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Las rejas de la discordia

Por Miguel Ángel Vicente
miércoles 16 de marzo de 2016, 08:06h
Miguel Ángel Vicente
Miguel Ángel Vicente

Todos conocemos la expresión “¡ancha es Castilla!”, que según el Diccionario de Refranes, Dichos y Proverbios, de Luis Junceda, era una expresión muy traída y llevada por las gentes del Siglo de Oro, “con la que uno se infunde aliento a sí mismo y anima a otros a obrar libre y desembarazadamente, sin guardar miramientos, o sin reparar en dificultades”, y en este mismo sentido lo apostilla Alberto Buitrago Jiménez, en el Diccionario Espasa de Dichos y Frases Hechas: “se emplea esta expresión para dar a entender que alguien tiene libertad – o se la toma- para hacer lo que le venga en gana, sin límites ni fronteras, como no tiene límites ni fronteras, la grande y ancha tierra castellana”.                   

Pues bien, en este ámbito y contexto habría que incluir la licencia que desde el Consistorio de Albacete se concedió por la Concejalía de Urbanismo al propietario de la Planta Baja del emblemático edificio sito en la capital albaceteña, en las calles Marqués de Molins, conocida como calle Ancha, y la calle Concepción, haciendo chaflán a ambas calles, con el objeto de permitirle retirar las diez rejas metálicas que protegían y embellecían los diez huecos de luz a ambas calles, con la finalidad de adaptar dicho local a las necesidades del negocio a instalar en el mismo por su arrendatario, al parecer, un centro odontológico, que no creo yo que, en mi corto entender sobre el tema de los dientes que se ubican en ambas mandíbulas, exigiesen para dicha instalación el arrancado de las susodichas rejas, que, por cierto, han sido extraídas, cortándolas de sus soportes con sierra, a la manera, quizás, de como se extraía una muela a la antigua usanza, de tal manera que las han dejado inservibles para recolocarlas en cualquier hueco, a no ser que se les haga un implante metálico, y seguimos hablando en términos de odontología, dejando a la indicada planta baja con unas caries de espérame y no te menees.

En este sentido parece incardinarse la actuación de la citada Concejalía de Urbanismo del Excmo. Ayuntamiento de Albacete, que ha propiciado la extirpación de las rejas del emblemático Edificio a que nos venimos refiriendo, casi con nocturnidad y alevosía, privando al mismo de un elemento esencial y connatural con su categoría y catalogación, sustrayendo a los albacetenses parte de su Patrimonio y privándoles del disfrute y goce de una obra artística, artesanal, en una acción que jamás de los jamases debió permitirse por la autoridad municipal, cuyo acto podría incluirse en ese otro clásico dicho de “salga el sol por Antequera, y póngase por donde quiera”, frase con la que se indica, según el Diccionario referido anteriormente del Sr. Alberto Buitrago Jiménez, “que una acción se va a llevar a cabo, pase lo que pase y sean cuales sean sus resultados o sus consecuencias. Se supone que tal frase se originó en el campamento de los Reyes Católicos, instalado en Santa Fe, cuando, pasara lo que pasara, aunque sucediera algo impensable, o sea, salga el sol por Antequera y póngase por donde quiera, se había decidido lanzar al día siguiente el último ataque a la ciudad de Granada. La clave para entender el significado de la frase está en que Antequera, ciudad de la provincia de Málaga, estaba y está al oeste de Granada, o sea, al poniente, por lo que era y es imposible que el sol pudiera y pueda salir por allí”.

Por otra parte, extraña que, la citada Concejalía de Urbanismo, al parecer, no haya solicitado, en su caso, la autorización de la Junta de Propietarios del Edificio en cuestión, ya que las citadas rejas constituyen un ornamento fijo de la fachada del mismo y, consiguientemente, constituyen un elemento común, intocable sin el consentimiento unánime de los propietarios, quienes, además, valga la redundancia, son propietarios de dichas rejas en proporción a su respectiva cuota de participación, y si faltare ese consentimiento, es indudable que la presunta donación (a que nos referiremos más adelante) de dichas rejas, hecha por el propietario del local comercial al Ayuntamiento para pasar a formar parte del Patrimonio Municipal, es radicalmente nula.

