De vileza y mezquindad

Por Miguel Ángel Vicente
miércoles 29 de mayo de 2019, 05:12h

O lo que es lo mismo una persona vil o mezquina. Según el Diccionario de Uso del Español de María Moliner el adjetivo vil es definido de la siguiente manera: "Aplicado a personas y, correspondientemente, a sus acciones, palabras, etc., es el calificativo que envuelve mayor desprecio; implica maldad junto con alguna de las agravantes de cobardía, falsedad, servilismo, ingratitud o cualquier otra que signifique falta de nobleza". Y ejemplifica: "Es un hombre vil, capaz de engañar a su mejor amigo. Es una acción vil atacar al enemigo indefenso". Y es esa falta de nobleza, o lo que es lo mismo, de honradez, de honestidad, de sinceridad, de desinterés, de altruismo, de lealtad y de generosidad, lo que se traduce en esas agravantes que indica el diccionario: "cobardía” (miedo, temor, pusilanimidad, amilanamiento, apocamiento, cortedad, canguelo), "falsedad" (engaño, mentira, embuste, inexactitud, calumnia, chisme, infundio, ardid, dolo, timo), "servilismo" (esclavitud, peloteo, adulación, zalamería, lisonja, sumisión, apocamiento), "ingratitud" (deslealtad, infidelidad, olvido, desapego, desafección, desagradecimiento). E igualmente, en ese ejemplo que transcribe el Diccio-nario antedicho, caben otras fórmulas, tales como: "Es un hombre vil, capaz de vender su alma al diablo o capaz de vender hasta su padre". Definiéndose el término "vileza", según el propio Diccionario antes mentado como "Cualidad de vil".

Pues bien, dentro de esos parámetros referidos anteriormente, pueden encuadrarse las manifestaciones atronadoras realizadas por el líder de Podemos (me niego en rotundo a mencionar el partido según quieren, anteponiendo "unidas", que raya en el ridículo más espantoso y que define la filosofía del partido, si es que la tiene, de ser una mera fachada, un mero formalismo, para inducir a los desavisados para loar y alabar sin límite a su cabeza), Pablo Iglesias, respecto a las donaciones que el empresario Amancio Ortega, viene realizando, regularmente, creo que desde el año 2.015, a través de su fundación, a la Sanidad Pública Española, en forma de instrumental y maquinaria, de última generación, para paliar los efectos nocivos, e incluso, detenerlos, en los pacientes afectados por esa enfermedad monstruosa que constituye el cáncer, verdadera peste de la realidad social actual y en cuya investigación se llevan años tratando de poner freno a tan nefasta como cruel y traumática enfermedad, en los cuales se han dado avances significativos, pero que, en realidad, aún parece que queda un largo trecho por recorrer, para evitar que esta mortal, en muchos casos, enfermedad, siga campando por sus respetos.

Y, en estas, viene el Pablo Iglesias y por arte de birlibirloque, quizás envalentonado y animado a ser el más agresivo en busca del voto en las elecciones del pasado domingo (por cuyos resultados, batacazo total, puede inferirse que esta actitud le ha pasado factura), se descuelga con una crítica acibarada y feroz contra el magnate de Inditex, poniéndole de hoja perejil, y proclamando que la Sanidad Española no necesita “de bienhechores” como el tal Amancio Ortega, al que acusa de querer calmar su conciencia con las donaciones de marras, sin saber, ni para qué, de la misa la mitad y metiéndose en camisa de once varas, sobre lo que el tal empresario debería o no pagar vía impuestos, arrogándose un tono guerracivilista, propio del sujeto que nos ocupa, que se cree la reencarnación de un líder propio de la Revolución Bolchevique de 1.917, ladrando, más que hablando, por lo que le es de aplicación el refrán, dicho o proverbio del refranero español (tan certero, como, casi siempre, tan puñetero) que santifica: "Ladran, luego cabagamos", o sea, que si a este individuo le escuecen estos hechos, donaciones altruistas, es que hemos dado en el clavo y debemos seguir, impertérritos, nuestro camino, sin dudarlo siquiera un segundo y haciendo oídos sordos a esas soflamas que no significan sino vómitos de un desaprensivo, nervioso por el rumbo que está tomando su partido y es que, aunque é1 se crea lo contrario, el pueblo no es tonto y ya le está viendo el plumero, bastando como ejemplo el casoplón que se ha amañado, para aislar a sus hijos del populacho, que él defiende a capa y espada, con la agravante de utilizar medios públicos, Caseta de la Guardia Ci¬vil Caminera, a las puertas de su citado casoplón, para que nadie moleste al nene ni a la nena, contraviniendo todos los principios, si es que tiene alguno, de su filosofía, porque es fácil colegir que de Amancio Ortega ansíe su fortuna, para seguir con el rumbo de vida que parece que le gusta.

