Esta sociedad está enferma (II)

Miércoles, 06 Diciembre 2017 00:26   Miguel Ángel Vicente Opinion
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Ejemplos de “violentación”, quebrantamiento, vulneración, incumplimiento y contravención de las normas, no sólo civiles y penales, sino éticas y morales (siendo éstas las inspiradoras  e impulsoras de aquéllas y, por ende, de originario cumplimiento), están a la orden del día. Uno de ellos, por su inmediatez y su repercusión mediática, es el ocurrido el pasado año, en la madrugada del seis al siete de Julio, en el inicio de las fiestas de los San Fermines, en Pamplona (ciudad y fiesta que encumbró al ámbito mundial, el escritor estadounidense, Ernest Heminway), conocido ya triste y famosamente, por el caso de “La Manada”, presunta violación  múltiple llevada a cabo por cinco jóvenes (más cerca ya de la treintena), hechos y derechos, con plena conciencia y capacidad de obrar, contra una chica de 18 años, a la que introdujeron en un portal de un edificio cualquiera de una calle cualquiera de la capital pamplonica, presunta violación conjunta y grupal, como se ha venido en denominar, como decimos, presuntamente, mientras no haya sentencia firme que lo confirme, pero sobre la que recaen todos los indicios y circunstancias para que así sea. Realmente, es un caso dramático, no sólo por esas circunstancias, cinco hombres, cinco, si es que tales pueden llamarse de esta guisa, más derechos que un poste de los de las líneas telefónicas de antaño junto a las carreteras, en plena juventud de fuerza física y, aparentemente, acaso, poco mental, que se arrojaron como fieras sobre la desvalida muchacha, que no pudo ofrecer resistencia ante un posible mal mayor,  sujetos o individuos cobardes agazapados bajo la presunta avalancha de su actuación en grupo, capaces, en ese presunto anonimato, de las más bestiales y degradantes perversiones de que es capaz el ser humano, y que, al parecer, no es caso único, sino que esta actuación revela junto con los hechos acaecidos en la localidad cordobesa de Torrecampo (abusando dentro de un coche de una joven semiinconsciente) que este era un “modus operandi” de tan maquiavélica y macabra manada. Es evidente, ya de por sí, que el sobrenombre de “manada” repugna por su propio significado (“reunión de animales, domésticos o salvajes”), así como la actitud de éstos de difundir, de inmediato, las imágenes que allí grabaron, por las redes sociales, considerándolas como la prueba fehaciente de su machada, de un triunfo o logro y de un machismo atávico y cavernícola.