Lo cierto es que, al parecer, este caso concreto, como en otros muchos de ingrato recuerdo, sobre actuaciones permitidas por la autoridad competente sobre estas calles y otras de la ciudad de Albacete, han favorecido la desaparición de los pocos vestigios de Patrimonio digno de Protección que albergaba la capital de los albacetenses, dejándola huérfana de Edificios que embellecían la ciudad y que eran el orgullo de la ciudadanía en general, reduciendo a un puñado, que se pueden contar con los dedos de una mano, los Edificios o instalaciones dignas de protección para solaz de los coetáneos y de las futuras generaciones, a las que, impunemente, se les ha hurtado del disfrute y del placer del patrimonio artístico e histórico en que se integran dichos Edificios, los cuales merecían por sus características especiales y por su valor arquitectónico y artístico, una protección integral y una conservación fuera de toda duda en el sentido y para la finalidad indicados.          

Este asunto, ha puesto en pie de guerra y ha motivado la conciencia proteccionista y movilizado, no sólo a los vecinos del propio Edificio en cuestión, sino también a la inmensa mayoría de los ciudadanos de Albacete, amén de las voces autorizadas en materia de Protección del Patrimonio oriundo, a cuya cabeza se ha colocado el reconocido historiador y ex miembro de la Comisión Provincial de Patrimonio, Luis Guillermo García-Saúco Beléndez, quien ha dirigido una misiva al Sr. Alcalde de la Ciudad, dando pelos y señales de la aberración cometida contra el Patrimonio Local, recordando que no solo el Edificio afectado está por entero protegido al ser obra del Arquitecto Julio Carrilero Prat, sino que las rejas arrancadas son obra del más notable artesano, maestro herrero, José Tejados Romero, artífice, además, entre otros trabajos, de la puerta y barandilla del Ilustre Colegio Notarial de Albacete, hoy llamado de Castilla-La Mancha, sito también en la calle Marqués de Molíns, a tiro de piedra del Edificio que nos ocupa, así como de la farola original de la Fuente de las Ranas, la cual, tras su insensata desaparición, en su día, ha sido reproducida por el Ayuntamiento, con más pena que gloria.

Tropelías como esta se han venido sucediendo en nuestra Capital, dando al traste con el escaso Patrimonio digno de Protección que la misma albergaba. Claro, que esto sucede por fiarse de informes de técnicos que debieran asesorarse de personas cualificadas y expertas en esta materia, y no dejarse guiar por la arbitrariedad de sus sensaciones y criterios, que, a las pruebas nos remitimos, en no pocos casos son erróneos y merecedores de repudio, y habiendo seguido esta prevención, que poco costaba, no hubiera ocurrido el desaguisado que estamos analizando, con consecuencias, a veces, de imposible o muy costosa reparación.

Contrasta esta ligereza en la concesión de esta licencia, con la cerrazón que se ha experimentado en otros  casos, y por poner un  ejemplo, me referiré al Edificio sito, también en la Capital de nuestros sinsabores, en la calle de La Feria, número 54, hoy en obras de edificación de nueva planta, pero en el que ha sido obligado guardar y respetar una fachada, en plantas primera y segunda, que, hoy por hoy, carece de cualquier interés artístico para su protección, con la consiguiente incomprensible limitación de alturas, al figurar en el obsoleto Catálogo de Bienes Protegidos del Municipio, con la calificación de Protección de Máximo grado Medioambiental, cuando todos los edificios de igual o análoga naturaleza han desaparecido en esa zona, levantándose en los solares tras su demolición nuevas edificaciones de entre siete, ocho y nueve plantas de altura, lo que pone de manifiesto el grado de discrecionalidad y de arbitrariedad con que se juega desde esa dependencia municipal, quedando la decisión de otorgar o no las licencias solicitadas al albur de que salga la sota de bastos, o del estado de ánimo de quien ha de decidir en informe presuntamente razonado. Yo he vivido en carne propia el caso del que hablo, y la contestación de técnicos y autoridad municipal no salían del “compre vuelo de la antigua Central Contable”, que no sé yo hasta dónde llega el vuelo de esa central, debe ser por lo menos hasta el infinito cielo, pues no se sabe ya cuánto vuelo se ha fugado de la misma para implantarse en otro lugar, que, por lo demás, esto es cachondo, hablando en romance paladino, si tan estricta es la calificación medioambiental y grado de protección del Edificio en calle Feria, número 54, ¿cómo es posible que por arte de birlibirloque, de la noche a la mañana, desaparezcan las restricciones que el Catálogo impone y se pueda levantar un rascacielos comprando vuelo?. Pero, ¿de qué estamos hablando?. En realidad, otra de las contradicciones que se esconden dentro de ese Catálogo y del Plan de Ordenación Urbana, es que el Edificio ubicado a la izquierda del que hablo, chaflán a calle Feria y calle García Más, tiene siete alturas, el edificio ubicado a la derecha, Feria 52, actualmente tiene cinco alturas (en su día era gemelo del de la Feria, número 54) y si sus propietarios decidieran derribarlo hoy podrían levantar un nuevo Edificio de hasta ocho plantas de altura, y, prácticamente, todos los Edificios de la calle de la Feria, a uno y otro lado de la calle, ya están edificados con siete, ocho y nueve plantas de altura. Desde luego, calificar esto de cachondeo me parece corto. En realidad nos encontramos ante una expropiación forzosa, sin indemnización, contraviniéndose todos los principios generales del Derecho que informan el Ordenamiento Jurídico y la propia Constitución Española. La lógica, la razón, la sensatez y sentido común en este caso, exigía, que en el supuesto de nueva edificación, aparte de “la chuminá” de conservar o no la fachada, alcanzar la altura actual o posible futura altura de los inmuebles colindantes. Cabe recordar, también, el caso del antiguo Colegio de Salesianos, que de ser de protección integral y absoluta, lo que impedía mover ni siquiera una piedra, de la noche a la mañana y por la precipitación de destinar su solar a la ubicación de la llamada Ciudad de la Justicia, fue descalificado y derruido de inmediato, no quedando piedra sobre piedra y en espera del parto de los montes.

