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La izquierda errática

Por Miguel Ángel Vicente
miércoles 13 de abril de 2016, 05:17h
Miguel Ángel Vicente
Miguel Ángel Vicente

De momento, y si un milagro no lo remedia, no habrá un Gobierno de Progreso o de Cambio, que es lo que la ciudadanía había encomendado a sus candidatos electos en las Elecciones Generales del pasado 20 de Diciembre, al que parecíamos abocados después del Gran Pacto a que fueron capaces de llegar Pedro Sánchez y Albert Rivera, o sea, el Partido Socialista Obrero Español y Ciudadanos, basado fundamentalmente en la regeneración democrática y la lucha contra la corrupción  y el rescate de los servicios y prestaciones sociales, que sufrieron un gran desgaste tras los recortes y los ajustes bestiales llevados a cabo por el Partido Popular en su cuatrienio de Gobierno con mayoría más que absoluta. Una pena, ya que los dos partidos citados, PSOE y C’s, habían hecho un gran esfuerzo por poder llegar a un consenso más generalizado que permitiese ese nuevo Gobierno, libre de las ataduras del pasado, ligadas fundamentalmente a la corrupción sistemática desde el primer minuto de la reinstauración de la democracia y así hasta nuestros días y eso que no sabemos y, quizás nunca sabremos, el verdadero alcance de esa corrupción política, institucional, que ha llevado a los ciudadanos a desconfiar de todos los políticos, convirtiéndose este término poco menos que en sinónimo de “ladrón y sinvergüenza”, es decir, que sólo estamos asistiendo a la punta del iceberg, sin saber lo que se esconde tras las siete partes sumergidas del mismo, mas la sospecha y haciendo un cálculo a bote pronto o a ojo de buen cubero, nos conducirían a cifras de escándalo que sobrepasarían las más negras expectativas pensadas, y si no, ahí están a la vista, como último gran fraude los llamados papeles de Panamá, bajo los que se esconden quienes, quizás, nunca nos enteremos de los que son, por muy mucho que desde el Ministerio de Hacienda, con su Ministro, en funciones, Cristóbal Montoro, anuncie poco más o menos que habrá un Sodoma y Gomorra para los implicados, lo que no deja de ser sino una mera machada para intentar contentar a cuantos ingenuos e infelices sean capaces de creerse las bravatas de nuestro citado Ministro y a fin de que sigamos  pasando religiosamente por la Caja Pública de Caudales a ingresar hasta el último aliento de vida que nos quede.

Pues bien, cuando se anunció una mesa a tres bandas, a la que se sentarían el PSOE, Ciudadanos y Podemos, parecía que, en algún momento, podría abrirse paso ese Gobierno de Progreso o de Cambio, quedando el intento hecho añicos por la petulancia, arrogancia y soberbia de un líder (eso se cree él), cual es el tal Pablo Iglesias, endiosado, que creyéndose el nuevo Mesías (¡Ay, que pretensiones!) creía llegado el momento de encaramarse al nuevo Gobierno y así, por arte de birlibirloque, manejar la agenda y los tiempos de los otros dos partidos, con unas exigencias propias de un párvulo, de un neófito, de un ingenuo, al que, desde luego, le faltan muchos mimbres siquiera para ser el Ordenanza de cualquier Ministerio, y que pretendía entrar a saco en ese nuevo Gobierno, imponiendo los cargos que quería repartirse entre su panda, por  creerse los más guapos del universo, y considerándose con derecho a decidir, unilateralmente, sobre el futuro de los españoles, precisamente, quienes en el tiempo que llevan gobernando por sí solos o en coalición en Ayuntamientos o Autonomías, no hayan dado muestras de más ineptitud que aptitud, de más demagogia que realidad, de más inepcia que preparación para gobernar “la cosa pública” y los asuntos derivados de la misma, al menos, con una cierta sapiencia, con un mínimo de sabiduría, sensatez y sentido común. Y a la prueba me remito, con los enormes ridículos y desbarres y traspiés de que hemos sido testigos y seguiremos siéndolo,  en Barcelona (con Ada Colau), en Cádiz (con Kichi), en Madrid (con Carmena, ¡Ay, Carmena!), y en el día a día de la coalición, con el punto de inflexión que supuso la destitución, “manu militari” del Secretario de Organización de Madrid, Sergio Pascual, por el Secretario General, Pablo Iglesias, que para tapar el hedor que evaporaba su acción, corrió a sustituirle por Echenique, un pobre hombre, que, en su día, también fue defenestrado por el Secretario General, y ahora se cree el rey del mambo hasta que de nuevo le dé un aire a Iglesias y lo mande a donde no es educado citar el nombre. Y qué decir de Errejón, el niñato que jamás dejará de serlo, que si la cara es el reflejo del alma, desde luego, no hay quien le quite el aire que denota y pegado al Secretario obediente como un cordero, que ya sabemos que en Podemos se están poniendo de manifiesto todos los peores defectos de lo que ellos socarronamente han venido llamando “la casta” (por cierto, que ahora que ellos son también casta no se refieren a ella despectivamente como antaño), tales como “el ordeno y mando” y sospechosos, además,  de financiación ilegal: ¿alguien da más?.

En definitiva, que nos hallamos ante personajes que jamás se han manchado las manos trabajando, paridos entre algodones por la Universidad, y entrenados en tertulietas televisivas hechas a medida de los tertulianos. Y por si fuera poco, ahí tenemos a Alberto Garzón (IU) cuyo único discurso se basa en etiquetar a Albert Rivera y su partido, Ciudadanos, de “la derecha”, ya que, desde luego, parece que poco más tiene el discurso de una Izquierda Unida que apenas ha sacado representación parlamentaria (dos escaños) y también llegó a soñar con, al menos, un sillón ministerial.

En fin, repito, un Gobierno de Progreso y de Cambio, conformado por Pedro Sánchez y Albert Rivera, o sea, el PSOE y Ciudadanos, que si Dios no lo remedia y ocurre un milagro de última hora, se irá al traste por la actitud indolente, irresponsable e injustificable, no ya de Podemos, sino de su Secretario General, Pablo Iglesias, quien se creyó la piedra angular para dicho Gobierno, y que parece tener una gran empanada mental, locución con la que “figuradamente se da a entender que alguien, como resultado de abrigar ideas confusas e informaciones mal digeridas, adolece de desorden intelectivo y turbiedad conceptual”, según expresa el Diccionario Espasa de Refranes, Dichos y Proverbios, de Luis Junceda.

En el pecado llevarán la penitencia, ya que unas nuevas elecciones les pasarán factura, como ya vaticinan algunos sondeos, por su falta de cintura y por creerse los reyes del mambo y reinar en el Olimpo: ¿hasta alcanzar el cielo?, o ¿bajar a los infiernos?

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

  13 de abril de 2016

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