Ante lo que se les viene encima a esa manada de cinco imbéciles, tal como los ha calificado uno de los letrados de la defensa, tratando de justificar la acción de los integrantes de la misma, en sus conclusiones: “Mis representados no son modelo de nada, pueden ser hasta unos verdaderos imbéciles, sus conversaciones privadas son de patanes. Pero son buenos hijos, algunos tienen trabajo y otros lo intentan, están unidos a sus familias y amigos. Su imagen ha sido destrozada sin que hayan cometido los delitos de los que se les acusa. No agredieron sexualmente a nadie y no deben estar un día más privados de libertad”. Así se expresaba el defensor de tres de los miembros de la citada “Manada”, Agustín Martínez Becerra, quien, además, criticó los juicios paralelos creados “en los medios, en la calle y hasta en los Parlamentos” y calificó de “escrache” la manifestación que el pasado 22 de Noviembre se convocó ante el Palacio de Justicia de Pamplona durante la declaración de los acusados. Con ello, da por sentado, que la chica de 18 años, que pare él debe ser escoria y miseria, fue la que condujo a esos cinco tíos al portal y la que llevó la iniciativa, y si no fuera así, bien parece que poco le importa lo que presunta e ilegalmente cometieran sus defendidos, echando toda la carne del asador en la balanza de la víctima, a la que se sometió a un escandaloso proceso de vigilancia con el fin de demostrar que la agresión sexual no le hizo mella y que, en definitiva, mutatis mutandi, disfrutó con la misma. En cualquier caso, entiendo que las defensas deben argüir cuantos argumentos y medios estén a su alcance para lograr la absolución, o, en su caso, la menor pena, para sus defendidos, pero me parece escandaloso y denigrante que se sumerjan en procelosos y escabrosos razonamientos o en la simpleza de los mismos para lograr tal fin. De esta guisa, los letrados de la defensa afirmaron que, en la actitud de la víctima, que fue grabada por sus presuntos agresores, “no se ve asco, ni dolor, ni sufrimiento”, y cuestionaron su comportamiento tras los hechos, sin ponderar el más que posible trauma que debió sufrir la misma ante la avalancha de los cinco “imbéciles” que se le venía encima, que le debieron, como mínimo, dejar en estado de “shock”, y dando a entender que tras los hechos acontecidos dicha víctima debiera casi haber quedado hecha una piltrafa y poco menos que haber ingresado en un convento de clausura. Y todo ello, tratando de justificar lo injustificable, pues ya sabemos todos y si no lo sabíamos, ahora lo sabemos, que a los San Fermines se va, no a divertirse sanamente, sino a practicar sexo con un grupo de cinco maromos, con total desenfreno y de una manera pervertida y aberrante: ¿mandarían dichos letrados a sus hijas a padecer el contubernio sexual que defienden? ¿cuál sería su estado de ánimo si una de sus hijas hubiera sufrido en sus carnes la agresión sexual que parecen defender?. Pues bien, deben tener en cuenta estos sujetos y esos letrados, que hasta una puta o furcia, ejerciente del trabajo más antiguo del mundo, tiene derecho a su libertad y a su dignidad y puede ser objeto, igualmente, de una violación, mas la diferencia está entre el querer o no querer, entre el consentir o no consentir. En fin, el juicio ha quedado visto para sentencia y la Audiencia de Navarra ha rechazado poner en libertad a los encausados, tal como habían solicitado sus defensas, aunque uno de los tres Magistrados haya emitido un voto particular a favor de la libertad provisional con medidas cautelares, lo cual hará que esta Navidad, también, la paseen entre rejas estos individuos, cuya imagen no sólo ha quedado destrozada, en palabras ya mencionadas de uno de los defensores, sino que, en caso de haber una sentencia condenatoria, que todo apunta a que la habrá, también habrá quedado destrozada su vida, pero de ello los únicos culpables y responsables habrán sido quienes presumiendo de actuar con total impunidad se han encontrado con la realidad de que no todo el monte es orégano y que no puede uno ir por la vida por libre arrasando todo lo que encuentre a su paso, habiendo demostrado, eso sí, que tienen mucho “sexo”, pero que carecen de un mínimo de “seso”. Lo peor será para sus familias, pero ¿y para la víctima y su familia, qué?.

Más que un santo tiene razón Juan Manuel Parada, cuando expresa, en su columna en ABC, del día 27 de Noviembre pasado que “Es grotesco que una época que aplaude la infestación pornográfica y la sexualidad más pluriforme y animalesca, a la vez que persigue y escarnece las virtudes domésticas, pretenda al mismo tiempo que los hombres vean en las mujeres seres dignos de respeto. Es por completo demente que una época que glorifica el utilitarismo, la soberanía de la nación y la búsqueda constante de goces inmediatos y novedosos pretenda al mismo tiempo castigar las violencias que brotan de las aberraciones que glorifica”. Nada que objetar, a tan verdadero razonamiento, salvo la referencia que hace a la sexualidad “más animalesca”, porque los animales, aun siendo seres irracionales, no caen en esas aberraciones depravadas y denigrantes en las que suelen caer los humanos, con más asiduidad de las que serían deseadas.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

                         6 de diciembre de 2.017