Mas volviendo al tema de las rejas, desde el Consistorio se nos ha querido vender la moto o la burra, que tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando, pues ante el revuelo que el arranque de las citadas rejas ha levantado en la ciudadanía y sigue levantando, ante las razones alegadas para su irregular desprendimiento del Edificio en cuestión, se ha tratado de remediar el dislate y contra-reloj se ha buscado la solución de la donación de las rejas por su propietario al Patrimonio Municipal, con la condición de que se ubiquen en un lugar público o en algún Museo de la Ciudad, lo que suena a tomadura de pelo, a querer hacer tragar carros y carretas, cuando no piedras de molino, a los ciudadanos, pues qué duda cabe que el mejor Museo donde debieran estar las rejas es el lugar de donde nunca debieron ser arrancadas, y por ese grado de Protección total del Edificio en que se ubicaban, en realidad, ya eran Patrimonio de todos los albaceteños.

Todo este trasiego de irresponsabilidades, de sinrazones, de premuras, y de nerviosismo para tapar el hedor de un acto nefasto, que podríamos calificar de vandálico, y los casos que, entre otros muchos, he comentado anteriormente, nos deja en la duda de si existe una doble vara de medir con el resultado de un desigual trato según sea el ciudadano afectado en cada caso, estableciendo categorías de primera y de segunda entre dichos ciudadanos.

Desde luego, es impresentable que la máxima autoridad municipal haya salido por peteneras, al asegurar que respeta las 1.500 firmas que, a través, de una plataforma digital, solicitan que las rejas vuelvan a su lugar de origen, reconociendo que ahora no hay posibilidad y que hay “170.000 albacetenses que no se suman a esta petición”. Mear fuera del tiesto también llamado.

Poner de relieve que la Concejal del Grupo Municipal Socialista, Marisa Sánchez, pidió al Alcalde de la ciudad que escuche a la ciudadanía y a su sentido común, pues “los elementos patrimoniales protegidos deben estar en su emplazamiento originario y solo en el caso de que no fuera posible, por alguna afección que pusiera en peligro su conservación, deberían ser trasladado a otros espacios”; así mismo el Concejal no adscrito, Pedro Soriano, destacó al efecto que “es complicado instalar en otro inmueble unas rejas a medida o exhibirlas en un Museo por su magnitud, por lo que tal vez se queden olvidadas en un almacén. Su naturaleza está en el local del que proceden”.

En fin, un acto más demostrativo de la desidia municipal, otra patata caliente para el Consistorio que, una vez más, parece haber quedado con el culo al aire y huérfano de argumentos fiables para defender lo indefendible. Así se destruye, poco a poco, paso a paso, los escasos valores patrimoniales que quedan vivos en la Nueva York de la Mancha, según calificación otorgada, por el insigne literato de Don José Martínez Ruiz, “Azorín”, a la ciudad de nuestros amores.

MIGUEL-ÁNGEL VICENTE MARTÍNEZ

  16 DE MARZO DE 2016

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