Y choca, esta salida de pata, en un campo tan sensible como el que hemos indicado, el cáncer, enfermedad que ya sólo nombrarla asusta, y que sume en la desesperación y el abatimiento tanto a quien se ve afectado por ella, como a sus familiares y entorno, a los que, en un segundo, cambia la vida. Por ello, es de necios, de insensatos, de miserables, de viles, de malas personas, en definitiva, demonizar contra el bienhechor, simplemente por ser vos quien sois, pague o no sus impuestos en la medida y cantidad que estime y considere oportuno, a bote pronto, el líder podemita. Y bienvenidas sean tales donaciones y las que vengan, o si no que se lo pregunten a quienes sufren en sus carnes la afección de tan corrosiva enfermedad, que ven un alivio en su mal y se les abre el cielo de par en par ante una posible curación, gracias a la tecnología punta a la que pueden someterse derivadas de esas vilipendiadas donaciones. Y es que, de esos rebuznos del Sr. Iglesias contra Don Amancio (y ojalá hubiera muchos como é1, me refiero a éste último), no se desprenden sino una inquina, un odio, una aversión, una animadversión, una animosidad exacerbadas, contra el donante, simplemente, por ser rico. Más le valiera a tan insigne bocazas mirarse al espejo y reflexionar sobre la adquisición de su casoplón y en la utilización, gratis et amore, de la Guardia Civil Caminera, a costa de toda la ciudadanía, cual guardia pretoriana permanente, y esto no se lava con un referéndum como el que convocó sobre su persona en el propio partido, queriendo que los trapos sucios se los laven otros.

Por otra parte, hay que reseñar, que estando en este país, aún hoy a duras penas, llamado España, no es de extrañar que las ramas no nos dejen ver el bosque, y que la maraña administrativa y burocrática suponen un hándicap, si no insalvable, sí de ralentización, de la puesta en marcha de los aparatos que sufraga Don Amancio, ya que, a día de hoy, cerca de la mitad de esos aparatos, aún no se han instalado debido a trabas administrativas, lo que debe suponer también un toque de atención para el entramado administrativo, que, por regla general, en vez de facilitar la vida a los españoles, no hace sino poner palos en las ruedas del carro, para que esto no funcione con normalidad y como debería ser y es en cualquier parte del mundo civilizado. Pero, ¡amigo, con la Administración hemos topado!

Y como recordatorio para el hombre vil y mezquino, que se patentiza en este caso, recordarle a Pablo Iglesias, que esas "limosnas”, como despectivamente llama a las donaciones de Don Amancio, convertidas en mamógrafos digitales, resonancias magnéticas, aceleradores lineales, braquiterapia y un largo etc., suponen facilitar el diagnóstico y el tratamiento del cáncer en los hospitales públicos, mejorando la vida de los pacientes y alargando su vida.

MIGUEL-ÁNGEL VICENTE MARTINEZ

29 de Mayo de 2.019

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