cero” con el “botellón”, medida aprobada por la Junta de Gobierno Municipal para impedir el consumo de bebidas alcohólicas por menores y, además, evitar ruidos y suciedad en la localidad, firmando el Alcalde, Félix Torralba, un bando por el que establece multas que van de los 100 a los 600 euros para las personas que beban alcohol en grupo, en zonas públicas o al aire libre. Y tal es su voluntad de acabar con esta lacra que, al no tener policía municipal ni poder estar la Guardia Civil permanentemente en el pueblo, ha sido contratada seguridad privada. ¡Chapeau, por el Edil de Fuente Alamo! Y a ver si el de aquí toma ejemplo y se pone las pilas, que la tarea de primer regidor de la Capital no se circunscribe única y exclusivamente a abrir y cerrar la puerta de Hierros del Recinto Ferial.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

                   20 de septiembre de 2017